08 Septiembre 2009 Seguir en 
Pablo Antonio Amín protagonizó un nuevo escándalo en la segunda jornada del juicio oral en la que los jueces tratarán de determinar si está loco o no. Es imputado por el asesinato de su esposa María Marta Arias ocurrido en 2007, en un hotel frente al parque 9 de Julio.
Alrededor de las 8.30, cuando Amín era trasladado hacia la sala de los Tribunales y mientras subía por las escaleras hacia el primer piso, sorpresivamente giró y golpeó con su pie el rostro del comisario David Leiva, quien se encontraba unos escalones más abajo e integra la guardia de seis policías que lo acompañan en forma permanente.
Rápidamente fue reducido, en medio de los gritos del imputado, quien vestía la misma ropa que ayer. Igual fue llevado a la sala, en donde continuaron escuchándose las declaraciones de diversos testigos que formaron parte de una junta médica.
A poco de tomar asiento junto a sus abogados, Amín nuevamente comenzó a balbucear en voz alta frases poco claras, mientras tomaba el micrófono de manera repetida. Pese que fue llamado al orden en varias ocasiones, hizo caso omiso de los pedidos. Por esta razón, el tribunal ordenó que fuera llevado hacia una oficina contigua.
Hoy declaró Nélida Romano, la directora del hospital Obarrio, el primer lugar en donde fue alojado el imputado. "Mientras estuvo allí su comportamiento fue normal, con algunas crisis de ansiedad, pero nunca tuvimos problemas con él", manifestó a LA GACETA antes de retirarse.
Ante la consulta sobre el comportamiento actual del Amín, sostuvo: "me parece extraño porque entendía todo lo que se le indicaba. Es raro que ahora se comporte así porque esa conducta tampoco se ajusta a un perfil patológico". Y respecto de si la actitud actual del imputado sería una actuación, dijo: "podría ser". LA GACETA ©
Alrededor de las 8.30, cuando Amín era trasladado hacia la sala de los Tribunales y mientras subía por las escaleras hacia el primer piso, sorpresivamente giró y golpeó con su pie el rostro del comisario David Leiva, quien se encontraba unos escalones más abajo e integra la guardia de seis policías que lo acompañan en forma permanente.
Rápidamente fue reducido, en medio de los gritos del imputado, quien vestía la misma ropa que ayer. Igual fue llevado a la sala, en donde continuaron escuchándose las declaraciones de diversos testigos que formaron parte de una junta médica.
A poco de tomar asiento junto a sus abogados, Amín nuevamente comenzó a balbucear en voz alta frases poco claras, mientras tomaba el micrófono de manera repetida. Pese que fue llamado al orden en varias ocasiones, hizo caso omiso de los pedidos. Por esta razón, el tribunal ordenó que fuera llevado hacia una oficina contigua.
Hoy declaró Nélida Romano, la directora del hospital Obarrio, el primer lugar en donde fue alojado el imputado. "Mientras estuvo allí su comportamiento fue normal, con algunas crisis de ansiedad, pero nunca tuvimos problemas con él", manifestó a LA GACETA antes de retirarse.
Ante la consulta sobre el comportamiento actual del Amín, sostuvo: "me parece extraño porque entendía todo lo que se le indicaba. Es raro que ahora se comporte así porque esa conducta tampoco se ajusta a un perfil patológico". Y respecto de si la actitud actual del imputado sería una actuación, dijo: "podría ser". LA GACETA ©










