Futuros piqueteros

La experiencia indica que los planes sociales no sirven.

06 Marzo 2003
Por Nora Lía Jabif

Cuando sea grande, voy a ser piquetero". Suena fuerte, y lo es más si se conoce que quien lo dijo fue Juan, un chico jujeño de siete u ocho años, hace apenas unas semanas.
Dicha por un niño de esa edad, parece una sentencia sombría, porque el chico está mostrando lo que podría ser la Argentina del 2020: un país poblado por jóvenes en edad productiva cuyos modelos familiares fueron sus padres desocupados, peleando por un plan social en las rutas argentinas.
Los primeros datos del censo que está realizando aquí el equipo de Hilda "Chiche" Duhalde sobre la población de Alderetes reflejan que los dichos del chico jujeño son perfectamente trasladables a Tucumán. En los casilleros que indican nivel educativo se muestra que apenas el 2,28% de la población de ese municipio tiene el secundario completo.
El testimonio de Juan lleva a cuestionar una vez más, y por más de un motivo, la eficacia de los planes sociales. Por un lado, se cuestiona la legitimidad de los beneficiarios, con la reiterada muletilla de que quien no tiene "picardía política" para acceder a un subsidio se queda fuera del reparto.
El segundo motivo, y quizás más grave que el primero, es que los psicólogos laborales señalan que la cultura de la dádiva termina generando en las personas el hábito del "no trabajo".
Testimonios de profesionales que trabajan con bolsas de empleo indican que la gente que recibe este tipo de planes, cuando han pasado más de seis meses se institucionaliza en la cultura del subsidio, y adopta una posición pasiva y de reclamo de resarcimiento social.
Sin negar que es visceralmente cierto que hay que asistir con hechos al hambre más urgente, el muestrario de experiencias sobre la efectividad de los planes sociales parece llevar a la conclusión de que ese esquema, así como está, no sirve.
El anecdotario sobre el tema se agiganta día a día, y hasta las anécdotas menos verosímiles terminan finalmente resultando ciertas. La semana pasada se conoció que a una empresa constructora que realizaba una obra vial en la localidad de Garmendia le costó conseguir mano de obra porque los obreros no querían aceptar un empleo "en blanco" para no perder el subsidio del plan jefes y Jefas de Hogar.
Está claro que sin voluntad política de la dirigencia (nacional y provincial) es imposible pensar que los planes asistenciales sean reemplazados por apuestas productivas. Ello, sumado a que la coyuntura electoral propicia, más que nunca, el esquema de la dádiva.
Ayer, Hilda "Chiche" Duhalde estuvo en Tucumán, y descargó culpas contra el gobierno de Julio Miranda.
Palabras más, palabras menos, dijo que , salvo excepciones (reivindicó al ministro de Salud, al Colegio de Trabajadores sociales y a la UNT) la Provincia la dejó sola en el "Operativo rescate". La señora de Duhalde argumenta que no podrá terminar de "barrer" toda la provincia de Tucumán, porque sus tiempos se terminan el 25 de mayo. Pero ella sabe que para muestra basta un botón.
Y que los datos que ya tiene en sus manos -los de Alderetes y Banda del Río Salí-sobran para saber que la cultura de la dádiva sólo seguirá generando muchos otros pequeños aspirantes a piqueteros.

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