Una siesta sin límites

El Gobierno no parece preocupado. No tiene enfrente quién lo ponga nervioso. Las marchas de los miércoles lo despiertan, pero dos horas después vuelve el sopor. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

Por Redacción Política 18 Octubre 2009
Diego Armando Maradona hizo, sin saberlo, un dibujo perfecto de los argentinos. Con el título de doctor universitario barrial, se olvidó del diploma que le dieron en Oxford y dio cátedra de barro. Es la síntesis mejor elaborada de lo que suele ser el sentir popular argentino. En sus exabruptos se dibujaron la impotencia, la prepotencia, la falta de autocrítica, la incapacidad para respetar, la inmadurez, la desubicación y la imposibilidad de mirar para adelante, dialogar y construir. Cualquier parecido al manejo que se hace en la política no es mera casualidad.
Pero también ocurrió algo inusitado. A la sorpresa y al cachetazo del ídolo no le siguieron la sumisión de una persona golpeada. El astro que tantas alegrías dio, recibió el rechazo de un importante sector de la sociedad. Le dieron la espalda. Porque se hartaron de su displicencia, porque se cansaron de las eternas indulgencias para él, porque ni siquiera tuvo la altura de pedir disculpas y porque, incluso, aguó la fiesta y puso odio y rencor a los festejos de una clasificación.
Ese hartazgo no aparece aún en la política. Es más, Néstor Kirchner, un prepotente con diploma universitario, es hoy quien cuenta con mejor estructura para las elecciones que vienen. No es un delirio propio del Día de la Madre. Es la realidad que viven los argentinos en una sociedad donde la oposición es una caricatura que además se ríe de sí misma.
En Tucumán la Unión Cívica Radical estaba de campaña. Había instalado el disenso y el debate en Catamarca al 800. Prometía encender la antorcha de las internas partidarias para dejar refulgiendo el fervor político. Dirigentes como José Cano lo trajeron al mismísimo Ricardo Alfonsín (h) para que, con su verborragia, desparrame las virtudes de competir y de darle vida a un partido. Los actores se cansaron con los ensayos y son incapaces de salir a escena. La Unión Cívica Radical, una vez más, pierde la gran oportunidad de crecer. Las internas partidarias generan trabajo, gastos y hasta peleas, pero legitiman el poder obtenido. Si alguien tiene dudas, que se lo pregunte a Fernando Juri, quien después de ser derrotado por la esposa de José Alperovich en el PJ le dio más fuerza y mayor calidad a la política del peronismo oficialista.

Roperos abiertos
Por primera vez, le ponen límites a Maradona y se lo puso el público: su gente. Era algo desconocido para él. Alperovich en cambio, no parece preocupado. Nadie lo pone nervioso, menos la UCR. No siente que alguien pueda ponerle límites.
Los seis años en el poder absoluto de la provincia lo están haciendo dormir una larga siesta tucumana. En la Casa de Gobierno se sienten los ronquidos de la gestión. Sólo se despiertan los miércoles cuando los fantasmas de chaqueta y estetoscopio empiezan a llenar la plaza Independencia. Dos horas después la calma chicha disimula la impotencia y vuelve el sopor.
Está tan quieto el Gobierno que ni siquiera analizó si convenía o no el cambio de horario. "Haré lo que diga (Julio) De Vido", dijo el gobernador. Alperovich se pasó los últimos meses pensando y buscando cuándo sería el momento de romper con los Kirchner. Después se dio cuenta de que no sólo no hacía falta sino que, por el contrario, puede sacar provecho. Así volvió a soñar con la vicepresidencia. Las cuentas del mandatario tucumano le dicen que la mejor estructura para 2011 la tiene Kirchner.
Cuando Alperovich entra en ese juego, la senadora Beatriz Alperovich sale corriendo a ponerse el vestido de candidata a gobernadora. Lo mismo hace Juan Manzur, a quien el mandatario lo extraña. Se ha debilitado tanto el ministro de Salud de la Nación que en la Casa de Gobierno no falta quien especule con el pronto regreso del vicegobernador. A él no le puso límites la gente ni las encuestas ni los galenos tucumanos. Sobre él se posó la pesada mano sindical de Hugo Moyano.
Rojkés y Manzur no son los únicos que salen corriendo a ver qué traje tienen en el ropero. Osvaldo Jaldo y Domingo Amaya siempre tienen recién salido de la tintorería el traje de vice.
El intendente de la Capital puede tener muchas ganas, pero cada vez que se anuncia una pelea en el municipio, se sube al ring, pero termina trastabillando.
Esta semana en el Concejo Deliberante recibió los cachetazos de Teresa Felipe de Heredia. Incluso se rompió el bloque oficialista después de que aparecieron las huestes de Gerónimo Vargas Aignasse y de Rolando Alfaro, el primo (y enemigo) del lugarteniente de Amaya, el diputado Germán Alfaro.
El intendente terminó el primer round pidiendo oxígeno, agua y hasta lo apantallaron en el rincón. Hasta que apareció José Alperovich y les dijo a los concejales, "muchachos no se peleen". "Lo que usted diga gobernador", fue la respuesta de los ediles, que siguen demostrando que los principios y valores por los cuales se desgañitan siempre quedan subsumidos a quien tiene la sartén por el mango.

Oposición poco seria
Esa actitud genuflexa quedó más clara que nunca cuando tanto el presidente del Concejo de la Capital, Santiago Cano, como el de Yerba Buena, Ricardo Salomón, fueron reelectos por unanimidad. Hasta la oposición de San Miguel de Tucumán, como la de la ciudad Jardín (y de los shoppings y de los cines), levantaron las dos manos para avalar al gremialista y al entrenador de arqueros. Quedó ratificado que la política está ausente en Tucumán. El que maneja el presupuesto y tiene la lapicera de los cuerpos colegiados que representan al pueblo es más poderosa que cualquier cosa.
En la Legislatura esta semana se ocuparon de opacar el brillo que supieron conseguir con el Digesto. Se rasgaron las vestiduras porque se iban a gastar a través de contrataciones directas 30 millones de pesos del área Seguridad. Acostumbrados a ver la paja en el ojo ajeno, ningún opositor -ni hablar de oficialistas- se dio cuenta de que de la viga del ojo propio, ya que -como lo ilustró el columnista Alvaro Aurane- en la Cámara se aumenta exponencialmente el presupuesto del nuevo edificio sin ninguna licitación.

Calculadora y pulmotor

Pero esas cuentas no le preocupan al mandamás. Alperovich, como buen contador, está haciendo una cuenta que no le da resultado. En los últimos meses el conflicto de la salud le está haciendo ahorrar dinero. Entre lo que no se paga por días no trabajados y lo que, en todo caso, se ahorra al no ceder el aumento. Ya debe ir contando varios millones. Lo grave es que esto es directamente proporcional con los números en rojo que aparece en la columna política.
A esta altura del año, en la Casa de Gobierno especulaban que ya se debería haber desinflado la protesta y, por el contrario, parece que seguirá creciendo. Ese es el verdadero límite para el actual gobernador. Va a tener que despertar del letargo si quiere cumplir sus proyectos, porque los médicos le están diagnosticando un ahogo político, y, el que maneja el pulmotor es el propio gobernador.

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