29 Julio 2009 Seguir en 
Hay un viejo adagio que señala que "Dios le da pan al que no tiene dientes" que ha sobrevivido a lo largo de los siglos. Pinta la situación de aquellos que por ignorancia, indiferencia o desapego afectivo desaprovechan los dones que poseen. La naturaleza de Tucumán es privilegiada, razón por la cual en el siglo XIX se ganó el mote de "Jardín de la República", pero sus habitantes se empeñan en descuidarla. Podría atribuirse ese defecto a la falta de leyes que corrijan las conductas desviadas, sin embargo, pareciera ser que las normas sobran; el problema es que se las transgrede.
Por ejemplo, la ley 6.253, en el artículo 38, prohíbe la quema de caña como método auxiliar de la cosecha. En enero de 2007, esta norma fue modificada por la ley 7.459, mediante la cual los ingenios están impedidos de recibir caña quemada.
El 15 de julio, durante un vuelo en helicóptero, que duró sólo dos horas y del que participó LA GACETA con autoridades provinciales, se detectaron 27 focos de incendio. Por medio de mensajes de texto, los funcionarios les avisaban a las patrullas que se hallaban en tierra hacia dónde debían dirigirse. Estos grupos, integrados por personal de Medio Ambiente, de Fiscalización Ambiental y de la Policía Ecológica, debían constatar la quema, tenían que labrar el acta de infracción y recabar los datos de los transgresores para elevar las actuaciones a la Justicia.
En estos días, en las inmediaciones del aeropuerto internacional Benjamín Matienzo suelen observarse con frecuencia largas columnas de humo que salen de los cañaverales. La situación pone en peligro los aterrizajes, porque reduce considerablemente la visibilidad de los pilotos. Se sabe que además de las dificultades visuales, los focos ígneos conforman un peligro para la estabilidad de los aviones, porque las llamas generan columnas térmicas ascendentes que podrían desestabilizar una aproximación.
El lunes pasado, una quema de cañaverales en el sur de la provincia afectó las líneas eléctricas de alta tensión y causó inconvenientes en el transporte de la electricidad. En consecuencia, EDET se vio obligada a cortar el suministro a unos 35.000 usuarios que viven entre El Manantial y Monteros. El corte se produjo a las 17 y el servicio logró ser restablecido a las 19, según informó un directivo de EDET. Ayer, incluso, sobre toda la zona de Yerba Buena y gran parte de la capital cayeron las cenizas de la quema.
En otras oportunidades, señalamos que esta práctica ilegal tiene consecuencias negativas para la comunidad, porque perjudica la calidad de vida en las cercanías de las zonas productoras e ingenios. Además, genera serios riesgos de que los fuegos descontrolados afecten cañaverales vecinos u otros cultivos, la visibilidad de rutas y las líneas de energía eléctrica. A los productores también les genera perjuicios, tales como pérdidas de azúcar cuando la quema se asocia al estacionamiento poscosecha, situación que se agrava aún más si la caña sufrió los efectos de la helada. Por otro lado, el fuego elimina la posibilidad de que retorne al suelo la biomasa vegetal e impide el aprovechamiento de los residuos de cosecha.
Según un informe del Instituto de Ecología Regional de la UNT, en 2005 se registraron 300 incendios. Sin embargo, en lugar de disminuir estas prácticas ilegales, fueron en aumento. En 2008 se contabilizaron más de 800 quemas de cañaverales. Si los controles siguen siendo eventuales y si no hay un castigo a los infractores, estas acciones seguirán repitiéndose. Disponemos de las herramientas legales necesarias pero falta avanzar mucho más para lograr concientización en la comunidad. Sin educación ni sanción es será difícil revertir esta penosa realidad.
Por ejemplo, la ley 6.253, en el artículo 38, prohíbe la quema de caña como método auxiliar de la cosecha. En enero de 2007, esta norma fue modificada por la ley 7.459, mediante la cual los ingenios están impedidos de recibir caña quemada.
El 15 de julio, durante un vuelo en helicóptero, que duró sólo dos horas y del que participó LA GACETA con autoridades provinciales, se detectaron 27 focos de incendio. Por medio de mensajes de texto, los funcionarios les avisaban a las patrullas que se hallaban en tierra hacia dónde debían dirigirse. Estos grupos, integrados por personal de Medio Ambiente, de Fiscalización Ambiental y de la Policía Ecológica, debían constatar la quema, tenían que labrar el acta de infracción y recabar los datos de los transgresores para elevar las actuaciones a la Justicia.
En estos días, en las inmediaciones del aeropuerto internacional Benjamín Matienzo suelen observarse con frecuencia largas columnas de humo que salen de los cañaverales. La situación pone en peligro los aterrizajes, porque reduce considerablemente la visibilidad de los pilotos. Se sabe que además de las dificultades visuales, los focos ígneos conforman un peligro para la estabilidad de los aviones, porque las llamas generan columnas térmicas ascendentes que podrían desestabilizar una aproximación.
El lunes pasado, una quema de cañaverales en el sur de la provincia afectó las líneas eléctricas de alta tensión y causó inconvenientes en el transporte de la electricidad. En consecuencia, EDET se vio obligada a cortar el suministro a unos 35.000 usuarios que viven entre El Manantial y Monteros. El corte se produjo a las 17 y el servicio logró ser restablecido a las 19, según informó un directivo de EDET. Ayer, incluso, sobre toda la zona de Yerba Buena y gran parte de la capital cayeron las cenizas de la quema.
En otras oportunidades, señalamos que esta práctica ilegal tiene consecuencias negativas para la comunidad, porque perjudica la calidad de vida en las cercanías de las zonas productoras e ingenios. Además, genera serios riesgos de que los fuegos descontrolados afecten cañaverales vecinos u otros cultivos, la visibilidad de rutas y las líneas de energía eléctrica. A los productores también les genera perjuicios, tales como pérdidas de azúcar cuando la quema se asocia al estacionamiento poscosecha, situación que se agrava aún más si la caña sufrió los efectos de la helada. Por otro lado, el fuego elimina la posibilidad de que retorne al suelo la biomasa vegetal e impide el aprovechamiento de los residuos de cosecha.
Según un informe del Instituto de Ecología Regional de la UNT, en 2005 se registraron 300 incendios. Sin embargo, en lugar de disminuir estas prácticas ilegales, fueron en aumento. En 2008 se contabilizaron más de 800 quemas de cañaverales. Si los controles siguen siendo eventuales y si no hay un castigo a los infractores, estas acciones seguirán repitiéndose. Disponemos de las herramientas legales necesarias pero falta avanzar mucho más para lograr concientización en la comunidad. Sin educación ni sanción es será difícil revertir esta penosa realidad.







