05 Julio 2009 Seguir en 
TEGUCIGALPA.- Una mueca de desprecio aparece en los rostros de muchos hondureños cuando se nombra a Hugo Chávez. Algunos lanzan andanadas de insultos contra el presidente venezolano, al que acusan de ser el verdadero y único culpable de la crisis política en Honduras.
Aunque el detonante del golpe de Estado el domingo fue la insistencia de Manuel Zelaya de realizar una consulta que abra su camino a la reelección, el divorcio con buena parte de la población y las autoridades comenzó hace casi un año, cuando forjó una alianza con el bolivariano ."¡Zelaya no era más que un títere de Chávez para imponernos una dictadura comunista!", se quejó Hermine Reyes, una abogada de 37 años, mientras aferraba con los nudillos enrojecidos un arrugado cartel en el que se leía: "No a la dictadura chavista. Fuera Mel Zelaya".
Como muchos países del mundo, Chávez condenó el golpe de Estado. Hasta amenazó con liberal devenido bolivariano. "Vaya a Venezuela a ver cómo están eliminando la propiedad privada, como silencian a los medios. Y eso es lo que nos esperaba a nosotros", dijo vehemente el ingeniero Ascario Solano, de 52 años, mientras decenas de hondureños aplaudían su discurso. Ascario dice que no le importan las sanciones ni la condena internacional con tal de librarse de una amenaza que veía como inminente y fatal para Honduras, un empobrecido exportador de textiles y café que sufrirá ahora las consecuencias del aislamiento al que será sometido por la comunidad internacional.
Chávez fue el primero de una oleada de mandatarios de izquierda que, paulatinamente, fueron cambiando el signo político en una región considerada por décadas el patio trasero de Washington, que patrocinó decenas de golpes de Estado e intervenciones militares. Principal aliado de Cuba y tenaz detractor del "imperialismo estadounidense", Chávez es considerado por unos como el campeón de los pobres, mientras otros lo ven como un autócrata peligroso cuya ambición es perpetuarse en el poder.. (Reuters)
Aunque el detonante del golpe de Estado el domingo fue la insistencia de Manuel Zelaya de realizar una consulta que abra su camino a la reelección, el divorcio con buena parte de la población y las autoridades comenzó hace casi un año, cuando forjó una alianza con el bolivariano ."¡Zelaya no era más que un títere de Chávez para imponernos una dictadura comunista!", se quejó Hermine Reyes, una abogada de 37 años, mientras aferraba con los nudillos enrojecidos un arrugado cartel en el que se leía: "No a la dictadura chavista. Fuera Mel Zelaya".
Como muchos países del mundo, Chávez condenó el golpe de Estado. Hasta amenazó con liberal devenido bolivariano. "Vaya a Venezuela a ver cómo están eliminando la propiedad privada, como silencian a los medios. Y eso es lo que nos esperaba a nosotros", dijo vehemente el ingeniero Ascario Solano, de 52 años, mientras decenas de hondureños aplaudían su discurso. Ascario dice que no le importan las sanciones ni la condena internacional con tal de librarse de una amenaza que veía como inminente y fatal para Honduras, un empobrecido exportador de textiles y café que sufrirá ahora las consecuencias del aislamiento al que será sometido por la comunidad internacional.
Chávez fue el primero de una oleada de mandatarios de izquierda que, paulatinamente, fueron cambiando el signo político en una región considerada por décadas el patio trasero de Washington, que patrocinó decenas de golpes de Estado e intervenciones militares. Principal aliado de Cuba y tenaz detractor del "imperialismo estadounidense", Chávez es considerado por unos como el campeón de los pobres, mientras otros lo ven como un autócrata peligroso cuya ambición es perpetuarse en el poder.. (Reuters)
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