01 Diciembre 2009 Seguir en 
Una mezcla de sensaciones invade la voz de Liliana Argañaraz. A las expectativas de cara al juicio por el homicidio de su hermana Angela Beatriz Argañaraz se le suma la certeza de que revivirá sentimientos amargos durante la rememoración del episodio. A la vez, siente que el proceso, que arrancará mañana, comenzará a echar luz sobre la oscuridad que rodea a la desaparición de Betty.
Debido a ello, prefirió no polemizar con Luis Fernández, uno de los tres acusados de haber asesinado a la docente. Este, durante una charla con LA GACETA, había insistido con su inocencia, y había afirmado que detrás de su imputación se escondían cuestiones políticas. "No tengo mi cabeza en estas chicanas. Nuestra visión, nuestros objetivos, nuestro corazón y cabeza están en el debate oral", respondió Argañaraz. Y desechó que el Gobierno actúe por afinidad hacia su familia. "El Ministerio del Interior no ofreció una recompensa porque le hayamos caído bien, sino porque es su obligación", dijo.
Betty desapareció el 31 de julio de 2006. Ese día salió de su casa de El Manantial para ir al colegio Padre Roque Correa, donde iba a asumir como directora. Testigos dijeron que tomó un colectivo cerca de su casa y que se bajó en la zona del ex Abasto. Luego, tomó un remise hasta Catamarca primera cuadra, donde vivían las otras dos imputadas en la causa, Susana Acosta y Nélida Fernández (hermana de Luis). La fiscala Adriana Giannoni determinó que Betty entró al departamento y que las acusadas la mataron a golpes y luego se deshicieron del cuerpo. Según la funcionaria judicial, Luis Fernández también participó del hecho. Nunca se encontró el cadáver.
Argañaraz no tiene dudas respecto de la culpabilidad de los imputados. "Dentro del departamento de estas mujeres se halló sangre de Betty. Quedó claro que fue por la ambición de poder, de quienes estaban acostumbradas a manejarlo. Deben responder en todos los ámbitos, principalmente en el judicial", dijo.
Considera que el momento de mayor tensión del juicio estará marcado por la expectativa en torno de las eventuales intervenciones de las ex novicias, que hasta el momento no declararon. Aunque no es optimista. "Todos esperan el momento en que ellas tengan la ocasión de hablar; pero dudo que lo hagan", dijo. Argañaraz sabe que el fin del juicio puede depararle algo de tranquilidad, pero que la paz definitiva llegará cuando halle a su hermana. "Lo único que queremos es encontrar a Betty; darle el descanso que merece y que la familia también tenga paz. Sé que reviviré momentos difíciles durante el debate, y va a ser muy duro, pero estamos preparados para estar ahí cada día de la audiencia", aseveró.
Debido a ello, prefirió no polemizar con Luis Fernández, uno de los tres acusados de haber asesinado a la docente. Este, durante una charla con LA GACETA, había insistido con su inocencia, y había afirmado que detrás de su imputación se escondían cuestiones políticas. "No tengo mi cabeza en estas chicanas. Nuestra visión, nuestros objetivos, nuestro corazón y cabeza están en el debate oral", respondió Argañaraz. Y desechó que el Gobierno actúe por afinidad hacia su familia. "El Ministerio del Interior no ofreció una recompensa porque le hayamos caído bien, sino porque es su obligación", dijo.
Betty desapareció el 31 de julio de 2006. Ese día salió de su casa de El Manantial para ir al colegio Padre Roque Correa, donde iba a asumir como directora. Testigos dijeron que tomó un colectivo cerca de su casa y que se bajó en la zona del ex Abasto. Luego, tomó un remise hasta Catamarca primera cuadra, donde vivían las otras dos imputadas en la causa, Susana Acosta y Nélida Fernández (hermana de Luis). La fiscala Adriana Giannoni determinó que Betty entró al departamento y que las acusadas la mataron a golpes y luego se deshicieron del cuerpo. Según la funcionaria judicial, Luis Fernández también participó del hecho. Nunca se encontró el cadáver.
Argañaraz no tiene dudas respecto de la culpabilidad de los imputados. "Dentro del departamento de estas mujeres se halló sangre de Betty. Quedó claro que fue por la ambición de poder, de quienes estaban acostumbradas a manejarlo. Deben responder en todos los ámbitos, principalmente en el judicial", dijo.
Considera que el momento de mayor tensión del juicio estará marcado por la expectativa en torno de las eventuales intervenciones de las ex novicias, que hasta el momento no declararon. Aunque no es optimista. "Todos esperan el momento en que ellas tengan la ocasión de hablar; pero dudo que lo hagan", dijo. Argañaraz sabe que el fin del juicio puede depararle algo de tranquilidad, pero que la paz definitiva llegará cuando halle a su hermana. "Lo único que queremos es encontrar a Betty; darle el descanso que merece y que la familia también tenga paz. Sé que reviviré momentos difíciles durante el debate, y va a ser muy duro, pero estamos preparados para estar ahí cada día de la audiencia", aseveró.
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