Es argentino naturalizado, chileno de nacimiento. Cumplió 64 años y se acaba de jubilar. Pero estuvo 30 años como bibliotecario en la escuela Luis Braille. Luis Reyes tiene cinco hijos; su esposa falleció en 2005. Antes de llegar a Tucumán vivió en su país, en Río Negro, en Bahía Blanca y en Córdoba. Primero residió en el Hogar de Ciegos "porque no tenía dónde caerme muerto", recuerda, hasta que finalmente recaló en Delfín Gallo. "Soy un tipo pechador. Durante el gobierno de Antonio Bussi me dijeron que había un puesto de bibliotecario vacante en la escuela Braille. Insistí varias veces hasta que conseguí el trabajo", señaló.
"Fui un afortunado -continuó- porque la sociedad me brindó su apoyo. Yo no rechacé ni rechazo ninguna ayuda. No me choca nada, cada uno es tal cual. Nosotros como ciegos también tenemos que buscar al vidente".
Reyes pidió que las escuelas para ciegos que hay no sean descuidadas. "Nos faltan pizarras, punzones, ábacos, hojas y máquinas Braille, reglas, mapas y libros de lectura y de cuentos. Lo que yo dejé en la escuela es muy viejo. Se necesita una renovación. Debe ocuparse de esto una ONG o un organismo", reclamó. "Hoy -dijo- vienen computadoras especiales, con parlantes que guían al alumno; se ha avanzado mucho". Reyes se quejó porque en un banco del centro donde cobra su jubilación le dijeron que para los ciegos no había préstamos, "porque no tenía validez mi firma. Me dijeron que me tenían que leer todo y que quizás no entendiera. Justo a mí, que estuve años en medio de los libros, me vinieron con eso", se indignó.