El rescate de los bonos

Tucumán se ha convertido en una de las provincias más caras del país.

23 Marzo 2003
Existen algunos países muy extraños que poseen una vasta y rica geografía, una gran variedad de leyes que regulan muchos aspectos de su vida cotidiana; notables ciudadanos en la ciencia y la cultura.
Podría esperarse de ellos un progreso constante en todo sentido. Sin embargo, se encuentran en franco retroceso. Ocurre que su clase dirigente vive en una irrealidad y atenta a menudo contra los mismos habitantes a los cuales representan. Ha desarrollado una envidiable capacidad para falsear la realidad y acomodarla a sus propios intereses. Falsear significa -en una de sus acepciones- adulterar o corromper una cosa, como la moneda, la escritura, la doctrina, el pensamiento. De manera que a partir de promesas -casi siempre incumplidas- los dirigentes -salvo pocas excepciones- urden trabajosas estrategias para engañar a la ciudadanía.
Los argentinos, y en particular los tucumanos, asistimos desde hace algunas décadas a estas puestas en escena. Así, por ejemplo, cuando se anunciaba que el dólar no iba a subir, quería significar todo lo contrario. Se inventó la convertibilidad y se la elevó al nivel de panacea. Una década después se descubrió que habíamos vivido en la irrealidad. La devaluación fue un garrotazo al bolsillo de los argentinos y de los ahorristas.
El anunciado Plan Nacional de Unificación Monetaria para el rescate de cuasimonedas provinciales puso de un buen humor inicial a los tucumanos. Los $ 169 millones de Bocade en circulación atormentan diariamente a los ciudadanos, a comerciantes y a las empresas que sufren un desagio del 10% para canjear estos papeles pintados por efectivo. La usura creció hasta niveles poco vistos en la provincia. Gracias a la irresponsable sobreemisión de estos títulos públicos que impulsó el actual Gobierno, Tucumán se ha convertido en una de las provincias más caras del país. Las empresas privadas que creyeron en el PE financiaron más de dos planillas salariales del sector público, pero aún no pudieron cobrar la totalidad del dinero que asciende a más de $ 60 millones. El Gobierno adujo que no dispone de recursos genuinos.
A los pocos días del anuncio efectuado por el presidente Duhalde, se vislumbró una maniobra poco clara. Se dijo que el rescate de los bonos no se iba a realizar en su valor nominal de uno a uno en su totalidad, sino a través de una licitación pública y a valor del mercado. Se escuchó nuevamente la palabra transparencia, una muletilla incorporada a la jerga de nuestros dirigentes.
Teniendo en cuenta el desagio que sufre diariamente el Bocade, significa que los $ 169 millones de bonos sufrirían una depreciación de más de $ 16 millones, si se considera un desagio del 10%. Pero esta alternativa propuesta por la Nación de ir a una licitación pública se contrapone a la ley de creación de los Bocade, en la que se señala que el rescate del título público se efectuará a su valor nominal.
Por otro lado, cuando el actual Gobierno renegoció el contrato con el Banco del Tucumán se estableció que los 550.000 dólares mensuales aportados al agente financiero de la Provincia incluían el rescate de los bonos sin costo para el Estado.
De concretarse la propuesta nacional, con la excusa de ser transparentes y de evitar la especulación, los tucumanos sufrirían un nuevo engaño porque, una vez más, terminarán pagando con sus propios bolsillos el déficit del Estado, así como los garrafales desaciertos de la clase dirigente.
En estas últimas décadas, lo que menos hubo en la nación y en la provincia fue transparencia. En este Tucumán maltrecho, se convive diariamente con la corrupción en todos los niveles y con la impunidad. Salarios indignos, la ausencia de seguridad y de políticas educativas y sanitarias eficaces son un reflejo de los gobernantes que tenemos. Si continuamos así, seguiremos desagiando el futuro.

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