Extorsión cinematográfica

Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción de LA GACETA.

UN PERFIL AMENAZANTE. La casa de Norman Bates se convirtió en un ícono del cine de terror.
UN PERFIL AMENAZANTE. La casa de Norman Bates se convirtió en un ícono del cine de terror.
11 Septiembre 2009
La década del 60 marcó uno de los picos más altos en la popularidad de la exhibición cinematográfica en Tucumán. Por aquellos años había en funcionamiento más de diez salas en la zona céntrica, a las que se sumaban unos 25 "cines de barrio", como se llamaban aquellos espacios, muchos de ellos al aire libre, en los que se exhibía cada fin de semana un "sensacional programa doble". Esas inolvidables sesiones en las que se ofrecían dos películas servían además como excusa para concurrir al cine con toda la familia, comprar cervezas, gaseosas y sándwiches en la "cantina" y disfrutar de varias horas de esparcimiento, sobre todo después de una agobiante jornada veraniega.
Ir al cine era entonces uno de los programas más populares entre los tucumanos. Faltaban años todavía para que se concretara la primera transmisión de la televisión por aire y varios más para que las señales de cable comenzaran a generar una generosa oferta de cine a domicilio. Iban a pasar dos décadas antes de que los videoclubes se multiplicaran como hongos por el centro de la ciudad, mientras que los reproductores de video y la posibilidad de acceder a una red global desde una computadora personal no figuraban siquiera en la imaginación de los más atrevidos autores de novelas de ciencia ficción.
La llegada de determinadas películas a las salas locales era, entonces, un acontecimiento que generaba enorme expectativa. Uno de esos esperados estrenos fue el de "Psicosis", en 1961; el magistral "thriller" de Hitchcock había sido precedido por una intensa campaña publicitaria que incluía la proyección en los cines de un avance en el que el propio director le hablaba al público y prometía mucha sangre y suspenso en el filme.
Durante el tiempo en que la película se exhibió en Tucumán, las colas en el hall del cine Plaza y en la vereda de la calle San Martín (que en los fines de semana se prolongaban por 25 de Mayo) se convirtieron en un espectáculo habitual.
La expectativa de los espectadores generó un interesante "trabajo" para algunos chicos que deambulaban por la zona. Los muchachos, conscientes de la expectativa que había despertado el filme, se acercaban a los que hacían la cola para entrar al cine y los amenazaban: "si no me das diez guitas te cuento el final".

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