Se descompuso al recordar la pesadilla sufrida hace 19 años

La víctima de una violación relató al tribunal el ataque, ocurrido cuando tenía 15 años. De los dos imputados por la causa, sólo vive uno, quien dijo ser inocente. La mujer sufrió una crisis de nervios luego de declarar.

DURO RELATO. La víctima toma agua al hacer un alto en la declaración. LA GACETA / JOSE NUNO
DURO RELATO. La víctima toma agua al hacer un alto en la declaración. LA GACETA / JOSE NUNO
30 Octubre 2009
Los recuerdos deben haber confluido como una gigantesca y espantosa masa en su mente. Los alambres de la cama lastimando su cuerpo adolescente; las amenazas de muerte; la miserable casilla, escenario de la violación; sus gritos desesperados. Pasaron casi dos décadas, pero su memoria no olvidó los detalles. Y así lo demostró ayer frente a un tribunal. "¿Saben lo que fue para mí acordarme de esto cada día de mi vida? Por favor, hagan justicia", imploró la mujer, que hoy tiene 34 años y que tenía 15 cuando sufrió el ataque. El principal acusado en la causa falleció hace varios años; su presunto cómplice asegura que es inocente.
El hecho fue perpetrado el 22 de octubre de 1990. Esa calurosa tarde, la víctima volvía a su casa, ubicada en el barrio Aguas Corrientes, al noroeste de la capital. Según la investigación, encabezada por el fiscal de Instrucción Carlos Albaca, la muchacha caminaba cerca de unas vías cuando dos jóvenes -ambos de 17 años- se interpusieron en su camino.
Amenazándola con un arma de fuego, la obligaron a entrar a una casilla abandonada, afirma el expediente. Luego, uno de los agresores, identificado como A. -su nombre no se da a conocer pues en aquel entonces era menor de edad- abusó sexualmente de ella. El otro individuo, M., se quedó como "campana", consideran los investigadores.

Alerta de los vecinos
Los vecinos alertaron a la madre de la adolescente sobre lo que había sucedido. Ella fue a buscarla y luego realizó la denuncia. Días después, ambos sospechosos fueron arrestados y puestos a disposición de la Justicia de Menores.
El viernes, M. declaró como imputado de participación secundaria en violación agravada ante los jueces de la sala VI de la Cámara Penal, Carlos Francisco Ruiz Vargas, Emilio Páez de la Torre y Marta Cavallotti. Los magistrados sólo pueden determinar la responsabilidad penal del acusado, y será la Justicia de Menores la que dicte la pena, en caso de que haya condena. El acusado A. falleció sin haber sido juzgado.
M., representado por la defensora oficial Norma Susana Bulacios, aseguró que no tenía nada que ver con el ataque. "Soy inocente", dijo. Además, sostuvo que la víctima y A. mantenían una relación sentimental. "La madre de la chica no sabía de esa relación, pero él siempre la acompañaba a la salida de la escuela. Jamás la forzó a hacer nada", declaró.

"Mentira"
Esto fue rotundamente desmentido por la víctima. "¡Esas son mentiras!", exclamó, muy nerviosa.
Sus familiares la acompañaban en la sala de debates. Al escuchar el relato, la madre de la víctima rompió en un llanto incontenible.
"Eran las siete de la tarde. Yo volvía de la escuela. A la altura de las vías me interceptaron este hombre (señalando a M.) y el otro delincuente. A. me metió a una casilla y me tiró sobre una cama que no tenía colchón, sino un elástico hecho con alambres. Me lastimé entera. Tenía varios cortes en las piernas", dijo.
La mujer contó que la habían amenazado con un arma de fuego. "No sé si era una pistola o un revólver", explicó. Luego agregó que el acusado era cómplice del hombre que la atacó. "El (por M.) no estaba solamente de 'campana'. El también me iba a 'serruchar' (sic), como hizo el otro delincuente. Y después de eso, no tengo ninguna duda, me iban a matar. Seguro que me mataban", dijo. Y añadió: "yo llevaba puestos un short rosa y una remerita. Pero mi mamá me tuvo que sacar de la casilla envuelta sólo en el delantal".

Secuelas
"Hace 19 años que estoy mal. Luché muchísimo para seguir estudiando. Logré terminar la carrera de Enfermería y hoy tengo trabajo, pero desde que pasó aquello voy al psicólogo", puntualizó la víctima.
En un momento interrumpió su declaración. "Quiero estar en mi casa", suplicó. No obstante, continuó descargándose. "Desde que pasó esto tengo mil problemas: úlceras, gastritis y otras enfermedades. Cuando venía para acá me caí; todo por culpa de los nervios", se quejó.
Cuando terminó de declarar, la mujer se acercó al tribunal. "Les pido que hagan justicia", les rogó a los jueces, y los saludó con un apretón de manos.
Parecía firme, pero no bien salió del recinto se derrumbó: vomitó; se sentó en un banco, mientras su madre la sostenía y otros familiares le daban aire. "¿Por qué tengo que pasar por esto?", se preguntaba, presa de una intensa crisis de nervios.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios