TEGUCIGALPA, Honduras.- El depuesto presidente Manuel Zelaya planea regresar el próximo fin de semana a Honduras, donde sus partidarios prepararán el terreno con manifestaciones contra el golpe de Estado que lo sacó del poder. En tanto, los analistas políticos temen un baño de sangre.
Zelaya anunció la fecha de su regreso después del fracaso de las negociaciones sostenidas durante el fin de semana en Costa Rica, que llevaron la crisis política en Honduras a punto cero y aumentaron la volatilidad en la empobrecida nación de América Central. "El próximo fin de semana tendremos todas las actividades necesarias para hacer mi retorno como lo manda la ley", dijo en Managua.
El empresario maderero, aliado del líder venezolano Hugo Chávez, exige ser restituido en el cargo del que fue derrocado el 28 de junio a punta de pistola, siete meses antes de concluir su mandato. Pero las autoridades de facto, instaladas tras el golpe militar, dijeron que sólo aceptarían su regreso para que sea juzgado por una supuesta violación de la Constitución, en la que incurrió, según señalaron, al intentar extender su mandato.
El rechazo a las propuestas formuladas por el presidente de Costa Rica, el mediador Oscar Arias, profundizó el aislamiento internacional de la administración provisoria, repudiada desde Washington hasta Caracas. El facilitador no tiró la toalla y pidió 72 horas más de plazo para hallar una solución que parece, sin embargo, improbable. Por su parte, el secretario general de la Organizacón de Estados Americanos, (OEA), José Miguel Insulza, pidió a las partes enfrentadas que respeten el plazo solicitado por el mediador, con la esperanza de que se "recapacite".
Desafío
El agotamiento de la vía diplomática supone un desafío para la gestión del presidente estadounidense, Barack Obama, que apostaba por las tratativas para restituir a Zelaya. "La comunidad internacional tendrá que arreciar sus medidas", remarcó el depuesto mandatario. Arias, Premio Nobel de la Paz por ayudar a desactivar varias guerras civiles en la región, advirtió sobre el riesgo de un baño de sangre en Honduras, uno de los países más pobres de Latinoamérica.
Zelaya intentó regresar a Honduras el 5 de julio, a bordo de un avión venezolano que no fue autorizado a aterrizar. La operación terminó en tragedia cuando un joven cayó abatido por los disparos de soldados que custodiaban el Aeropuerto Internacional de Tegucigalpa. Tras el fracaso de las negociaciones, la Policía hondureña advirtió que no toleraría que los manifestantes se pasen de la raya.
Los sindicatos y partidarios de Zelaya tenían previsto volver a las barricadas, con cortes de rutas y movilizaciones. El jueves y viernes intentarán paralizar el país con una huelga general como preludio para el regreso del presidente depuesto. "A partir de mañana vamos a tomar medidas más drásticas", dijo Barinia Morales, dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores de Honduras.
En tanto, el Gobierno de facto pretende resistir la presión internacional. Por eso, los analistas políticos creen que su meta es llegar hasta las elecciones de noviembre, para que un nuevo Gobierno les permita dejar atrás la oscura página del golpe militar. "Claramente, el cálculo es que van a aguantar estos cuatro meses", dijo el analista Kevin Casas-Zamora, del Brookings Institution en Washington. (Reuters-Télam)







