14 Agosto 2009 Seguir en 
"Mandada a construir, en 1893, por Doña Dorotea Paz de Cossio a la memoria de su esposo Rufino Cossio", puede leerse en la placa que aún se conserva en la fachada del templo. Esa hoja de bronce es lo único que sigue incólume al paso del tiempo, porque el abandono del edificio es tal que los pájaros se adueñaron de sus recovecos para anidar sin curiosos que los fastidien.
El canto de las aves le da vida al predio que parece desfallecer sin que nadie repare en sus años de fulgor. La capilla de San Patricio, en La Ramada, está emplazada a la vera de la ruta provincial 304, a unos 35 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Al acercarse se descubren los ventanales rotos, un enorme portal de madera más estropeado que las paredes casi sin revoques. En lo más alto del edificio reposa una cruz de hierro y un silencioso campanario sin campana. Muy pocos recuerdan que ese templo fue el primero que se construyó en el departamento Burruyacu, pero ahora el desinterés le dio paso al abandono, que amenaza con la destrucción total de esta reliquia del pasado.
El canto de las aves le da vida al predio que parece desfallecer sin que nadie repare en sus años de fulgor. La capilla de San Patricio, en La Ramada, está emplazada a la vera de la ruta provincial 304, a unos 35 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Al acercarse se descubren los ventanales rotos, un enorme portal de madera más estropeado que las paredes casi sin revoques. En lo más alto del edificio reposa una cruz de hierro y un silencioso campanario sin campana. Muy pocos recuerdan que ese templo fue el primero que se construyó en el departamento Burruyacu, pero ahora el desinterés le dio paso al abandono, que amenaza con la destrucción total de esta reliquia del pasado.









