Romper la frialdad

La elección presidencial no sacudió la indiferencia.

27 Marzo 2003
Por Carlos Abrehu

La discusión pública sobre cuál puede ser el eje opositor más eficiente al mirandismo abrió un espacio de conflicto a 94 días de las elecciones provinciales del 29 de junio.
En realidad, ese debate se hallaba pendiente desde el año anterior y se actualizó, de pronto, en los últimos días del verano. Al estar delimitado el calendario electoral, se intensificaron los movimientos de las fuerzas políticas y los roces. El período de las indefiniciones empieza a acortarse.
La cuestión está lejos de ser analizada en la esfera académica, pues implica la admisión de la existencia de más de un proyecto de poder en estado latente, con intereses en colisión. Ricardo Bussi destapó la olla en Concepción cuando aseveró que la entrada en la política de Esteban Jerez dividiría al campo antimirandista. Días antes, en derredor del fiscal anticorrupción, se dejó trascender que este no avalaba una combinación política que incluyera al diputado Bussi como postulante a vicegobernador y a su padre, para intendente de esta capital. No está dentro de sus planes entrar en contradicción con lo que hizo en la Fiscalía Anticorrupción, ya que anteriormente había investigado al ex gobernador Antonio Bussi en una causa por gastos reservados. La divergencia de enfoques sobre el camino a recorrer sería insalvable.
El dato revela la inquietud que generaría la irrupción de un outsider (un intruso) en algunas franjas de políticos profesionales. Otros dirigentes que tampoco están identificados con el oficialismo comparten ese estado de ánimo, pero, por ahora, prefieren mantenerse en silencio. La aún hipotética candidatura de Jerez preanuncia una puja de posiciones, que se agudizaría en abril.
Cuanto más dispersa esté la oposición, mejor parado se hallará el oficialismo. Esta proposición, sin embargo, se relativiza porque el partido gobernante también está fracturado.
La línea más cercana de enfrentamiento es la de las fórmulas presidenciales. Menemistas compiten con kirchneristas, mientras espera turno el combate por la gobernación. Néstor Kirchner vendrá mañana de paso a un encuentro regional de profesionales.
El gobernador santacruceño está desarrollando una prédica de dura polarización con Carlos Menem, alguien que cuenta con sólidos anclajes en los aparatos partidario y gubernamental de Tucumán.
La tarea de persuasión del candidato de Eduardo Duhalde está enderezada a desplazar a Adolfo Rodríguez Saá de la escena, dentro del mundo peronista. De ese modo, todo se ceñiría a la pelea con el riojano, que pretende ser presidente por tercera vez. La aparición del sanluiseño por Tucumán, en la primera semana de abril, trataría de romper esa tenaza política.
Esos juegos de poder, a un mes exacto de los comicios presidenciales, no impresionaron a la ciudadanía. La superposición de la crisis socioeconómica con el impacto mediático de la guerra en Irak alejaron de la atención general a un acto de relevancia como es la elección del sucesor de Duhalde.
A eso se adiciona el desencanto con el comportamiento de los actores de la política, que alguna vez empujó el reclamo de que se vayan todos del Congreso, de la Casa Rosada y de la Corte Suprema de Justicia. Se tocó fondo, pero la precaria estabilización de la economía enfrió el malestar.
En Tucumán, el relevo del personal político será total porque no se cambió la Constitución de 1990. Los reacomodamientos que causa el impedimento de la reelección se dibujarán en las listas de candidatos a intendentes y en los sublemas de legisladores. La regla parece ser que nadie se pierde, sino que se reubica en las estructuras políticas.

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