Así como los sueños tienen asignado un número en el azar, los regalos de cumpleaños guardan un mensaje encriptado para el destinatario. Ayer, cuando festejó sus 51 años de vida, el intendente de la capital, Domingo Amaya, recibió varios obsequios sugerentes.
Uno de los regalos que despertó suspicacias fue el que le hizo el presidente del Concejo Deliberante, Ramón Santiago Cano (PJ). El edil llegó a la intendencia con una lapicera, nada más y nada menos. ¿Será para que, en adelante, Amaya firme los aumentos del precio del cospel?, se preguntaron algunos de los presentes en el brindis. El propio Cano negó que haya intentado dejarle un mensaje al jefe municipal, pero no pudo evitar los comentarios.
El secretario de Gobierno, Walter Berarducci, por su parte, le obsequió un par de zapatos. "Es para que siga recorriendo la ciudad como lo ha hecho hasta ahora", aseguró sonriente. El edil José Franco (PJ), en tanto, eligió obsequiarle una camisa. "Es más liviana que el chaleco antibalas", bromeó el titular de la comisión de Hacienda.
Al momento de soplar las velitas, había tres tortas rigurosamente decoradas. Con picardía, el radical José Luis Avignone, le obsequió un halago expresado en el saludo al cumpleañero. "¿Cómo le va gobernador?", le preguntó tres veces.
El edil Oscar Cano, le entregó un par de zapatillas, a sabiendas de que Amaya suele dedicarle tiempo a la gimnasia. Las ausencias también dejaron un mensaje. El edil Esteban Dumit (vinculado al diputado Gerónimo Vargas Aignasse) prefirió -al igual que en 2008- ni acercarse por la intendencia. Tampoco asistieron José Costanzo (Partido Autónomo) y Claudio Viña (FR). Sin embargo, el bussista le envió, por medio de su secretaria, un vino de la variedad malbec. "No fui a la intendencia, porque no sabía si había viajado", ironizó Viña.
Las bebidas alcohólicas (vinos finos y whisky) fueron mayoría entre los regalos que recibió de parte de concejales y de funcionarios del gabinete municipal. Después del brindis se comentó con jocosidad que en la quiniela había salido el 51 a la cabeza, pero la noche anterior al festejo. De modo que varios apostadores se quedaron con las ganas. También se dijo que en los sueños, el 51 es el serrucho y ya nadie paró de cuchichear, inclusive, hasta después de haber salido de la intendencia.
Uno de los regalos que despertó suspicacias fue el que le hizo el presidente del Concejo Deliberante, Ramón Santiago Cano (PJ). El edil llegó a la intendencia con una lapicera, nada más y nada menos. ¿Será para que, en adelante, Amaya firme los aumentos del precio del cospel?, se preguntaron algunos de los presentes en el brindis. El propio Cano negó que haya intentado dejarle un mensaje al jefe municipal, pero no pudo evitar los comentarios.
El secretario de Gobierno, Walter Berarducci, por su parte, le obsequió un par de zapatos. "Es para que siga recorriendo la ciudad como lo ha hecho hasta ahora", aseguró sonriente. El edil José Franco (PJ), en tanto, eligió obsequiarle una camisa. "Es más liviana que el chaleco antibalas", bromeó el titular de la comisión de Hacienda.
Al momento de soplar las velitas, había tres tortas rigurosamente decoradas. Con picardía, el radical José Luis Avignone, le obsequió un halago expresado en el saludo al cumpleañero. "¿Cómo le va gobernador?", le preguntó tres veces.
El edil Oscar Cano, le entregó un par de zapatillas, a sabiendas de que Amaya suele dedicarle tiempo a la gimnasia. Las ausencias también dejaron un mensaje. El edil Esteban Dumit (vinculado al diputado Gerónimo Vargas Aignasse) prefirió -al igual que en 2008- ni acercarse por la intendencia. Tampoco asistieron José Costanzo (Partido Autónomo) y Claudio Viña (FR). Sin embargo, el bussista le envió, por medio de su secretaria, un vino de la variedad malbec. "No fui a la intendencia, porque no sabía si había viajado", ironizó Viña.
Las bebidas alcohólicas (vinos finos y whisky) fueron mayoría entre los regalos que recibió de parte de concejales y de funcionarios del gabinete municipal. Después del brindis se comentó con jocosidad que en la quiniela había salido el 51 a la cabeza, pero la noche anterior al festejo. De modo que varios apostadores se quedaron con las ganas. También se dijo que en los sueños, el 51 es el serrucho y ya nadie paró de cuchichear, inclusive, hasta después de haber salido de la intendencia.







