Todo tendrá que funcionar con dos pesos. Así definió el intendente Antonio Alvarez el panorama que vislumbraba para la Municipalidad cuando asumió, en agosto pasado. Entonces parecía comprensible la advertencia del nuevo jefe comunal tras la deserción de Raúl Topa, que había dejado una ciudad convertida en escombros, según definió el mismo Alvarez.
Para hacer caminar esa ciudad, el nuevo funcionario prometió gestos ejemplificadores. Habló de austeridad, de reducción de secretarías, de resolver problemas que habían atormentado a Topa, como la deuda monumental con la empresa recolectora de residuos. E hizo que sus funcionarios también hablaran bonito, para generar la sensación de que la ciudad puede funcionar con dos pesos.
Pero una cosa es decir y otra es hacer. Pronto aprendió que era mejor ser dueño de sus silencios y no esclavo de sus palabras, y por ello comenzó a preferir que fueran sus funcionarios quienes quedaran como mentirosos patológicos y prometieran cosas que luego no se hacían. La lista de anuncios de esta administración, en los pocos meses que lleva Alvarez al frente del municipio, es extensa: el desalojo del ex Mercado de Abasto; el desalojo de la villa El Triángulo; el desalojo de los vendedores ambulantes; la mejora de la circulación en el centro; el desalojo de remises ilegales, entre muchos otros. Los funcionarios, en especial Rodolfo Cruz, el subsecretario de Servicios Públicos (calificado como "superministro" en el Concejo Deliberante) son los que dan la cara por él. Y asumen el costo de que nada de lo que se promete se cumpla.La contradicción que surge de esta situación sería comprensible si sólo se tratara de que, por cuestiones operativas o económicas, no se puede cumplir lo anunciado. Pero la sucesión de desinteligencias y ciertos hechos hacen pensar que no se trata de palabras y promesas, sino de un juego de opuestos para encubrir una realidad desconocida. Se habla de austeridad y de reducción de personal, pero se mantiene a más de 100 contratados que vienen desde la gestión de Topa y se crean oficinas como la de Control Previsional. Se dice que el contrato con las grúas de tránsito es oneroso (le cuestan $ 38.000 mensuales a la administración) y, a dos meses de la finalización del acuerdo, se anuncia que se comprarán los camiones (a un costo de unos $ 170.000) para que la empresa no querelle al municipio por la rescisión del contrato. Negocio redondo para la empresa, que de todas formas tenía que irse. Se grita contra la empresa 9 de Julio porque el servicio es muy caro, pero se le perdonan las multas por incumplimiento, tras la huelga de basureros.
El encubrimiento de la realidad se hace más curioso cuando se advierten ciertas casualidades: se anunció que se erradicaría a los vendedores del ex Abasto liderados por Said Ale y agrupados en una cooperativa llamada "Virgen del Valle". No se los erradicó, tras una negociación con Juan Jesús Soria, director de Urbanidad e Higiene, que en su repartición montó un dispensario también llamado "Virgen del Valle". Y la cuestión se torna dramática cuando se advierte que comienzan a trastocarse ciertas tareas: así como en Higiene se dan servicios sanitarios, en la Dirección de Salud se entregan bolsones, como reconoció el médico Hernán Salas ante los concejales.
Ayer fracasó otra vez el ordenado desalojo del edificio de Monteagudo 120. Y la ciudad está en medio del caos, con calles cortadas y tomadas por piqueteros y vendedores ambulantes, en una muestra de que la planificación hace agua, como la calle Córdoba.
Hay quienes pecan por no hacer nada. Pero peor pecado es anunciar algo y hacer otra cosa. El intendente que prefiere el silencio ha entrampado con el doble discurso a la comunidad. La ciudad no funciona, ni siquiera con dos pesos, ni camina sobre los escombros.
22 Marzo 2003 Seguir en 
Por Roberto Delgado







