Crisis por capas

Los problemas educativos se acumulan.

08 Marzo 2003
Por Roberto Delgado

La furia de los docentes prácticamente desairados por el Gobierno contrasta con las muecas de inquieta algarabía con que los funcionarios celebran el único cambio de ministros no provocado por una crisis feroz, sino por necesidades electorales. Mientras Julio Miranda y sus ministros analizan dentro de los muros de la Casa de Gobierno (o en las mesas de un bar del parque) las nuevas jugadas de la interna del justicialismo, afuera, en la plaza Independencia, las carpas de protesta de los maestros se multiplican. Porque la crisis sigue, y es peor que hace un año, aunque los funcionarios ya estén pensando en la próxima administración gubernamental.
Ayer faltaba solamente la decisión de ATEP, el gremio mayoritario de los docentes, para confirmar que no comenzarán las clases el lunes y que habrá movilizaciones. Hasta ahora, se pide aumento de sueldo y una serie de reivindicaciones derivadas del deterioro que produjo en los salarios de los maestros el año brutal de la devaluación. El Gobierno sólo ofrece una suma fija de $ 150 por una única vez, y en tres partes, y en tickets, a sabiendas de que esto generará conflictos. "Lo que ofrece el Gobierno es obsceno", dijo Carlos Arnedo, de la UDT, al mostrar que hay sueldos prácticamente de indigencia y que el adicional de $ 55 se cobra en negro desde hace doce años.
Esta fue una de las promesas oficiales de 2002, cuando las clases se iniciaron confusa y tardíamente, luego de dos semanas de huelga. Entonces el gobernador tuvo que reunirse (como siempre) con el titular de ATEP, César Zelarayán, para terminar el conflicto. Le hizo algunas concesiones menores, como dejar sin efecto nombramientos, no hacer cambios en el conflictivo equilibrio entre los sistemas público y privado en la aplicación de la EGB 3 y aumento de comedores, y le hizo muchas promesas. No se trató después la recomposición salarial y tampoco cumplió con la comida para las escuelas. Poco después estallaría la crisis de los comedores escolares, por la cual hay un ex funcionario procesado, César Suedan.
Si hace un año había razones de más para protestar, hoy las causas de la crisis educativa parecen ser capas que se amontonan sobre un sustrato de desinterés oficial. Desde que en 2000 se eliminó parcialmente del sistema a la EGB 3, los tironeos en una educación mal ensamblada aumentan día a día, dejando tendales de alumnos sin contención: el año pasado se perdió el 50% de los días de clase. Cada vez se habla menos de educación y más de economía. "La respuesta al problema está en Economía y en el nivel político", dijo la directora de Enseñanza Básica, cuando renunció junto con el equipo educativo.
El ministro de Economía José Alberto Cúneo Vergés quiere aprovechar también esta crisis para desprenderse de gente de tendencia "olijelista" nombrada por la ministra de Educación Olga Morales, pero dentro del gabinete no hay consenso sobre la forma en que se encaró la negociación. Para algunos, bastaba con pagar los sueldos y no arriesgarse a ofrecer una suma extra que, antes o después, tendrá que ser extendida a toda la administración.
Ahora el conflicto ha estallado. Miranda negociará nuevamente con Zelarayán y tratará de levantar el paro apenas comience la semana. Pero todo acuerdo será, otra vez, una pequeña victoria por cansancio. Será otro ladrillo en la pared que aísla a Tucumán del progreso. La educación en serio sigue barranca abajo: Miranda nunca supo qué hacer con ella.

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