31 Julio 2009 Seguir en 
La transgresión, la intolerancia y la violencia revelan el malestar de una sociedad. Estas se han vuelto casi en una constante en las calles tucumanas, en lo que a materia de tránsito se refiere. La falta de respeto de los automovilistas por los peatones es cada vez más preocupante. La obcecación entre ellos mismos surge por cosas mínimas, como por ejemplo, demorarse a pasar un semáforo.
En nuestra edición de ayer, publicamos el caso de un hombre que golpeó a una mujer tras un incidente generado a raíz del tránsito. El hecho sucedió cerca en la avenida Wenceslao Posse al 300. Una mujer que circulaba hacia el norte en un utilitario fue rozado por un auto que iba en el mismo sentido. Su conductor le cruzó el vehículo para impedirle el paso. El individuo, totalmente fuera de sí, tomó de los cabellos a la dama, la sacó del vehículo y le dio un cachetazo. Varios choferes de ómnibus que se hallaban en la zona corrieron a defender a la mujer, pero el sobrino del conductor, habría hecho tres disparos al aire para desalentarlos que intervinieran. Los agresores fueron finalmente detenidos.
En abril pasado, un hombre de 86 años fue rozado por un taxista en 24 de Septiembre y Laprida, golpeando una de sus piernas. El episodio motivó un fuerte cruce verbal entre el anciano y el taxista. "Estaba terminando de pasar y él me chocó. No puede ser que no haya respeto por la gente mayor. Siempre confié en la buena gente, pero lamentablemente hay algunos que no tienen respeto por los mayores, como yo. No piensan nunca en los viejos. ¿No tienen padres, no tienen abuelos?", afirmó la víctima, mientras que el automovilista dijo: "Yo venía doblando, pero él no se fijó cuando cruzaba". El anciano pidió que la Justicia castigara a aquellos conductores que no respeten a los peatones. en esa oportunidad, la autoridad municipal señaló que dijo que los taxistas y los colectiveros son los que más suelen avanzar sobre la senda peatonal y acotó que reciben muchas quejas de ciudadanos que no pueden cruzar porque los autos paran sobre la senda. Indicó que los tiempos entre las luces del semáforo, incluso el instante en que están en rojo para las dos calles de la intersección, están calculados para que el peatón pueda terminar de cruzar. El problema es que los automovilistas a veces no respetan esto.
Uno de los caos más recordados por la extremada violencia fue el registrado en noviembre de 2007, en la esquina de Barrio Norte, cuando a raíz de una discusión por motivos automovilísticos, un joven de 19 años agredió alevosamente a un hombre de 30, tras perseguirlo durante varias cuadras.
Estos episodios reflejan a una sociedad problematizada, en la que basta una mínima chispa para desencadenar un hecho de proporciones. Si bien en algunos casos, estas reacciones desproporcionadas pueden ser producto de personalidades alteradas, por otro lado, en una buena parte de los conductores -tanto automovilistas como motociclistas- se observa una suerte de incontinencia por cruzar una esquina semaforizada, incluso cuando ambos semáforos permanecen en rojo para el paso del peatón. Al menor esbozo de un embotellamiento, las bocinas atormentan a los peatones y a los vecinos. Da la impresión de que todos tienen urgencia por llegar a destino y nadie soporta detenerse un segundo.
La falta de sanciones duras a los infractores, los controles esporádicos, la facilidad para sacar el carnet de manejo en los distintos municipios, la ausencia de controles psicológicos con alguna periodicidad tal vez sean motivos que les hayan hecho creer a los conductores que son los dueños de las calles y que gozan de una relativa impunidad. Con educación y aplicación de las normas tal vez puedan revertirse estas malas prácticas.
En nuestra edición de ayer, publicamos el caso de un hombre que golpeó a una mujer tras un incidente generado a raíz del tránsito. El hecho sucedió cerca en la avenida Wenceslao Posse al 300. Una mujer que circulaba hacia el norte en un utilitario fue rozado por un auto que iba en el mismo sentido. Su conductor le cruzó el vehículo para impedirle el paso. El individuo, totalmente fuera de sí, tomó de los cabellos a la dama, la sacó del vehículo y le dio un cachetazo. Varios choferes de ómnibus que se hallaban en la zona corrieron a defender a la mujer, pero el sobrino del conductor, habría hecho tres disparos al aire para desalentarlos que intervinieran. Los agresores fueron finalmente detenidos.
En abril pasado, un hombre de 86 años fue rozado por un taxista en 24 de Septiembre y Laprida, golpeando una de sus piernas. El episodio motivó un fuerte cruce verbal entre el anciano y el taxista. "Estaba terminando de pasar y él me chocó. No puede ser que no haya respeto por la gente mayor. Siempre confié en la buena gente, pero lamentablemente hay algunos que no tienen respeto por los mayores, como yo. No piensan nunca en los viejos. ¿No tienen padres, no tienen abuelos?", afirmó la víctima, mientras que el automovilista dijo: "Yo venía doblando, pero él no se fijó cuando cruzaba". El anciano pidió que la Justicia castigara a aquellos conductores que no respeten a los peatones. en esa oportunidad, la autoridad municipal señaló que dijo que los taxistas y los colectiveros son los que más suelen avanzar sobre la senda peatonal y acotó que reciben muchas quejas de ciudadanos que no pueden cruzar porque los autos paran sobre la senda. Indicó que los tiempos entre las luces del semáforo, incluso el instante en que están en rojo para las dos calles de la intersección, están calculados para que el peatón pueda terminar de cruzar. El problema es que los automovilistas a veces no respetan esto.
Uno de los caos más recordados por la extremada violencia fue el registrado en noviembre de 2007, en la esquina de Barrio Norte, cuando a raíz de una discusión por motivos automovilísticos, un joven de 19 años agredió alevosamente a un hombre de 30, tras perseguirlo durante varias cuadras.
Estos episodios reflejan a una sociedad problematizada, en la que basta una mínima chispa para desencadenar un hecho de proporciones. Si bien en algunos casos, estas reacciones desproporcionadas pueden ser producto de personalidades alteradas, por otro lado, en una buena parte de los conductores -tanto automovilistas como motociclistas- se observa una suerte de incontinencia por cruzar una esquina semaforizada, incluso cuando ambos semáforos permanecen en rojo para el paso del peatón. Al menor esbozo de un embotellamiento, las bocinas atormentan a los peatones y a los vecinos. Da la impresión de que todos tienen urgencia por llegar a destino y nadie soporta detenerse un segundo.
La falta de sanciones duras a los infractores, los controles esporádicos, la facilidad para sacar el carnet de manejo en los distintos municipios, la ausencia de controles psicológicos con alguna periodicidad tal vez sean motivos que les hayan hecho creer a los conductores que son los dueños de las calles y que gozan de una relativa impunidad. Con educación y aplicación de las normas tal vez puedan revertirse estas malas prácticas.







