Jugando a la perinola

Una licitación con efectos compulsivos.

21 Marzo 2003
Por Marcelo Aguaysol

Nadie duda del beneficio que producirá el rescate total de los Bonos de Cancelación de Deudas (Bocade). Ese hecho marcará el fin de una economía marginal que obligó a los tucumanos a vivir en un mercado cerrado, al menos en los últimos cinco años. La preocupación surge a la hora de evaluar los efectos que generará la destrucción de la cuasimoneda. La irrupción descontrolada de Bocade que se produjo durante la administración del gobernador Julio Miranda, con José Alperovich como ministro de Economía, fue producto del irresponsable manejo de las finanzas públicas. La Nación tratará de revertir esa situación con su plan de rescate de cuasimonedas, mientras que la Provincia intentará usarlo como un logro de gestión, en la campaña electoral. El sector privado resultó seriamente perjudicado al ser parte -sin haber sido invitado- de un festival de papeles pintados.

Toma todo
A fines de 2001, el Poder Ejecutivo comenzó a jugar a la perinola. Desde entonces incrementó a $ 169 millones el circulante de Bocade, lo que hizo explotar, en agosto pasado, el sistema de conversión de esa moneda por pesos y/o Lecop. Las empresas privadas financiaron más de dos planillas salariales del sector público y hasta hoy siguen esperando que el Gobierno les restituya los fondos acorralados. Así, el PE postergó un compromiso ineludible por falta de recursos genuinos. El pozo acumulado trepó a $ 65,4 millones y, según datos oficiales, sólo se pagó al sector privado un 21% de la deuda por las operatorias de canje de Bocade.
La perinola siguió girando. En diciembre último, el entonces ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, vislumbraba la posibilidad de un rescate parcial de cuasimonedas a través de una licitación pública. Con la llegada del año electoral, el presidente Eduardo Duhalde convirtió esa idea en un Plan de Unificación Monetaria, no sólo para cumplir con las metas solicitadas por el Fondo Monetario Internacional, sino también para fortalecer la candidatura de su delfín presidencial, Néstor Kirchner. Ese programa, hasta ahora, no dejó de ser un canto de sirenas, porque el sistema de destrucción de cuasimonedas no se definió.
Ayer llegó a Tucumán un hombre clave para el desarrollo del Plan de Unificación Monetaria, el subsecretario de Relaciones con las Provincias, Alejandro Arlía, quien ratificó que el rescate de bonos se hará a valor de mercado, más allá de los gritos desesperados de los dirigentes del sector privado y de algunos economistas para que este canje se haga uno a uno, es decir, sin que pierdan los tenedores. La Nación hará un esfuerzo para sacar de circulación la totalidad de los Bocade antes del 25 de mayo, cuando Duhalde deje el poder. La Provincia, en tanto, deberá pagar ese crédito en un plazo de 10 años.

Todos ponen
Como sucedió con la caída de los sistemas de canje de bonos, el sector privado estará nuevamente condenado a perder una porcentaje de su patrimonio en Bocade para convertir el stock de bonos que posee en pesos. Esa licitación es prácticamente compulsiva, ya que el tenedor de cuasimoneda -sea primario, mayorista u operador del mercado informal de cambio- que no ingrese a la licitación se verá obligado a recibir otro título público provincial.
En suma, bajo el argumento de evitar la especulación, las mismas empresas que apostaron por el bono durante 17 años volverán a perder por la sobreemisión de moneda que hizo el Estado.
En el Gobierno ya le dicen adiós a los bonos. Aunque resulte paradójico, hoy el PE no tiene Bocade para pagar sueldos. El sector privado sigue esperando señales de respeto a las leyes y culpa al Estado de que, con la sobreemisión, generó el mal que hoy intenta combatir: el alto desagio de los bonos.

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