23 Marzo 2003 Seguir en 
En circunstancias extremadamente difíciles, como las que atraviesa la Argentina, se necesita una mezcla de prudencia, firmeza, creatividad y competencia. Pero, según lo reconocen propios y extraños, la cultura política nacional carece en estos tiempos de estos atributos.
Estiman los observadores que si la clase dirigente no posee esas cualidades indispensables para organizar el país internamente, como lo demuestran los vaivenes de los últimos 50 años, poco es lo que puede exigirse en el plano de las relaciones exteriores. Expresado de otra manera: consideran que mal se puede comprender cómo funciona el mundo si no se termina de entender el verdadero funcionamiento de las propias instituciones.
Es así que en la política externa del país prevalecieron lecturas simplistas, ingenuas, oportunistas o conspirativas, como lo señalan los analistas internacionales José Paradiso, Roberto Russell y Juan Tokatlián. Esas actuaciones, según los especialistas, no solamente fueron contrarias a los intereses nacionales sino que contribuyeron a agravar la actual crisis.
Frente al conflicto en Irak, la Argentina tenía para elegir tres posibles rumbos: 1) alinearse con los aliados (EE.UU., Gran Bretaña y España); 2) apoyar el antibelicismo de Francia (en esta ocasión) y de Brasil, entre otros; 3) quedar en una posición intermedia con los demás países de América latina.
El pacifismo del presidente Duhalde (para algunos acentuado por su deseo de diferenciarse de las "relaciones carnales" con EE.UU. impulsadas por su archienemigo Carlos Menem), apoyado en las excusas de liderar un gobierno de transición, llevó al país a una poco disimulada neutralidad, aunque en el Gobierno se haya dicho "de eso no se habla".
Para analizar esta nueva polémica que agita a la vida política argentina, LA GACETA consultó a cuatro especialistas, quienes vierten opiniones divergentes.
La voz oficial
"El Gobierno no habla del conflicto bélico en sí, donde no tiene ninguna participación. La Argentina no opina, como ningún país latinoamericano, sobre las acciones bélicas entre Irak y la coalición, y sostiene que el camino es el Consejo de Seguridad. Nuestro papel se limitará a proponer la colaboración en la ayuda a las víctimas. Descarto que EE.UU, Gran Bretaña y España puedan decidir represalias económicas contra nuestro país". (Carlos Ruckauf, canciller)
La incongruencia de EE.UU.
"La posición del Gobierno es positiva. EE.UU. debió tener el aval de las Naciones Unidas antes de lanzar el ataque contra Irak. EE.UU., país que salvó a Europa y al mundo del horror totalitario, mereció el reconocimiento de la opinión pública mundial, y le toca hoy enfrentar a la gran mayoría del Viejo Continente por actuar al margen de las Naciones Unidas. Creo que la Cancillería argentina actuó correctamente con la posición adoptada". (Juan R. Aguirre Lanari, ex senador y ex canciller)
No a la doctrina mesiánica
"Desde el fin de la guerra fría, EE.UU. define la seguridad nacional en base a la posesión de armas de destrucción masiva; y actúa unilateralmente, con o sin coalición, con o sin autorización del Consejo de Seguridad. No comparto la doctrina mesiánica de conversión a la democracia a que se somete al mundo musulmán. Me parece correcta la posición de la Cancillería. (Oscar Camilión, ex vicecanciller -con Frondizi-, ex canciller -20 años después- y ex ministro de Defensa -con Menem)
Apareció un enemigo nuevo
"Este conflicto se caracteriza por la aparición de un enemigo nuevo: el terrorismo suicida con armas de destrucción masiva. Contra eso, la Argentina y todos los países civilizados deben alinearse, más allá de las diferencias. Lo peor que puede hacer una civilización es imponerse a otra a los bombazos, pero tiene derecho a defenderse si los fanáticos de esas otras civilizaciones los atacan, como ocurrió en la AMIA o en las Torres Gemelas. La posición argentina es insuficiente". (Andrés Cisneros, ex vicecanciller)
GUSTAVO FERRARI
ANALISTA INTERNACIONAL
Un desfase peligroso
Cuesta asumir el papel de analista cuando las visiones que nos está mostrando la televisión superan todo lo real, todo lo político y mucho más lo diplomático.
Es entonces que frente a esta guerra que deja de lado cualquier espacio para un análisis lógico, más allá de los intereses de una persona que pareciera que a través de la fuerza sigue tratando de justificar su aún cuestionada legitimidad presidencial, trato de recorrer con mi memoria la historia de la política exterior argentina frente a los grandes conflictos internacionales.
Desde la Doctrina Drago a la defensa de los principios de No Intervención de Yrigoyen; desde la Tercera Posición de Perón al No alineamiento de Malvinas y desde el Panamericanismo de Alfonsín a las relaciones carnales de Menem, asumimos un papel que no siempre estuvo en sintonía con los tiempos políticos que se presentaban. Ese desfase muchas veces nos dejó fuera de todo escenario internacional posconflicto.
Hoy, una vez más la tibia y ambigua posición del Gobierno de nuestro país contrastó con la enfática actitud de México, Brasil y Chile, quienes se opusieron a cualquier decisión y acción unilateral que no proviniera de la máxima autoridad mundial que es el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. La Argentina debió haberse sumado a estos países conformando un sólido bloque regional que defendiera y respaldara las propuestas y resoluciones de la ONU. Pero nos quedamos a mitad de camino y sin definir no sólo una posición concreta sino reflejando que aún seguimos sin saber qué destino queremos, tanto a nivel nacional como internacional. Sigo con mis tribulaciones y me duele imaginar que un señor encaprichado tararea: "es para el mundo que lo mira por TV".
(Exclusivo para LA GACETA)
MARIO RAPOPORT
ECONOMISTA-HISTORIADOR
Se renueva una tradición
La posición del país frente a la guerra es la correcta. Mantuvo una posición de neutralidad que renueva una vieja tradición que se inició en la Primera Guerra Mundial, con los conservadores, primero, y con Yrigoyen, después. En la Segunda Guerra pasó lo mismo, aunque sea al final.
Pero en este caso la neutralidad es aún más significativa porque más que una guerra esto es la invasión de un país por otro.
El famoso tema del armamento destructivo de Irak es al revés, porque los que tienen armas peligrosas son los americanos.
Quizás el país tendría que ocupar un papel más protagónico porque ahora se tiene que reconstruir el sistema internacional, dañado por la actitud de EE.UU. No funcionó el Consejo de Seguridad (ONU) y esta organización no respaldó la acción norteamericana. Pero lo fundamental son las profundas divisiones que sufrieron la ONU y la Unión Europea, que van a ser difíciles de restaurar.
La Argentina debe apoyar a los países que se negaron a participar de la guerra, en especial a Brasil. La tarea a realizar es grande. Esta situación no va a terminar con la ocupación militar de Irak. La comunidad musulmana, los países árabes van a reaccionar de alguna manera. Se va a reavivar todo el fuego del fundamentalismo árabe. Lo que disparó EE.UU. es un bumerán.
Es probable que se reactive el terrorismo y con más justificaciones. Lo ocurrido con las Torres Gemelas se borró de un plumazo.
La diplomacia argentina tiene que jugar atinadamente su posición y condenar los horrores de esta guerra. Además, es una oportunidad importante para reafirmar los lazos del Mercosur.
Coordinar una política de grupo será fundamental, porque EE.UU. intentará presionar para que los países se reacomoden.
(Exclusivo para LA GACETA)
PATRICIA KREIBOHN
ANALISTA INTERNACIONAL
Hace falta un modelo serio
El Gobierno argentino expresó su oposición a los ataques norteamericanos contra Irak; una actitud lógica para un país que respeta los convenios internacionales y que pretende mantener una postura coherente con los principios éticos que rigen la convivencia internacional. En otras palabras, en esta ocasión la Argentina adoptó una postura correcta.
Ahora bien, ¿es esto suficiente? Creo que no. Históricamente el manejo de las relaciones internacionales no fue muy afortunado y, más allá de la coyuntura de esta guerra, el país tiene severos déficits en materia de política exterior, que le acarrearon no sólo descalificaciones y desprestigio a nivel internacional, sino también perjuicios económicos y políticos concretos.
Estos problemas se vinculan a la carencia de una visión global seria, a la ambigüedad de los comportamientos y a la falta de habilidad de la dirigencia para manejar situaciones específicas.
Es fundamental revertir estos errores pues la definición de la política exterior de un Estado no debe ser el resultado de las sensaciones momentáneas de los dirigentes ni la respuesta instintiva a las conveniencias coyunturales. Debe planificarse como parte de un proyecto integral. Si bien responde a intereses económicos y políticos específicos, tendría que definirse de acuerdo con el sistema de pensamiento y de valores que sostiene su sociedad, es decir, a partir de los elementos específicos de su ethos socio-cultural.
En definitiva, debe responder a las necesidades y expectativas nacionales y perfilar un modelo serio y coherente de relacionamiento de su comunidad con el resto de las sociedades del mundo. (Exclusivo para LA GACETA)
MARCOS VICTORICA
ECONOMISTA - ANALISTA
Fue una gran oportunidad
Más que en una encrucijada, el país estaba ante una oportunidad con motivo de esta guerra. Se podía tomar o dejar pasar.
Históricamente vimos el costo de la oportunidad en los últimos 50 años, en los que tradicionalmente el país estuvo de alguna manera en una posición habitualmente poco comprometida o del lado de los que perdieron. Eso le costó mucha plata, lo que se demuestra en especial con el efecto social de las cosas. Así, los niños que hoy se mueren en Tucumán, por ejemplo, no es lo que les pasa a Australia o a España, que eligieron otro camino. Pero mientras nosotros gastamos U$S 300 en salud, Australia gasta U$S 1.600 y España U$S 1.000.
Estos son los costos de las decisiones estratégicas equivocadas. Estos son los grandes momentos en que la economía saca ventaja y no por razones económicas, sino por cuestiones políticas y estratégicas.
Está claro que al Gobierno de Duhalde le quedan 50 días. Es concebible que al no haber sido elegido por el pueblo no tenga el poder como para tomar decisiones clave.
Aunque tenemos la mala suerte de la circunstancia histórica, esto le hace mal al futuro. No porque vayan a existir sanciones. La sanción para el país será no crecer. Y los niños de Tucumán pueden dar un claro testimonio del costo de no crecer.
En el país, desde hace muchos años, vivimos una inflación de políticos y una recesión de estadistas. Son pocos o no hay políticos que digan: "sobre este tema no haremos campaña, sino que llevaremos a la práctica lo que le convenga al país". (Exclusivo para LA GACETA)
Según Duhalde, el mundo cuestiona el método de la sangre
CONMOCION.- El Presidente dijo que está conmocionado por la magnitud de los bombardeos contra Irak, y observó que la mayor parte de la población mundial rechaza la guerra y cuestionó el método de la sangre.
PESE A TODO.- "La Argentina tiene una posición; va a defenderla y no creo que esto le ocasione dificultades o problemas. Pero, si así fuera, son las consecuencias de actos en los que estamos convencidos", dijo Duhalde.
POR LA PAZ.- "La decisión del Gobierno es reclamar la paz y que el conflicto en Irak se solucione a través de las Naciones Unidas", expresó el mandatario.
TRANQUILO.- "Siento una gran tranquilidad de conciencia, por la firme y decidida posición que el Gobierno ha tomado en favor de la paz. Además, porque es la interpretación fiel del sentimiento de nuestros compatriotas", manifestó.
AYUDA.- "Hay que agilizar la ayuda humanitaria al pueblo inocente de Irak", reclamó.
Estiman los observadores que si la clase dirigente no posee esas cualidades indispensables para organizar el país internamente, como lo demuestran los vaivenes de los últimos 50 años, poco es lo que puede exigirse en el plano de las relaciones exteriores. Expresado de otra manera: consideran que mal se puede comprender cómo funciona el mundo si no se termina de entender el verdadero funcionamiento de las propias instituciones.
Es así que en la política externa del país prevalecieron lecturas simplistas, ingenuas, oportunistas o conspirativas, como lo señalan los analistas internacionales José Paradiso, Roberto Russell y Juan Tokatlián. Esas actuaciones, según los especialistas, no solamente fueron contrarias a los intereses nacionales sino que contribuyeron a agravar la actual crisis.
Frente al conflicto en Irak, la Argentina tenía para elegir tres posibles rumbos: 1) alinearse con los aliados (EE.UU., Gran Bretaña y España); 2) apoyar el antibelicismo de Francia (en esta ocasión) y de Brasil, entre otros; 3) quedar en una posición intermedia con los demás países de América latina.
El pacifismo del presidente Duhalde (para algunos acentuado por su deseo de diferenciarse de las "relaciones carnales" con EE.UU. impulsadas por su archienemigo Carlos Menem), apoyado en las excusas de liderar un gobierno de transición, llevó al país a una poco disimulada neutralidad, aunque en el Gobierno se haya dicho "de eso no se habla".
Para analizar esta nueva polémica que agita a la vida política argentina, LA GACETA consultó a cuatro especialistas, quienes vierten opiniones divergentes.
"El Gobierno no habla del conflicto bélico en sí, donde no tiene ninguna participación. La Argentina no opina, como ningún país latinoamericano, sobre las acciones bélicas entre Irak y la coalición, y sostiene que el camino es el Consejo de Seguridad. Nuestro papel se limitará a proponer la colaboración en la ayuda a las víctimas. Descarto que EE.UU, Gran Bretaña y España puedan decidir represalias económicas contra nuestro país". (Carlos Ruckauf, canciller)
La incongruencia de EE.UU.
"La posición del Gobierno es positiva. EE.UU. debió tener el aval de las Naciones Unidas antes de lanzar el ataque contra Irak. EE.UU., país que salvó a Europa y al mundo del horror totalitario, mereció el reconocimiento de la opinión pública mundial, y le toca hoy enfrentar a la gran mayoría del Viejo Continente por actuar al margen de las Naciones Unidas. Creo que la Cancillería argentina actuó correctamente con la posición adoptada". (Juan R. Aguirre Lanari, ex senador y ex canciller)
No a la doctrina mesiánica
"Desde el fin de la guerra fría, EE.UU. define la seguridad nacional en base a la posesión de armas de destrucción masiva; y actúa unilateralmente, con o sin coalición, con o sin autorización del Consejo de Seguridad. No comparto la doctrina mesiánica de conversión a la democracia a que se somete al mundo musulmán. Me parece correcta la posición de la Cancillería. (Oscar Camilión, ex vicecanciller -con Frondizi-, ex canciller -20 años después- y ex ministro de Defensa -con Menem)
Apareció un enemigo nuevo
"Este conflicto se caracteriza por la aparición de un enemigo nuevo: el terrorismo suicida con armas de destrucción masiva. Contra eso, la Argentina y todos los países civilizados deben alinearse, más allá de las diferencias. Lo peor que puede hacer una civilización es imponerse a otra a los bombazos, pero tiene derecho a defenderse si los fanáticos de esas otras civilizaciones los atacan, como ocurrió en la AMIA o en las Torres Gemelas. La posición argentina es insuficiente". (Andrés Cisneros, ex vicecanciller)
GUSTAVO FERRARI
ANALISTA INTERNACIONAL
Un desfase peligroso
Cuesta asumir el papel de analista cuando las visiones que nos está mostrando la televisión superan todo lo real, todo lo político y mucho más lo diplomático.
Es entonces que frente a esta guerra que deja de lado cualquier espacio para un análisis lógico, más allá de los intereses de una persona que pareciera que a través de la fuerza sigue tratando de justificar su aún cuestionada legitimidad presidencial, trato de recorrer con mi memoria la historia de la política exterior argentina frente a los grandes conflictos internacionales.
Desde la Doctrina Drago a la defensa de los principios de No Intervención de Yrigoyen; desde la Tercera Posición de Perón al No alineamiento de Malvinas y desde el Panamericanismo de Alfonsín a las relaciones carnales de Menem, asumimos un papel que no siempre estuvo en sintonía con los tiempos políticos que se presentaban. Ese desfase muchas veces nos dejó fuera de todo escenario internacional posconflicto.
Hoy, una vez más la tibia y ambigua posición del Gobierno de nuestro país contrastó con la enfática actitud de México, Brasil y Chile, quienes se opusieron a cualquier decisión y acción unilateral que no proviniera de la máxima autoridad mundial que es el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. La Argentina debió haberse sumado a estos países conformando un sólido bloque regional que defendiera y respaldara las propuestas y resoluciones de la ONU. Pero nos quedamos a mitad de camino y sin definir no sólo una posición concreta sino reflejando que aún seguimos sin saber qué destino queremos, tanto a nivel nacional como internacional. Sigo con mis tribulaciones y me duele imaginar que un señor encaprichado tararea: "es para el mundo que lo mira por TV".
(Exclusivo para LA GACETA)
MARIO RAPOPORT
ECONOMISTA-HISTORIADOR
Se renueva una tradición
La posición del país frente a la guerra es la correcta. Mantuvo una posición de neutralidad que renueva una vieja tradición que se inició en la Primera Guerra Mundial, con los conservadores, primero, y con Yrigoyen, después. En la Segunda Guerra pasó lo mismo, aunque sea al final.
Pero en este caso la neutralidad es aún más significativa porque más que una guerra esto es la invasión de un país por otro.
El famoso tema del armamento destructivo de Irak es al revés, porque los que tienen armas peligrosas son los americanos.
Quizás el país tendría que ocupar un papel más protagónico porque ahora se tiene que reconstruir el sistema internacional, dañado por la actitud de EE.UU. No funcionó el Consejo de Seguridad (ONU) y esta organización no respaldó la acción norteamericana. Pero lo fundamental son las profundas divisiones que sufrieron la ONU y la Unión Europea, que van a ser difíciles de restaurar.
La Argentina debe apoyar a los países que se negaron a participar de la guerra, en especial a Brasil. La tarea a realizar es grande. Esta situación no va a terminar con la ocupación militar de Irak. La comunidad musulmana, los países árabes van a reaccionar de alguna manera. Se va a reavivar todo el fuego del fundamentalismo árabe. Lo que disparó EE.UU. es un bumerán.
Es probable que se reactive el terrorismo y con más justificaciones. Lo ocurrido con las Torres Gemelas se borró de un plumazo.
La diplomacia argentina tiene que jugar atinadamente su posición y condenar los horrores de esta guerra. Además, es una oportunidad importante para reafirmar los lazos del Mercosur.
Coordinar una política de grupo será fundamental, porque EE.UU. intentará presionar para que los países se reacomoden.
(Exclusivo para LA GACETA)
PATRICIA KREIBOHN
ANALISTA INTERNACIONAL
Hace falta un modelo serio
El Gobierno argentino expresó su oposición a los ataques norteamericanos contra Irak; una actitud lógica para un país que respeta los convenios internacionales y que pretende mantener una postura coherente con los principios éticos que rigen la convivencia internacional. En otras palabras, en esta ocasión la Argentina adoptó una postura correcta.
Ahora bien, ¿es esto suficiente? Creo que no. Históricamente el manejo de las relaciones internacionales no fue muy afortunado y, más allá de la coyuntura de esta guerra, el país tiene severos déficits en materia de política exterior, que le acarrearon no sólo descalificaciones y desprestigio a nivel internacional, sino también perjuicios económicos y políticos concretos.
Estos problemas se vinculan a la carencia de una visión global seria, a la ambigüedad de los comportamientos y a la falta de habilidad de la dirigencia para manejar situaciones específicas.
Es fundamental revertir estos errores pues la definición de la política exterior de un Estado no debe ser el resultado de las sensaciones momentáneas de los dirigentes ni la respuesta instintiva a las conveniencias coyunturales. Debe planificarse como parte de un proyecto integral. Si bien responde a intereses económicos y políticos específicos, tendría que definirse de acuerdo con el sistema de pensamiento y de valores que sostiene su sociedad, es decir, a partir de los elementos específicos de su ethos socio-cultural.
En definitiva, debe responder a las necesidades y expectativas nacionales y perfilar un modelo serio y coherente de relacionamiento de su comunidad con el resto de las sociedades del mundo. (Exclusivo para LA GACETA)
MARCOS VICTORICA
ECONOMISTA - ANALISTA
Fue una gran oportunidad
Más que en una encrucijada, el país estaba ante una oportunidad con motivo de esta guerra. Se podía tomar o dejar pasar.
Históricamente vimos el costo de la oportunidad en los últimos 50 años, en los que tradicionalmente el país estuvo de alguna manera en una posición habitualmente poco comprometida o del lado de los que perdieron. Eso le costó mucha plata, lo que se demuestra en especial con el efecto social de las cosas. Así, los niños que hoy se mueren en Tucumán, por ejemplo, no es lo que les pasa a Australia o a España, que eligieron otro camino. Pero mientras nosotros gastamos U$S 300 en salud, Australia gasta U$S 1.600 y España U$S 1.000.
Estos son los costos de las decisiones estratégicas equivocadas. Estos son los grandes momentos en que la economía saca ventaja y no por razones económicas, sino por cuestiones políticas y estratégicas.
Está claro que al Gobierno de Duhalde le quedan 50 días. Es concebible que al no haber sido elegido por el pueblo no tenga el poder como para tomar decisiones clave.
Aunque tenemos la mala suerte de la circunstancia histórica, esto le hace mal al futuro. No porque vayan a existir sanciones. La sanción para el país será no crecer. Y los niños de Tucumán pueden dar un claro testimonio del costo de no crecer.
En el país, desde hace muchos años, vivimos una inflación de políticos y una recesión de estadistas. Son pocos o no hay políticos que digan: "sobre este tema no haremos campaña, sino que llevaremos a la práctica lo que le convenga al país". (Exclusivo para LA GACETA)
CONMOCION.- El Presidente dijo que está conmocionado por la magnitud de los bombardeos contra Irak, y observó que la mayor parte de la población mundial rechaza la guerra y cuestionó el método de la sangre.
PESE A TODO.- "La Argentina tiene una posición; va a defenderla y no creo que esto le ocasione dificultades o problemas. Pero, si así fuera, son las consecuencias de actos en los que estamos convencidos", dijo Duhalde.
POR LA PAZ.- "La decisión del Gobierno es reclamar la paz y que el conflicto en Irak se solucione a través de las Naciones Unidas", expresó el mandatario.
TRANQUILO.- "Siento una gran tranquilidad de conciencia, por la firme y decidida posición que el Gobierno ha tomado en favor de la paz. Además, porque es la interpretación fiel del sentimiento de nuestros compatriotas", manifestó.
AYUDA.- "Hay que agilizar la ayuda humanitaria al pueblo inocente de Irak", reclamó.







