21 Julio 2009 Seguir en 
BRUSELAS.- "Es un pequeño paso para... Tintín y un gran paso para la Humanidad". Estas podrían haber sido las palabras históricas del curioso reportero del flequillo creado por el dibujante belga Georges Remi (Hergé) en su llegada virtual al satélite rocoso a principios de los 50. Justo ayer, cuatro décadas después de que el módulo estadounidense Eagle realizara el en 1969 el primer alunizaje humano en el Mar de la Tranquilidad, con Neil Armstrong y Edwin "Buzz" Aldrin, los belgas "reclaman" la Luna antes que los estadounidenses del Apollo XI.
En el título "Objetivo: la Luna", de 1952, el genio de Hergé colocaba sobre la superficie del satélite de la Tierra, situado a más de 384.000 kilómetros de distancia, a Tintín, al capitán Haddock y a su inseparable perrito Milú, todos vestidos con sus correspondientes escafandras presurizadas, similares a las utilizadas por Armstrong y Aldrin más de una década después.
La gran aventura es "reclamada" ahora por los belgas, un día antes de su fiesta nacional, que se celebra hoy. Lo increíble es que Tintín "pisase" la Luna casi siete años antes que el primer satélite artificial de la historia, el ruso "Sputnik", lanzado en 1957. El evento hacía reflexionar de esta forma a la revista gala "París Match": "un belga le hace sombra a Walt Disney. Tintín llega a la Luna antes que el Sputnik".
Lo cierto es que de todos los títulos de la colección de Tintín, "Objetivo: la Luna" es, según informaciones de la fundación Hergé de Bruselas, el que ha tenido más éxito a escala internacional. Pero el libro no es fruto de un milagro, ni tampoco Hergé, a pesar de su genialidad plástica, era un visionario espacial. Contó con la inapreciable ayuda de expertos en la materia que lo asesoraron concienzudamente.
Entre los manuales sobre el espacio que Hergé leyó en un largo proceso previo de documentación figura "La Astronáutica", de Alexander Ananoff, el fundador de la Federación Astronáutica Internacional. A principios de los 50 ningún ingenio espacial había logrado todavía entrar en órbita y -en palabras del propio Hergé- su objetivo era que la aventura lunar de Tintín "tuviera la mayor fidelidad posible con la realidad científica".
Para ello pidió al experto franco-ruso que le proporcionara detalles de los últimos avances en la materia hasta esa fecha. Con esos, y muchos otros datos, Hergé construyó una Luna bastante similar a la que luego pisarían los norteamericanos. (DPA)
En el título "Objetivo: la Luna", de 1952, el genio de Hergé colocaba sobre la superficie del satélite de la Tierra, situado a más de 384.000 kilómetros de distancia, a Tintín, al capitán Haddock y a su inseparable perrito Milú, todos vestidos con sus correspondientes escafandras presurizadas, similares a las utilizadas por Armstrong y Aldrin más de una década después.
La gran aventura es "reclamada" ahora por los belgas, un día antes de su fiesta nacional, que se celebra hoy. Lo increíble es que Tintín "pisase" la Luna casi siete años antes que el primer satélite artificial de la historia, el ruso "Sputnik", lanzado en 1957. El evento hacía reflexionar de esta forma a la revista gala "París Match": "un belga le hace sombra a Walt Disney. Tintín llega a la Luna antes que el Sputnik".
Lo cierto es que de todos los títulos de la colección de Tintín, "Objetivo: la Luna" es, según informaciones de la fundación Hergé de Bruselas, el que ha tenido más éxito a escala internacional. Pero el libro no es fruto de un milagro, ni tampoco Hergé, a pesar de su genialidad plástica, era un visionario espacial. Contó con la inapreciable ayuda de expertos en la materia que lo asesoraron concienzudamente.
Entre los manuales sobre el espacio que Hergé leyó en un largo proceso previo de documentación figura "La Astronáutica", de Alexander Ananoff, el fundador de la Federación Astronáutica Internacional. A principios de los 50 ningún ingenio espacial había logrado todavía entrar en órbita y -en palabras del propio Hergé- su objetivo era que la aventura lunar de Tintín "tuviera la mayor fidelidad posible con la realidad científica".
Para ello pidió al experto franco-ruso que le proporcionara detalles de los últimos avances en la materia hasta esa fecha. Con esos, y muchos otros datos, Hergé construyó una Luna bastante similar a la que luego pisarían los norteamericanos. (DPA)







