Caos en la ciudad

El tránsito céntrico, un problema que va en aumento con el pasar de los años.

06 Marzo 2003
En una ciudad que ha alcanzado cierto volumen en materia de número de habitantes y cuantía de parque automotor, los problemas relativos a la organización de tránsito tienen, forzosamente, un sitio de máxima importancia. Ya hace muchos años que la circulación dentro del casco urbano capitalino constituye una empresa sumamente complicada. Varias razones han cooperado para que así sea. Algunas derivan de la estructura misma de la ciudad, es decir, de sus arterias estrechas, sobrepasadas totalmente por el caudal de vehículos. Y otras ya tienen que ver con el comportamiento de sus habitantes, caracterizado por la cultura de la infracción hacia las normas de tránsito; cultura que no puede sino potenciarse ante una autoridad generalmente incapaz de hacer cumplir las normas.
Así es como la estrechez de las calles se ha visto agravada por un sinnúmero de situaciones: el conductor que estaciona en zonas prohibidas sin importarle bloquear el tráfico; la proliferación de carros de tracción a sangre; los ciclistas y motociclistas que se consideran al margen de toda norma; los semáforos que no se respetan; la aparición intermitente -a causa de las huelgas- de los varitas (y nunca en el número, sitio y horario deseables); la "vista gorda" de los inspectores; el incumplimiento de los horarios de carga y descarga, etcétera.
Esto se origina muchas décadas atrás. El paso del tiempo ha ahondado de modo extraordinario los problemas del tránsito tucumano, hasta llegar a un punto en que el ciudadano se pregunta si va a ser posible que puedan continuar circulando los automotores por la capital de la provincia más importante del Noroeste. Tal era la inquietante realidad vigente hasta hace pocas semanas. Pero sucede que se ha agravado hasta convertirse en un verdadero caos. No puede denominarse de otro modo a lo que sucede actualmente. El centro de la ciudad está bloqueado por los trabajos de pavimento en la calle San Martín, por la peatonalización de la calle Maipú y por las excavaciones en la calle Córdoba. A esto se deben sumar los bloqueos que suscitan las manifestaciones diarias de protesta.
Estamos a pocos días del comienzo de las clases, por lo que cabe inquirir, además, cómo harán los transportes escolares para dejar y retirar a los chicos en medio de tales dificultades.
El caos, además, no solamente se limita a la calzada, sino que alcanza también a las aceras céntricas. Los vendedores callejeros de frutas y verduras no fueron erradicados, sino simplemente se los alejó unas cuadras, donde actualmente despliegan su mercadería y desparraman sus cajones, impidiendo el paso y ensuciándolo todo. Es como si al problema, en lugar de darle un corte, se buscara simplemente expandirlo más allá del microcentro.
Las explicaciones municipales sobre este caos no resultan satisfactorias. En el caso del pavimento, es singular que se lo ejecute sobre calles que presentaban un razonable buen estado y no en otras que exhiben enormes destrozos.
El problema de la calle Córdoba existe desde largo tiempo atrás, y sólo se ha empezado a operar sobre el mismo cuando lo mentó la prensa. Y en cuanto a la peatonalización de Maipú, es evidente que no hace sino suscitar mayores problemas a la circulación, en este particular momento.
Nos parece que una situación como la diseñada en líneas generales no puede prolongarse un minuto más. Corresponde que la Municipalidad de San Miguel de Tucumán asuma su responsabilidad en este tema, y acometa la normalización de una realidad que es a todas luces insostenible.

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