27 Marzo 2003 Seguir en 
WASHINGTON.- Unos 1.000 paracaidistas del ejército estadounidense descendieron anoche en territorio kurdo autónomo para abrir el frente norte de la invasión a Irak.
Tropas de la 173ª Brigada Aerotransportada, con base en Aviano, Italia, capturaron una pista de aterrizaje para asegurar el descenso de aviones de transporte con tanques y soldados, y construir una base de gran importancia para la coalición que lidera Estados Unidos en su ofensiva contra el régimen de Saddam Hussein.
La llegada de paracaidistas a la zona se debe a la negativa de Turquía a autorizar el despliegue de 62.000 soldados para abrir desde allí un frente norte, complementario a la gran ofensiva lanzada por las fuerzas anglo-estadounidense desde el sur.
Los paracaidistas tienen también la misión de ayudar a estabilizar la situación en el Kurdistán iraquí y controlar los movimientos militares de Turquía, que, pese a su alianza con EE.UU., amenaza con sus propias tropas al norte del país por temor a que la minoría kurda aproveche la situación para declarar su independencia.
Grupos de fuerzas especiales estadounidenses ya vienen trabajando con las fuerzas kurdas desde antes de que comience la guerra, preparando el terreno para una invasión. Esta región cuenta con importantes pozos petrolíferos cerca de las ciudades nórdicas de Kirkud y Mosul, que Washington intenta proteger.
Mientras fuertes combates estallaron en el sur del país, unos 30 civiles iraquíes murieron en una calle de un distrito residencial Bagdad durante otra jornada de intensos bombardeos. El Pentágono dejó abierta la posibilidad de que una bomba o un misil pudieran haberse desviado.
En el sur de Irak, aprovechando la continuidad de una tormenta de arena que dificulta la labor de los pilotos aliados, fuerzas de la Guardia Republicana emprendieron un doble y sorprendente contraataque. La acción se concentra 100 kilómetros al sur de Bagdad y cerca de Basora. Marines y tropas británicas enfrentaban a las columnas iraquíes. (DPA-Reuter-TELAM-Especial)
Tropas de la 173ª Brigada Aerotransportada, con base en Aviano, Italia, capturaron una pista de aterrizaje para asegurar el descenso de aviones de transporte con tanques y soldados, y construir una base de gran importancia para la coalición que lidera Estados Unidos en su ofensiva contra el régimen de Saddam Hussein.
La llegada de paracaidistas a la zona se debe a la negativa de Turquía a autorizar el despliegue de 62.000 soldados para abrir desde allí un frente norte, complementario a la gran ofensiva lanzada por las fuerzas anglo-estadounidense desde el sur.
Los paracaidistas tienen también la misión de ayudar a estabilizar la situación en el Kurdistán iraquí y controlar los movimientos militares de Turquía, que, pese a su alianza con EE.UU., amenaza con sus propias tropas al norte del país por temor a que la minoría kurda aproveche la situación para declarar su independencia.
Grupos de fuerzas especiales estadounidenses ya vienen trabajando con las fuerzas kurdas desde antes de que comience la guerra, preparando el terreno para una invasión. Esta región cuenta con importantes pozos petrolíferos cerca de las ciudades nórdicas de Kirkud y Mosul, que Washington intenta proteger.
Mientras fuertes combates estallaron en el sur del país, unos 30 civiles iraquíes murieron en una calle de un distrito residencial Bagdad durante otra jornada de intensos bombardeos. El Pentágono dejó abierta la posibilidad de que una bomba o un misil pudieran haberse desviado.
En el sur de Irak, aprovechando la continuidad de una tormenta de arena que dificulta la labor de los pilotos aliados, fuerzas de la Guardia Republicana emprendieron un doble y sorprendente contraataque. La acción se concentra 100 kilómetros al sur de Bagdad y cerca de Basora. Marines y tropas británicas enfrentaban a las columnas iraquíes. (DPA-Reuter-TELAM-Especial)







