A algunos les surgió en la escuela, a otros entre los amigos. Muchos ya lo tienen asumido como parte de su identidad y varios aseguran que la gente los conoce más por el apodo que por su nombre de pila. Incluso, hubo quienes optaron por inscribir su mote en las boletas en tiempos de elecciones para que los votantes no se confundieran.
La costumbre de usar un apodo es tan antigua que su origen debe buscarse entre los primeros pobladores. El mote de cada individuo es, a la vez, un nombre propio: se trata de un epíteto de sus defectos o de sus virtudes externas e internas. Todas las naciones, las épocas, las culturas y las literaturas, han usado el apodo para designar castas y linajes de las personas.
En la vida política, los dirigentes no están ajenos a ese hábito que refleja rasgos de sus personalidades, sea como cualidad para enaltecer sus hazañas o para remarcar defectos que hieren la autoestima. Pero en todos, el mote es parte de la identidad; algo que los distingue del resto de las personas.
En definitiva, el sobrenombre es un aditamento propio de la cultura de los pueblos. Tanto es así que algunos de los dirigentes, que fueron consultados por LA GACETA, admiten que si se les llama por su verdadero nombre, no responden porque no se sienten identificados.
En la historia política argentina, figuran casos emblemáticos en los que el apodo sustituyó al nombre o de otros en los que se popularizó como "Pocho" para el ex gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz.
"Pocho" también solían llamar sus más íntimos al ex presidente Juan Domingo Perón y "Flaco" a Arturo Frondizi. En cambio, otros apodos tenían una fuerte carga despectiva como lo fue en el caso de Arturo Illia, a quien sus detractores le llamaban "Tortuga", para instalar la imagen de un hombre lento e irresoluto. María Estela Martínez de Perón pasó a la historia como "Isabelita", su nombre artístico.
En su círculo de amigos, al gobernador, José Alperovich, suelen llamarle "Ruso", como una costumbre generalizada para quienes profesan la religión judía. El humor de los tucumanos, al igual que en los cordobeses, siempre está presto para bautizar a la gente con apodos. En la política también se explota esa "viveza", pero en voz baja. A ningún político le gustará que le expliquen que lo apodaron "Escombro", porque no importa dónde esté, siempre molesta.
Uno por uno
Sergio Mansilla
"La burra". Toda la vida jugó al fútbol y cuando era chico era testarudo. Tanto, que el papá de un amigo dijo que parecía una burrita. De ahí le quedó el apodo por el que todos lo conocen. Fue arquero del club Jorge Newbery de Aguilares, donde se reforzó el mote. Dice que en la política abandonó las terquedades.
Antonio Guerrero
"El cabezón". Lo tiene asumido. Dice que toda la vida lo llamaron así y por una cuestión obvia. "Soy cabezón", asegura. El ex diputado del PJ relata que en los últimos tiempos bajó de peso (por una dieta) y que ratificó el apodo. Hubo un tiempo en que le decía "Gordo", pero ahora que está en línea ya no va más ese sobrenombre.
Jorge Jiménez
"El burro". En 1966, los compañeros de secundaria le pusieron el apodo. Y no fue porque tenía malas calificaciones. Hasta el día de hoy se pone colorado cuando se le consulta sobre el origen. Prefiere no contestar, pero en todos los ámbitos, el ministro de Economía es "el burro" Jiménez.
Oscar Godoy
"El zorro". Su apodo es relativamente reciente: cumplió apenas 10 años, y su autor fue Julio Miranda, quien lo bautizó cuando comenzó a apoyarlo en su campaña electoral para la gobernación. "El no sabía cómo había llegado a su entorno, y entonces decía 'este es un zorrito', pero me terminó llamando Señor Zorro", recordó.
Edmundo Jiménez
"Pirincho". Nunca supo bien el origen de su apodo, aunque lo tiene desde niño. El ministro de Gobierno cree que cuando era chico tenía algunos pelos rebeldes. También le decían "Icho". Con gracia relata que ahora perdió el pelo y que ya no valen esos sobrenombres.
Jose Cúneo Verges
"Johnny". En el peronismo, casi nadie lo llama por su nombre. El legislador responde ante cualquier llamado al diminutivo de Juan en inglés. Responsabiliza a su madre del apodo, que surgió con los retos: había visto una película donde el personaje, Johnny, era un chico muy inquieto, y le decía así cada vez que lo reprendía.
Domingo Amaya
"Colorado". La cabellera pelirroja y el rojo de su barba y de sus cejas le dieron origen al apodo del intendente de la capital. En la actividad política, todo el mundo le llama por ese mote; incluido el gobernador que, en público, suele decirle "Colorado" delante de los demás.
Ricardo Salomón
"El turco". Su apellido es de origen árabe, pero en sus primeros años en el fútbol, cuando jugaba en el Racing Club de Avellaneda, un compañero de equipo le gritó: ¡Turco!. Pero al arquero no le gustó mucho y esa actitud fue peor, porque nadie más lo llamó por su nombre.
Ramón Santiago Cano
"Cacho". Le surgió en el ámbito familiar. Había una vieja canción que le cantaba su madre cuando era chico y que decía: 'Cachito, cachito, cachito mío'. En el Concejo Deliberante le dicen "Flaco" para diferenciarlo de su par, Oscar Ramón "El Gordo" Cano (su primo).
José Luis Avignone
"Quiosco". Le llamaron así por estar lleno de "cosas", explica. Siempre era el inquieto -relata- que traía las últimas novedades de lo que estaba sucediendo, en especial en tiempos de la dictadura. En su familia le dicen "Joshela". En la actividad política, el concejal no permite que le llamen por su apodo ni siquiera en broma.
José Manuel Cano
"El gallego". Sus abuelos maternos y paternos son españoles, y a su padre le llamaban "Gallego". Heredó el apodo por ser el único varón y pasó de "Galleguito" a "Gallego". Aunque su abuela materna solía decirle "Pepito" por José, con el tiempo se perdió esa costumbre y le quedó instalado "Gallego" en todos los ámbitos.
Carlos Issa Assán
"Alito". El legislador afirma que entre los árabes -y en especial en Siria-, a los llamados Carlos suelen decirles "Alito", de la misma manera en que aquí se apoda "Pepe" a los José. Es más, confiesa que nadie lo llama por su nombre: ni siquiera ahora en la facultad. Sus profesores y sus condiscípulos le dicen "Alito", y él no reniega de ello.
Clarisa Alberstein
"Lita". Ella misma se hizo llamar así en épocas de la dictadura. Dice que fue en honor a una compañera militante del Partido Socialista de los Trabajadores, Luisa "Lita" Segura, que estaba detenida a disposición del PEN. Detalla que los seudónimos eran moneda corriente para militar en la clandestinidad.
Leopoldo Rodríguez
"El puma". En los comienzos de su etapa laboral, consiguió un puesto en un banco. Parece que no tenía buen carácter. Por eso, sus entonces compañeros de trabajo le pusieron ese apodo. Con el tiempo, el intendente de La Cocha se acostumbró y hoy es marca registrada: Por Un Municipio Más Atento (Pumma).
Fernando González
"Cultura". Cuando el peronismo estaba proscripto, los militantes solían reunirse a escondidas. González presenció una fuerte discusión hasta que él interrumpió: "somos jóvenes con capacidad, no puede ser que mostremos incultura, que cultura de aquí, que cultura de allá". Pocos saben que su nombre es Fernando.
José Franco
"El mono". Lo heredó de su padre, a quien apodaban así. Cuando nació el actual concejal de la capital pasó a ser "el monito". Ya de grande le quedó "mono". Ese apodo lo ha seguido a todas partes: en la escuela, en el servicio militar, en la Policía y en la política. Sin embargo, en su familia algunos le dicen "Kelo".
Luis Campos
"El pato". Al cumplir cinco años, su abuela le regaló un conjunto amarillo que, en el pecho, tenía dibujado un pato. Doña Juana Hernández de Flores jamás imaginó que con ese obsequio le iba a imponer un apodo a su nieto. Ahora, el intendente de Juan Bautista Alberdi utiliza su apodo hasta en las campañas electorales.
José Manuel Páez
"Pipo". Era preceptor en la Escuela de Comercio N1. Un grupo de estudiantes le puso el apodo por cariño. Mucho tiempo después, algunos de esos alumnos llegaron a la facultad de Derecho y renació el apodo, que quedó institucionalizado en la política. El ex legislador de la DC asegura que ni le disgusta ni le encanta.
César Dip
"Kelo". Asegura que le dicen así desde que tiene uso de razón, pero que -curiosamente- no conoce cuál es el origen de su apodo. No le molesta; incluso en Lules todo el mundo conoce al intendente por "Kelo". Y en una elección pidió permiso a la Junta Electoral para inscribirlo en la boleta en lugar de sus nombres: César Elías.
Gumersindo Parajón
"El loco". Hoy en día sigue vigente el apodo "Mencho", que le puso su hermana Mónica. También le decían "Caudillo". Pero en 1972, la convención de la UCR decide expulsar a Luis Rotundo y sus aliados entraron a los tiros en Rivadavia 44. El ex legislador sacó un revólver y también hizo disparos. De ahí le nació "El loco".
Rolando Alfaro
"El tano". Criado en el ex ingenio Amalia, uno de sus tíos (el padre del diputado nacional, Germán Alfaro) solía llamarlo "Tano". Para el ex legislador del PJ, el apodo pasó a ser más llamativo que su nombre Rolando. Ahora, a uno de sus hijos le dicen "Tanito".
Delia Norma Pinchetti
"Momy". Cuando nació ya había una nena en la familia. Era su prima Lynn, de tan sólo un año. Una tía comenzó a repetir los nombres de cada integrante de la familia y al llegar a ella, la tía dijo Normy, pero su prima balbuceó "momy". Ese apodo acompaña a la senadora nacional de Unión-PRO hasta en la impresión de los votos.
Hugo Lazarte
"El mula". En su adolescencia, jugó al fútbol en los clubes Belgrano y Villa Mitre, de Tafí Viejo. Admite que no era una figura en ese deporte. "Era, más bien, de mediocre para abajo", se ríe. Algunos también dicen que es caprichoso. Por una o por otra vía, vino lo de "Mula". El ex peronista reconoció que no es muy dúctil en sus opiniones.
Osvaldo Cirnigliaro
"Renzo". Su padre fue al Registro Civil a inscribirlo, pero una empleada le dijo que por decisión del gobierno de Juan Domingo Perón no se podían usar nombres extranjeros. "Anótelo como quiera, pero dígale a Perón que mi hijo será Renzo", respondió su padre.
La costumbre de usar un apodo es tan antigua que su origen debe buscarse entre los primeros pobladores. El mote de cada individuo es, a la vez, un nombre propio: se trata de un epíteto de sus defectos o de sus virtudes externas e internas. Todas las naciones, las épocas, las culturas y las literaturas, han usado el apodo para designar castas y linajes de las personas.
En la vida política, los dirigentes no están ajenos a ese hábito que refleja rasgos de sus personalidades, sea como cualidad para enaltecer sus hazañas o para remarcar defectos que hieren la autoestima. Pero en todos, el mote es parte de la identidad; algo que los distingue del resto de las personas.
En definitiva, el sobrenombre es un aditamento propio de la cultura de los pueblos. Tanto es así que algunos de los dirigentes, que fueron consultados por LA GACETA, admiten que si se les llama por su verdadero nombre, no responden porque no se sienten identificados.
En la historia política argentina, figuran casos emblemáticos en los que el apodo sustituyó al nombre o de otros en los que se popularizó como "Pocho" para el ex gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz.
"Pocho" también solían llamar sus más íntimos al ex presidente Juan Domingo Perón y "Flaco" a Arturo Frondizi. En cambio, otros apodos tenían una fuerte carga despectiva como lo fue en el caso de Arturo Illia, a quien sus detractores le llamaban "Tortuga", para instalar la imagen de un hombre lento e irresoluto. María Estela Martínez de Perón pasó a la historia como "Isabelita", su nombre artístico.
En su círculo de amigos, al gobernador, José Alperovich, suelen llamarle "Ruso", como una costumbre generalizada para quienes profesan la religión judía. El humor de los tucumanos, al igual que en los cordobeses, siempre está presto para bautizar a la gente con apodos. En la política también se explota esa "viveza", pero en voz baja. A ningún político le gustará que le expliquen que lo apodaron "Escombro", porque no importa dónde esté, siempre molesta.
Uno por uno
Sergio Mansilla
"La burra". Toda la vida jugó al fútbol y cuando era chico era testarudo. Tanto, que el papá de un amigo dijo que parecía una burrita. De ahí le quedó el apodo por el que todos lo conocen. Fue arquero del club Jorge Newbery de Aguilares, donde se reforzó el mote. Dice que en la política abandonó las terquedades.
Antonio Guerrero
"El cabezón". Lo tiene asumido. Dice que toda la vida lo llamaron así y por una cuestión obvia. "Soy cabezón", asegura. El ex diputado del PJ relata que en los últimos tiempos bajó de peso (por una dieta) y que ratificó el apodo. Hubo un tiempo en que le decía "Gordo", pero ahora que está en línea ya no va más ese sobrenombre.
Jorge Jiménez
"El burro". En 1966, los compañeros de secundaria le pusieron el apodo. Y no fue porque tenía malas calificaciones. Hasta el día de hoy se pone colorado cuando se le consulta sobre el origen. Prefiere no contestar, pero en todos los ámbitos, el ministro de Economía es "el burro" Jiménez.
Oscar Godoy
"El zorro". Su apodo es relativamente reciente: cumplió apenas 10 años, y su autor fue Julio Miranda, quien lo bautizó cuando comenzó a apoyarlo en su campaña electoral para la gobernación. "El no sabía cómo había llegado a su entorno, y entonces decía 'este es un zorrito', pero me terminó llamando Señor Zorro", recordó.
Edmundo Jiménez
"Pirincho". Nunca supo bien el origen de su apodo, aunque lo tiene desde niño. El ministro de Gobierno cree que cuando era chico tenía algunos pelos rebeldes. También le decían "Icho". Con gracia relata que ahora perdió el pelo y que ya no valen esos sobrenombres.
Jose Cúneo Verges
"Johnny". En el peronismo, casi nadie lo llama por su nombre. El legislador responde ante cualquier llamado al diminutivo de Juan en inglés. Responsabiliza a su madre del apodo, que surgió con los retos: había visto una película donde el personaje, Johnny, era un chico muy inquieto, y le decía así cada vez que lo reprendía.
Domingo Amaya
"Colorado". La cabellera pelirroja y el rojo de su barba y de sus cejas le dieron origen al apodo del intendente de la capital. En la actividad política, todo el mundo le llama por ese mote; incluido el gobernador que, en público, suele decirle "Colorado" delante de los demás.
Ricardo Salomón
"El turco". Su apellido es de origen árabe, pero en sus primeros años en el fútbol, cuando jugaba en el Racing Club de Avellaneda, un compañero de equipo le gritó: ¡Turco!. Pero al arquero no le gustó mucho y esa actitud fue peor, porque nadie más lo llamó por su nombre.
Ramón Santiago Cano
"Cacho". Le surgió en el ámbito familiar. Había una vieja canción que le cantaba su madre cuando era chico y que decía: 'Cachito, cachito, cachito mío'. En el Concejo Deliberante le dicen "Flaco" para diferenciarlo de su par, Oscar Ramón "El Gordo" Cano (su primo).
José Luis Avignone
"Quiosco". Le llamaron así por estar lleno de "cosas", explica. Siempre era el inquieto -relata- que traía las últimas novedades de lo que estaba sucediendo, en especial en tiempos de la dictadura. En su familia le dicen "Joshela". En la actividad política, el concejal no permite que le llamen por su apodo ni siquiera en broma.
José Manuel Cano
"El gallego". Sus abuelos maternos y paternos son españoles, y a su padre le llamaban "Gallego". Heredó el apodo por ser el único varón y pasó de "Galleguito" a "Gallego". Aunque su abuela materna solía decirle "Pepito" por José, con el tiempo se perdió esa costumbre y le quedó instalado "Gallego" en todos los ámbitos.
Carlos Issa Assán
"Alito". El legislador afirma que entre los árabes -y en especial en Siria-, a los llamados Carlos suelen decirles "Alito", de la misma manera en que aquí se apoda "Pepe" a los José. Es más, confiesa que nadie lo llama por su nombre: ni siquiera ahora en la facultad. Sus profesores y sus condiscípulos le dicen "Alito", y él no reniega de ello.
Clarisa Alberstein
"Lita". Ella misma se hizo llamar así en épocas de la dictadura. Dice que fue en honor a una compañera militante del Partido Socialista de los Trabajadores, Luisa "Lita" Segura, que estaba detenida a disposición del PEN. Detalla que los seudónimos eran moneda corriente para militar en la clandestinidad.
Leopoldo Rodríguez
"El puma". En los comienzos de su etapa laboral, consiguió un puesto en un banco. Parece que no tenía buen carácter. Por eso, sus entonces compañeros de trabajo le pusieron ese apodo. Con el tiempo, el intendente de La Cocha se acostumbró y hoy es marca registrada: Por Un Municipio Más Atento (Pumma).
Fernando González
"Cultura". Cuando el peronismo estaba proscripto, los militantes solían reunirse a escondidas. González presenció una fuerte discusión hasta que él interrumpió: "somos jóvenes con capacidad, no puede ser que mostremos incultura, que cultura de aquí, que cultura de allá". Pocos saben que su nombre es Fernando.
José Franco
"El mono". Lo heredó de su padre, a quien apodaban así. Cuando nació el actual concejal de la capital pasó a ser "el monito". Ya de grande le quedó "mono". Ese apodo lo ha seguido a todas partes: en la escuela, en el servicio militar, en la Policía y en la política. Sin embargo, en su familia algunos le dicen "Kelo".
Luis Campos
"El pato". Al cumplir cinco años, su abuela le regaló un conjunto amarillo que, en el pecho, tenía dibujado un pato. Doña Juana Hernández de Flores jamás imaginó que con ese obsequio le iba a imponer un apodo a su nieto. Ahora, el intendente de Juan Bautista Alberdi utiliza su apodo hasta en las campañas electorales.
José Manuel Páez
"Pipo". Era preceptor en la Escuela de Comercio N1. Un grupo de estudiantes le puso el apodo por cariño. Mucho tiempo después, algunos de esos alumnos llegaron a la facultad de Derecho y renació el apodo, que quedó institucionalizado en la política. El ex legislador de la DC asegura que ni le disgusta ni le encanta.
César Dip
"Kelo". Asegura que le dicen así desde que tiene uso de razón, pero que -curiosamente- no conoce cuál es el origen de su apodo. No le molesta; incluso en Lules todo el mundo conoce al intendente por "Kelo". Y en una elección pidió permiso a la Junta Electoral para inscribirlo en la boleta en lugar de sus nombres: César Elías.
Gumersindo Parajón
"El loco". Hoy en día sigue vigente el apodo "Mencho", que le puso su hermana Mónica. También le decían "Caudillo". Pero en 1972, la convención de la UCR decide expulsar a Luis Rotundo y sus aliados entraron a los tiros en Rivadavia 44. El ex legislador sacó un revólver y también hizo disparos. De ahí le nació "El loco".
Rolando Alfaro
"El tano". Criado en el ex ingenio Amalia, uno de sus tíos (el padre del diputado nacional, Germán Alfaro) solía llamarlo "Tano". Para el ex legislador del PJ, el apodo pasó a ser más llamativo que su nombre Rolando. Ahora, a uno de sus hijos le dicen "Tanito".
Delia Norma Pinchetti
"Momy". Cuando nació ya había una nena en la familia. Era su prima Lynn, de tan sólo un año. Una tía comenzó a repetir los nombres de cada integrante de la familia y al llegar a ella, la tía dijo Normy, pero su prima balbuceó "momy". Ese apodo acompaña a la senadora nacional de Unión-PRO hasta en la impresión de los votos.
Hugo Lazarte
"El mula". En su adolescencia, jugó al fútbol en los clubes Belgrano y Villa Mitre, de Tafí Viejo. Admite que no era una figura en ese deporte. "Era, más bien, de mediocre para abajo", se ríe. Algunos también dicen que es caprichoso. Por una o por otra vía, vino lo de "Mula". El ex peronista reconoció que no es muy dúctil en sus opiniones.
Osvaldo Cirnigliaro
"Renzo". Su padre fue al Registro Civil a inscribirlo, pero una empleada le dijo que por decisión del gobierno de Juan Domingo Perón no se podían usar nombres extranjeros. "Anótelo como quiera, pero dígale a Perón que mi hijo será Renzo", respondió su padre.







