Cuando Buenos Aires dejó de ser Europa

La movilización de 1945 en defensa de Perón representó un fenómeno político y social.

HACE 64 AÑOS. Obreros mitigan el calor en las fuentes de Plaza de Mayo. LA GACETA / ARCHIVO
HACE 64 AÑOS. Obreros mitigan el calor en las fuentes de Plaza de Mayo. LA GACETA / ARCHIVO
Por Redacción Política 18 Octubre 2009
"No hay nada en nuestra historia que se parezca a lo del 17 de octubre", sentencia Félix Luna en El 45. No sólo se trató de una movilización histórica por sus características, sino que representó un verdadero fenómeno político y social: el Día de la Lealtad, en la liturgia peronista. Centenares de miles de argentinos se agolparon en la Plaza de Mayo, dispuestos a no moverse de allí hasta que liberaran a Juan Domingo Perón.
"Por esos días, ni Perón midió bien la oposición militar, ni sus adversarios calcularon el poder de aquél", advierten Carlos Floria y César García Belsunce en La Argentina política. Refieren a los aciagos días previos al miércoles 17. Los autores recuerdan que el 9 de octubre, los oficiales de Campo de Mayo, "alarmados por las tendencias personalistas y populistas de Perón, e invocando fastidio por su relación pública con Eva Duarte", exigieron que se le pidiera la renuncia: él era vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión. Los acontecimientos se aceleran: el 13, Perón es detenido y llevado a la isla Martín García. El 15, comienzan las medidas de fuerza de los obreros, con la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (Fotia) a la cabeza.
"Lo más singular del 17 de octubre fue la violenta y desnuda representación de la nueva realidad humana que era expresión auténtica  de la nueva realidad nacional. Y eso es lo que resultó más chocante a esta Buenas Aires orgullosa de su rostro europeo: reconocer en esa hora desaforada que tenía el color de la tierra (...). Caras, voces, coros, tonos desconocidos: la ciudad los vio con la misma aprensión con que vería a los marcianos desembarcando en nuestro planeta. Argentinos periféricos, ignorados, omitidos, apenas presumidos, que de súbito aparecieron en el centro de la urbe para imponerse arrolladoramente", describe Luna.
"Desde entonces, la particularidad argentina en el contexto latinoamericano consistirá en la presencia masiva y la centralidad política de un sector popular activo y cohesionado, y en el fracaso de su institucionalización inclusiva", dice Marcos Novaro en Historia de la Argentina Contemporánea.
"Empezaba la mañana cuando comenzaron a llegar rotundos, desafiantes, caminando o en vehículos que habían tomado alegremente por asalto y cuyos costados repetían hasta el hartazgo el nombre de Perón en tiza, cal y carbón (...). Nadie los conducía -describe Luna-, todos eran capitanes".

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