10 Noviembre 2009 Seguir en 
MAR DEL PLATA (de nuestro enviado especial, Juan Carlos Di Lullo).- En la pantalla del cine, Chico Buarque canta "O que será, que será" y Vadinho enloquece a Doña Flor mientras el doctor Teodoro toca el fagot. A pocos metros de allí, en una mesa en la vereda de la diagonal Pueyrredón, José Wilker (quien hace más de 30 años le prestó su cuerpo y su voz a Vadinho para que repitiera en el cine la historia imaginada por Jorge Amado) disfruta de la brisa marplatense y paladea una cerveza mientras conversa con LA GACETA. Explica con sencillez el éxito de "Doña Flor y sus dos maridos": "yo creo que lo más importante es que una película sea un éxito nacional; si quieres hablar del mundo, habla de tu aldea, habla de tu provincia, habla de tu hermano", parafrasea. Y amplía el concepto: "lo que pasó con este éxito y con muchas otras películas que fueron éxitos internacionales es que primero fueron un éxito en Brasil". Wilker asegura que lo mismo pasa con el cine argentino y cita como ejemplos a "El abrazo partido", "El hijo de la novia" o las películas de Leopoldo Torre Nilsson, a las órdenes de quien actuó. El actor, crítico y próximamente director brasileño no cree que los realizadores latinoamericanos tengan que trabajar con las expectativas puestas en las distinciones internacionales. "El mejor premio que una película puede ganar es el amor de su público, el amor de la gente que habla su idioma", asegura.
La charla gira hacia el aspecto industrial de la actividad cinematográfica. "Yo creo que lo que debe ser más fuerte en la industria del cine son las ideas, no el dinero", sostiene.
Wilker está seguro de que se puede hacer una película con casi nada, pero está igualmente convencido de que no se puede filmar sin ideas, sin guiones. Contrapone el panorama que puede apreciarse en Estados Unidos de Norteamérica -donde la visión predominante es el negocio cinematográfico- con la realidad de otros países, en los que la filmografía nativa está ganado terreno a pasos agigantados. Pone como ejemplo a Corea, con el 60% del mercado en manos del cine nacional, o India y hasta el mismo Brasil, en donde actualmente la porción que abarca el cine nacional alcanza el 25 % en contraposición de cifras insignificantes hace un par de décadas. "Yo creo que esto cambió porque tenemos buenas ideas; se puede hacer una película con 150 millones de dólares y puede terminar en un fiasco, mientras que hay ejemplos, como el de "El proyecto de la bruja Blair", que prácticamente no tuvo costo y fue la más exitosa de la historia desde el punto de vista comercial", explica. Responde afirmativamente cuando se le pregunta si es por eso que Hollywood busca afanosamente abastecerse de guiones originales de otras filmografías: "están como locos buscando ideas; vengo de un festival que se realizó en Río de Janeiro en el que he sido testigo de reuniones de representantes de Paramount, de Columbia, de Buena Vista, que están buscando ideas para hacer que el público vuelva al cine", cuenta. "Creo que un festival como el de Mar del Plata sirve para mostrar películas que responden a distintas direcciones y eso es muy importante" remata.
Wilker está seguro de que uno de los problemas más grandes en la industria cinematográfica latinoamericana está en la distribución. Cuenta que en Brasil, las salas de exhibición no llegan a 3.000, con lo que es muy difícil que una producción logre recuperar costos y dejar ganancias. El actor cree que los esfuerzos de los gobiernos tienen que estar orientados no sólo a facilitar la producción de las películas a través de préstamos y subsidios, sino que también debe buscarse una solución al problema de las limitaciones en la exhibición de los filmes. "Las películas deberían usar a los festivales como punto de partida, pero muchas de ellas limitan su vida a ese circuito; se llenan de premios, pero la verdad es que poca gente llega a verlas", grafica.
Anécdota
Pocos minutos después, José Wilker va a ser recibido con una cálida ovación por el público que ha asistido a la proyección de "Doña Flor y sus dos maridos", y va a pedir disculpas por las imperfecciones de su español, a pesar de que su manejo del idioma es más que aceptable. Va a sorprender a la platea al explicar que lo aprendió en el cine, viendo películas; "como tantas otras cosas en mi vida", redondeará. Y va a cerrar con una anécdota simpática: "cuando llegué a Londres, yo pensé que sabía hablar en inglés, pero allí me di cuenta de que lo que yo hablaba era "gangster", porque lo había aprendido en ese tipo de películas, que me gustaban mucho".
La charla gira hacia el aspecto industrial de la actividad cinematográfica. "Yo creo que lo que debe ser más fuerte en la industria del cine son las ideas, no el dinero", sostiene.
Wilker está seguro de que se puede hacer una película con casi nada, pero está igualmente convencido de que no se puede filmar sin ideas, sin guiones. Contrapone el panorama que puede apreciarse en Estados Unidos de Norteamérica -donde la visión predominante es el negocio cinematográfico- con la realidad de otros países, en los que la filmografía nativa está ganado terreno a pasos agigantados. Pone como ejemplo a Corea, con el 60% del mercado en manos del cine nacional, o India y hasta el mismo Brasil, en donde actualmente la porción que abarca el cine nacional alcanza el 25 % en contraposición de cifras insignificantes hace un par de décadas. "Yo creo que esto cambió porque tenemos buenas ideas; se puede hacer una película con 150 millones de dólares y puede terminar en un fiasco, mientras que hay ejemplos, como el de "El proyecto de la bruja Blair", que prácticamente no tuvo costo y fue la más exitosa de la historia desde el punto de vista comercial", explica. Responde afirmativamente cuando se le pregunta si es por eso que Hollywood busca afanosamente abastecerse de guiones originales de otras filmografías: "están como locos buscando ideas; vengo de un festival que se realizó en Río de Janeiro en el que he sido testigo de reuniones de representantes de Paramount, de Columbia, de Buena Vista, que están buscando ideas para hacer que el público vuelva al cine", cuenta. "Creo que un festival como el de Mar del Plata sirve para mostrar películas que responden a distintas direcciones y eso es muy importante" remata.
Wilker está seguro de que uno de los problemas más grandes en la industria cinematográfica latinoamericana está en la distribución. Cuenta que en Brasil, las salas de exhibición no llegan a 3.000, con lo que es muy difícil que una producción logre recuperar costos y dejar ganancias. El actor cree que los esfuerzos de los gobiernos tienen que estar orientados no sólo a facilitar la producción de las películas a través de préstamos y subsidios, sino que también debe buscarse una solución al problema de las limitaciones en la exhibición de los filmes. "Las películas deberían usar a los festivales como punto de partida, pero muchas de ellas limitan su vida a ese circuito; se llenan de premios, pero la verdad es que poca gente llega a verlas", grafica.
Anécdota
Pocos minutos después, José Wilker va a ser recibido con una cálida ovación por el público que ha asistido a la proyección de "Doña Flor y sus dos maridos", y va a pedir disculpas por las imperfecciones de su español, a pesar de que su manejo del idioma es más que aceptable. Va a sorprender a la platea al explicar que lo aprendió en el cine, viendo películas; "como tantas otras cosas en mi vida", redondeará. Y va a cerrar con una anécdota simpática: "cuando llegué a Londres, yo pensé que sabía hablar en inglés, pero allí me di cuenta de que lo que yo hablaba era "gangster", porque lo había aprendido en ese tipo de películas, que me gustaban mucho".
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