14 Agosto 2009 Seguir en 
Francisco es alto, moreno y complaciente. Tiene 20 años, pero parece aún mayor. Camina lento y nunca se queja de nada. Con el pelo negro azabache anda por los senderos de la montaña, donde se mueve como pancho por su casa. Demuestra una fuerza extraordinaria para subir por los caminos empedrados. Como buen caballo, Francisco siempre está presto para las cabalgatas por estas tierras de clima manso y tranquilo en el departamento Burruyacu. En este sitio se termina la ruta enripiada, no hay más caminos en el norte tucumano y, como dicen los lugareños, es "donde el viento pega la vuelta".
La tranquilidad del lugar se contagia entre los pobladores que muestran un ritmo de vida parsimonioso. En las cumbres de la serranía hay tanta quietud que hasta da la sensación de que el viento se va a dormir una siesta interminable. Después del asado, que humea al costado de un arroyo, es el momento ideal para cabalgar. El silencio se vuelve perceptible, incluso ante los ojos. No se mueven ni las hojas, como queriendo no interrumpir el sosiego del extenso cinturón montañoso.
Sobre el terreno agreste crecen el churqui, un arbusto espinoso que se usa para el fuego y también el molle del cerro, un árbol de hojas perennes, con copa redondeada y elegante. Los lugareños recomiendan preparar un té de hojas de molle para sacar provecho de sus propiedades digestivas. Entre la fauna autóctona suelen verse las corzuelas escapándose de los perros y de la presencia del hombre. También deambula la llamada pava del monte, que se alimenta de granos, frutos, flores, larvas e insectos. Se trata de un animal en peligro de extinción debido a la caza furtiva.
Al llegar a Río Nío hay que girar por la ruta 310 (enripiada) hasta subir a las cumbres. El trayecto no está señalizado, pero sí en buenas condiciones.
El camino es uno solo, lo que hace imposible que alguien pierda la ubicación. Además, si hay algo que caracteriza a los pobladores es la amabilidad para orientar a los recién llegados por esos territorios inexplorados ni aprovechados para la actividad turística.
Quienes buscan un lugar para descansar por unas horas en medio de las montañas, donde habita la tranquilidad, y bien alejado de las zonas urbanas, lo ideal es recorrer las Sierras de Medina.
La falta de infraestructura obliga a los visitantes, primero, a contar con un vehículo propio y, segundo, a preparar de antemano sus enseres para elaborar un buen asado cerca del arroyo que se arrastra ondulante entre las piedras.
El trayecto es tan poco transitado que a medida que se avanza hacia los vértices de la montaña se levanta una polvareda que forma una cortina. Al final, se abre ante un horizonte de paisajes sublimes, donde sólo se oye el mugido del ganado y, a veces, el silbido de las hojas de los pinos. Ahí donde el viento pega la vuelta.
Cómo llegar
- Recorrido: salir por la ruta 304. Al llegar a Benjamín Aráoz doblar por la ruta 310. Pasar Río Nío para subir a las cumbres.
- Distancia: hay alrededor de 90 km desde la ciudad hasta Aguas Negras, el último pueblo.
- Tiempo: en 80 minutos se puede llegar a destino.
La tranquilidad del lugar se contagia entre los pobladores que muestran un ritmo de vida parsimonioso. En las cumbres de la serranía hay tanta quietud que hasta da la sensación de que el viento se va a dormir una siesta interminable. Después del asado, que humea al costado de un arroyo, es el momento ideal para cabalgar. El silencio se vuelve perceptible, incluso ante los ojos. No se mueven ni las hojas, como queriendo no interrumpir el sosiego del extenso cinturón montañoso.
Sobre el terreno agreste crecen el churqui, un arbusto espinoso que se usa para el fuego y también el molle del cerro, un árbol de hojas perennes, con copa redondeada y elegante. Los lugareños recomiendan preparar un té de hojas de molle para sacar provecho de sus propiedades digestivas. Entre la fauna autóctona suelen verse las corzuelas escapándose de los perros y de la presencia del hombre. También deambula la llamada pava del monte, que se alimenta de granos, frutos, flores, larvas e insectos. Se trata de un animal en peligro de extinción debido a la caza furtiva.
Al llegar a Río Nío hay que girar por la ruta 310 (enripiada) hasta subir a las cumbres. El trayecto no está señalizado, pero sí en buenas condiciones.
El camino es uno solo, lo que hace imposible que alguien pierda la ubicación. Además, si hay algo que caracteriza a los pobladores es la amabilidad para orientar a los recién llegados por esos territorios inexplorados ni aprovechados para la actividad turística.
Quienes buscan un lugar para descansar por unas horas en medio de las montañas, donde habita la tranquilidad, y bien alejado de las zonas urbanas, lo ideal es recorrer las Sierras de Medina.
La falta de infraestructura obliga a los visitantes, primero, a contar con un vehículo propio y, segundo, a preparar de antemano sus enseres para elaborar un buen asado cerca del arroyo que se arrastra ondulante entre las piedras.
El trayecto es tan poco transitado que a medida que se avanza hacia los vértices de la montaña se levanta una polvareda que forma una cortina. Al final, se abre ante un horizonte de paisajes sublimes, donde sólo se oye el mugido del ganado y, a veces, el silbido de las hojas de los pinos. Ahí donde el viento pega la vuelta.
Cómo llegar
- Recorrido: salir por la ruta 304. Al llegar a Benjamín Aráoz doblar por la ruta 310. Pasar Río Nío para subir a las cumbres.
- Distancia: hay alrededor de 90 km desde la ciudad hasta Aguas Negras, el último pueblo.
- Tiempo: en 80 minutos se puede llegar a destino.









