"Ser militante es una categoría superior"

El ex senador asegura que hay sectores del agro que tienen ánimo destituyente y que están guiados sólo por su interés económico. Sostiene que el Gobierno conserva valores del justicialismo, pero señala errores en la gestión.

LA POLITICA COMO PASION. Cafiero fustiga a quienes actúan en provecho propio y no por una causa superior. LA GACETA/OSVALDO RIPOLL
LA POLITICA COMO PASION. Cafiero fustiga a quienes actúan en provecho propio y no por una causa superior. LA GACETA/OSVALDO RIPOLL
Por Redacción Política 30 Agosto 2009
Las puertas del ascensor se abren y Antonio Cafiero sale con sus años de política a cuestas. El ex ministro de Comercio Exterior de la Nación entre 1952 y 1955 saluda de manera inexpresiva, hasta con cierta incomodidad o desconfianza. El peronista de 87 años pide un café, que nunca terminará, y se sienta en uno de los sillones del Catalinas Park. Las preguntas y los saludos de rigor lo desaniman, se muestra apático. Hasta que la charla se encauza hacia su pasión. Ahí se transforma, se muestra locuaz, entusiasmado, irónico. Habla con picardía y ensaya reflexiones.
"Cuando usted me pide que me defina, ya sea como un político, como un peronista, o como lo que sea, siempre digo que soy un militante: una categoría distinta. A mi juicio, superior", establece, sin ningún aire de soberbia.

- ¿Todavía hay militancia?
- Hay. Los militantes no son tantos como fueron, pero todavía en algunos sectores el sentido de la militancia tiene algún valor. Fue desapareciendo porque las grandes causas fueron perdiendo importancia. Y la militancia surge cuando hay una causa. Lamentablemente, la política se ha quedado sin ese sentido trascendente, casi épico, que tuvo en muchos momentos de la vida del país. La política no despierta, sobre todo en los jóvenes, una idea superior, de que existe algo por lo cual luchar. Y entonces se pierde el atractivo de la militancia.

- ¿La política perdió atractivo?
- Es un fenómeno universal. La militancia política se debilitó. Hasta el marxismo, el comunismo, ha perdido toda importancia en la vida actual de la sociedad.

- El conflicto con el campo, a priori, se muestra como un fenómeno movilizante.
- Sí, ha hecho surgir un nuevo sector de la sociedad que se ha posesionado de una causa. Lo que pasa es que esa causa viene ligada a intereses económicos. Una cosa que me motiva para mejorar mi situación económica no tiene el mismo sentido que cuando es para mejorar el conjunto de la sociedad.

- ¿Es válido que, de esa causa, hayan surgido actores políticos sin militancia?
- Bueno, lo que pasa es que el conflicto sirvió para que aparezcan líderes que nunca tuvieron preocupación por los destinos del país y que hoy son adalides de la Constitución nacional y de las libertades. No les importó nunca esto; el país sufrió etapas muy dolorosas de inconstitucionalidad, de pérdida de las libertades. Y no conozco que hayan manifestado su opinión. Hoy, uno encuentra algún dirigente agrario que asume la defensa de la Constitución con una fuerza que uno dice "¡caramba! ¡qué bien! ¡qué transformación!", pero no es así. El despertar por la defensa de esos valores está ligado a un interés económico propio.

- ¿Qué siente cuando dirigentes como Felipe Solá o Carlos Reutemann, suben a ese tren?
- No los voy a juzgar, son amigos míos. Ellos tendrán otra interpretación de la situación y ninguno va a aceptar que está confundiendo una causa con un interés personal. Esto es lo que debe desalentar a la juventud, porque los jóvenes, para entrar en política, quieren causas claras. Pero cuando la política se torna vehículo de intereses corporativos, pierde atractivo.

- Hablando de causas, ¿los Kirchner pelean por una valedera?
- Se mezclan cosas disímiles. Es, tal vez, justificado que una corporación defienda los intereses corporativos. El Gobierno, que manejó estúpidamente mal todo este proceso, creó un conflicto innecesario: no tuvo inteligencia para abordar un tema grave. Pero la culpa no es sólo del Gobierno: me consta que algunos de los sectores agropecuarios tienen ánimo destituyente.

- ¿El kirchnerismo es consecuente con la doctrina peronista?
- No es tan fácil la respuesta. En sus grandes líneas, el matrimonio ha conservado los valores del peronismo. Por ejemplo, creo que fue peronista con las retenciones, porque hay que hacer una distribución de la riqueza y eso no se puede hacer sin castigar impositivamente a los que más ganan. Lo mismo que la estatización de los aportes jubilatorios; eso lo pedían todos los partidos políticos. También estuvo muy bien el trato que dio (Roberto) Lavagna a la deuda externa. Claro que después lo echaron.

- ¿Y el estilo confrontativo?
- Juan Domingo Perón, cuando inició su tercer mandato presidencial, hizo un corte con el pasado. Dijo: "en adelante, para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino". Convocó a todos los partidos y empezó a hablar del proyecto nacional. Durante la primera época, en cambio, fue confrontativo. ¡Cómo no iba a serlo si estaba haciendo una revolución! Estaba cambiando el modelo de la redistribución de la riqueza, ¿cómo podía hacer eso en la más absoluta paz? Había lucha. Pero ese período se terminó. Los grandes objetivos del justicialismo se han cumplido.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios