El reclamo del director

Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción de LA GACETA.

SOMOS ACTORES. Cástulo Guerra, Pepe Avila y la troupe de cómicos.
"SOMOS ACTORES". Cástulo Guerra, Pepe Avila y la "troupe" de cómicos.
28 Agosto 2009

Mayo de 1971. Dirigidos por Boyce Díaz Ulloque, ensayábamos "Rosencrantz y Guildenstern han muerto", de Tom Stoppard, en el Teatro Universitario. La pieza es una inteligente mirada "desde bastidores" de "Hamlet", el inmortal drama de Shakespeare. Stoppard toma a los dos amigos de la juventud del atormentado príncipe (personajes totalmente secundarios en la trama original) y los muestra cuando no están en escena en el drama shakespeariano, haciéndolos interrogarse sobre el azar, la fatalidad, el destino y las posibilidades que tienen de escapar de los acontecimientos futuros. Cástulo Guerra era el primer actor de una deshilachada "troupe" de cómicos que llega al palacio de Elsinore para representar ante los reyes de Dinamarca, y Julio Ferdman, Jorge Scanavino, Mauricio Semelman, mi hermano Raúl y yo encarnábamos a los actores.En su puesta en escena, Boyce le había asignado mucha tarea a este grupo de cómicos; la escenografía propuesta por Alberto Lombana, austera y amplísima, permitía explotar la totalidad del espacio escénico del teatro Alberdi. En el tercer acto, el barco que conduce a Hamlet y a sus amigos a Inglaterra es atacado por piratas; en el escenario apenas iluminado por un par de reflectores teñidos de azul, los cinco cómicos teníamos que lanzarnos colgados de sendas sogas; el lance más arriesgado estaba a cargo de Jorge Scanavino, porque debía balancearse de lado a lado cubriendo todo el ancho del escenario. Boyce, un perfeccionista que cuidaba casi obsesivamente los detalles de sus puestas, había marcado que mientras cruzábamos la escena debíamos gritar "¡piratas!" para agregarle dramatismo a los ruidos bélicos de la banda sonora.En el primer ensayo, la soga de Jorge cedió unos centímetros, los suficientes como para que no pudiera llegar de pie a la plataforma de destino; a la velocidad desarrollada en el arco de su trayectoria, el actor chocó de lleno con el entrepiso de cemento que tenía enfrente. Cayó pesadamente, y todos corrimos a ver qué le había sucedido. Jorge, que tenía experiencia acrobática porque había trabajado en circos, ya se estaba levantando, sano y salvo. Boyce, más tranquilo al ver que nada grave había ocurrido, le espetó: "Scanavino, te olvidaste de gritar ¡piratas!"

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios