¿Un juez debe asumir una actitud activista o garantista? Alrededor de esta inquietante pregunta, respecto de la cual no hay aún una respuesta definitiva, giró anoche la conferencia que, en el teatro San Martín (estaba casi colmado), pronunció el destacado jurista santafesino Néstor Pedro Sagüés. La exposición sirvió para abrir el Congreso de Derecho Constitucional y XIX Encuentro de Profesores de la materia.
El catedrático comenzó planteando este interrogante: "dentro del proceso, ¿el juez debe asumir un rol protagónico, en la búsqueda de la verdad y de la justicia o, por el contrario, debe adoptar una actitud fundamentalmente imparcial, más retraída pero no menos importante, en aras de garantizar a las partes los principios del debido proceso?".
Tras aclarar que se trata de un tema de suma actualidad, Sagüés detalló que el activismo insta a que el magistrado, además de aspirar siempre a desentrañar la verdad real o material, sea un activo promotor de los derechos humanos. "Esto, por ejemplo, lleva a reemplazar la interpretación imparcial clásica de la Constitución por otra tuitiva o protectora, en favor de los más débiles o de los más desaventajados. Del mismo modo, se sustituye la idea de una jurisdicción imparcial por otra protectora", recalcó.
Tomando prestada una imagen del jurista estadounidense Ronald Dworkin, el constitucionalista remató: "en la visión activista, se trata de un juez ’Hércules’, perspicaz, sabio, dedicado estrictamente al proceso y, sobre todo, con tremendos poderes".
Otra mirada
Como contrapartida, según expresó, el garantismo privilegia las garantías judiciales del debido proceso. "En términos básicos y fundamentales, pretende un juez neutral o imparcial, y el objetivo de este no va a ser la verdad material, sino la procesal", agregó.
Sagüés insistió en el mismo concepto. "Consecuentemente, el garantismo condena la imagen del juez ’Hércules’, protector, investigador o preservador que, según la mirada activista, es una suerte de ’santo ángel’ conductor del proceso. Para el garantismo, en cambio, será un inquisidor o ’Torquemada judicial’, que cumple papeles que atentan contra la igualdad de las partes en el proceso judicial", subrayó el docente.
¿Cuál postura es más compatible con la Constitución? Para responder a esta pregunta, según el profesor de la Universidad de Buenos Aires (entre otras), no basta con recurrir a la jurisprudencia de las Cortes Suprema de Justicia de la Nación o Interamericana de Derechos Humanos, porque, como si se tratara de una suerte de "esquizofrenia", promueven una y otra actitud. "Mientras nuestra Corte no aclare si el valor supremo será la búsqueda de la justicia o la de la imparcialidad, será útil ampliar la legitimación y la participación en los procesos constitucionales", sugirió Sagüés, entre aplausos.
El catedrático comenzó planteando este interrogante: "dentro del proceso, ¿el juez debe asumir un rol protagónico, en la búsqueda de la verdad y de la justicia o, por el contrario, debe adoptar una actitud fundamentalmente imparcial, más retraída pero no menos importante, en aras de garantizar a las partes los principios del debido proceso?".
Tras aclarar que se trata de un tema de suma actualidad, Sagüés detalló que el activismo insta a que el magistrado, además de aspirar siempre a desentrañar la verdad real o material, sea un activo promotor de los derechos humanos. "Esto, por ejemplo, lleva a reemplazar la interpretación imparcial clásica de la Constitución por otra tuitiva o protectora, en favor de los más débiles o de los más desaventajados. Del mismo modo, se sustituye la idea de una jurisdicción imparcial por otra protectora", recalcó.
Tomando prestada una imagen del jurista estadounidense Ronald Dworkin, el constitucionalista remató: "en la visión activista, se trata de un juez ’Hércules’, perspicaz, sabio, dedicado estrictamente al proceso y, sobre todo, con tremendos poderes".
Otra mirada
Como contrapartida, según expresó, el garantismo privilegia las garantías judiciales del debido proceso. "En términos básicos y fundamentales, pretende un juez neutral o imparcial, y el objetivo de este no va a ser la verdad material, sino la procesal", agregó.
Sagüés insistió en el mismo concepto. "Consecuentemente, el garantismo condena la imagen del juez ’Hércules’, protector, investigador o preservador que, según la mirada activista, es una suerte de ’santo ángel’ conductor del proceso. Para el garantismo, en cambio, será un inquisidor o ’Torquemada judicial’, que cumple papeles que atentan contra la igualdad de las partes en el proceso judicial", subrayó el docente.
¿Cuál postura es más compatible con la Constitución? Para responder a esta pregunta, según el profesor de la Universidad de Buenos Aires (entre otras), no basta con recurrir a la jurisprudencia de las Cortes Suprema de Justicia de la Nación o Interamericana de Derechos Humanos, porque, como si se tratara de una suerte de "esquizofrenia", promueven una y otra actitud. "Mientras nuestra Corte no aclare si el valor supremo será la búsqueda de la justicia o la de la imparcialidad, será útil ampliar la legitimación y la participación en los procesos constitucionales", sugirió Sagüés, entre aplausos.
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