"Brasil demuestra que izquierda y seguridad jurídica son compatibles"

En Madrid, Joaquín Estefanía, licenciado en Economía y periodismo, evaluó la crisis mundial, En diálogo con LA GACETA, el analista explicó los problemas de los inversores españoles con el Gobierno argentino.

EJEMPLO MUNDIAL. Según Estefanía, Lula supo respaldar y sostener las políticas y las instituciones en Brasil. REUTER
EJEMPLO MUNDIAL. Según Estefanía, Lula supo respaldar y sostener las políticas y las instituciones en Brasil. REUTER
06 Julio 2009
MADRID (Por Irene Benito, especial para LA GACETA).- Enemigo de los análisis simplones, Joaquín Estefanía (Madrid, 1951) considera que la inestabilidad institucional de Venezuela, de la Argentina y de Bolivia no debe ser achacada a la ideología de los gobiernos. "Hay un riesgo: el de creer que sólo la derecha puede garantizar reglas estables. Pero Brasil demuestra que izquierda y seguridad jurídica son compatibles", asegura el licenciado en Ciencias Económicas y de la Información, que ejerce el periodismo desde 1974.
Intérprete del devenir de la economía española e internacional, Estefanía puede ser considerado un mediador experto entre la noticia pura y dura, y el conjunto de la sociedad.
El afán por la decodificación de datos, estadísticas y políticas caracteriza sus aportes regulares en tertulias de radio y televisión y en sus análisis en "El País", diario que dirigió entre 1988 y 1993. En la Escuela de Periodismo del diario y de la Universidad Autónoma de Madrid, Estefanía confesó a LA GACETA que cree en el porvenir del país más grande de Sudamérica porque Lula da Silva, su presidente, supo respaldar y sostener las políticas y las instituciones.   
Pero, agregó, Brasil no está solo en ese empeño: "Chile, Colombia y México también se están esforzando por mantener la seguridad jurídica en el tiempo; ese esfuerzo los distingue del resto de Latinoamérica".

-¿Esa percepción explica los problemas que las inversiones españolas tienen con los gobiernos de Argentina o Venezuela?
-En esos y otros países de la región existe un proceso de implicación del Estado en el sector privado. En España, no. Todo lo contrario. El último impulso es privatizador de la empresa pública. Quizá los distintos momentos filosóficos de América Latina y de Europa hacen que no podamos trabajar en iguales condiciones. También hay otros dos problemas. Por un lado, que los países latinoamericanos cambian permanentemente las reglas del juego. Por el otro, el engreimiento de los empresarios españoles, que, en muchos casos, han abordado la expansión en Hispanoamérica como si fuesen nuevos conquistadores.

La soledad de Obama
Este 2009 está siendo especialmente laborioso para los periodistas abocados a la exégesis de los temas económicos. Una crisis global de dimensiones inimaginables, que empezó con la explosión de la burbuja inmobiliaria, continuó con síntomas de crac financiero e ingresó en la recesión, minó el modelo de desarrollo español fundado en la construcción. El desempleo, apunta Estefanía, llegó a duplicarse en pocos meses, un fenómeno de volatilidad del mercado laboral sin parangón en la zona del euro.

-Los analistas dicen que España debe adoptar el modelo productivo de la innovación tecnológica. ¿El país está listo para esa transformación?
-No lo creo. Esta cuestión llevará dos o tres generaciones: los españoles no vamos a pasar de repente de construir viviendas a ser líderes en nanotecnología. Eso es tan absurdo como cierto que tenemos que cambiar, pero nadie está discutiendo la transición de un modelo a otro. Sabemos que somos relativamente importantes en energía renovable, pero allí no se van a colocar los cinco millones de desempleados...

-Muchos países están en la misma encrucijada...
-Hacen falta dos pactos. Uno global, que sustituya a aquel que los socialdemócratas y democristianos firmaron en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, y que fue un compromiso para construir el Estado de bienestar. Ese pacto ha quedado viejo porque el marco de referencia es más grande: hay que introducir a los países emergentes, a Estados Unidos, a Japón?
No me parece una utopía. Pero, además, hacen falta pactos nacionales porque cada país sabe cuáles son sus problemas. En España: falta un modelo económico alternativo.
Ese acuerdo debe obligar a mantener ciertas decisiones ejerza quien ejerza la administración del Estado. Tengo la sensación de que la sociedad demanda ese pacto. Y, sin embargo, los partidos políticos miran para otro lado: si no se encauzan los debates, estos se quedan en la melancolía.

-¿Cuánto depende la economía mundial de las decisiones que tome el presidente Obama?
-Los europeos se alegraron cuando ganó las elecciones en Estados Unidos, pero, después de eso, lo apoyan muy poco. En la última reunión del G-20, por ejemplo, Obama propuso un plan de estímulo mucho más avanzado que el de Europa, y lo han dejado solo.

¿Cuál será la consecuencia de esta decisión?
-Que probablemente EEUU será el primer o segundo país en salir de la recesión y los europeos nos quedaremos mucho más tiempo atrapados en el problema del crecimiento. Esto sucede también en política exterior: Obama ha recibido una ayuda casi ridícula para trasladar a los presos de Guantánamo. Esa es la paradoja: que nos alegramos de que sea presidente, nos alegramos más de que Bush se haya ido, pero, cuando Obama pide ayuda para hacer cosas con impacto global, los europeos somos conservadores y le damos la espalda.

La salida rápida
Al igual que los organismos multilaterales de crédito y los bancos centrales de varios países desarrollados, Estefanía considera que lo peor de la crisis ya ha pasado ("es decir, el momento en el que se podía caer el sistema financiero mundial", describe).
"Ahora estamos con los problemas de la economía real, que son los del desempleo y el crecimiento. Conforme se están arreglando las cosas, el mejor espíritu reformista que aparecía en las reuniones del G-20 y en las cumbres internacionales, se está perdiendo y quedando en casi nada", se lamentó.
El peligro, de acuerdo con su opinión, es que el alivio de una salida rápida de la crisis, sin cambios de fondo, prepare el terreno para que en algunos años explote otra burbuja.

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