Demasiado optimista

Duhalde ofreció un discurso optimista de la situación del país. Para muchos estuvo alejado de las percepciones de los argentinos.

02 Marzo 2003
BUENOS AIRES.- Excesivo. Así sonó para muchos el mensaje que el presidente Eduardo Duhalde desgranó ante la Asamblea Legislativa. Envalentonado por algunos indicadores, el jefe del Estado hizo un prolijo repaso de su gestión, "infló" los supuestos beneficios de algunas políticas y dejó la sensación de que la Argentina está más cerca de ser un país potencia que una descalabrada Nación que pugna por salir de su más profunda crisis.
"Hoy somos consultados, respetados y, en muchos casos, protagonistas en el plano internacional", exageró, en el convencimiento de que le dejará al próximo presidente un camino asfaltado para volver a colocar al país en los primeros lugares del mundo.
Faltó en el discurso una autocrítica madura de hechos oficiales que conmovieron a los argentinos y nada se dijo respecto de cómo transitará la República temas ásperos vinculados, por ejemplo, a la crucial renegociación de la deuda, tras la celebrada declaración del default.
Es verdad que, en algunos planos, Duhalde dejará el país bastante mejor que como lo recibió. Es verdad que su mandato evitó posibles mayores males para la Nación y que la Argentina no cayó en una anarquía con miles de muertos, como vaticinaban hace un año algunos informes desde el exterior. Pero eso no es suficiente como para pintar un cuadro tan optimista de la aún vapuleada Argentina, todavía más cerca de la cornisa que de la cumbre.

Con optimismo
"A catorce meses del derrumbe, la Argentina ya no se encamina hacia la disolución; sus instituciones están fortalecidas; su economía está recuperada y está inserta nuevamente en el mundo", regó Duhalde de optimismo a diputados y senadores. No mencionó los chicos muertos por desnutrición; los que van a la escuela sólo para comer; los casi 4 millones y medio de argentinos con problemas de empleo.
Es obvio -cabe resaltar- que esos no son problemas generados por la gestión Duhalde, pero no parece ser motivo suficiente como para excluirlos de un balance ante una Asamblea, o bien intentar blindar la cuestión bajo el escudo protector de la frase "si no he hecho más es porque no he podido".
Así, Duhalde sumó en su discurso autoelogios para el modo con que el Gobierno negoció con el FMI (habló de firme actitud de Argentina de no aceptar condiciones); aseguró que "todos los días" se abre una fábrica o empresa en el país para dar trabajo y resaltó el despegue de algunos sectores tras la polémica y desprolija devaluación, con la que sacudió a los argentinos no bien asumió el poder.
Para no pocos fue un discurso alejado de las percepciones reales que hoy tienen muchos argentinos, descreídos no sólo de las supuestas bondades de la gestión oficial sino también crítica de la actual dirigencia política.
Duhalde metió también su bocadillo político. "El país avanza hacia las elecciones del 27 de abril como muestra de que la democracia está a salvo", dijo
Tal vez pensando en el rol que los gobernadores peronistas jugarán en las próximas elecciones, agradeció la ayuda de los mandatarios; recordó los 14 puntos oportunamente firmados y generosamente, sentenció: "los gobernadores han cumplido, yo cumplí y juntos estamos sacando adelante la República".
Un discurso optimista -tal vez excesivamente- en una semana en que el Gobierno tuvo que invertir mucha energía en temas locales.
La posible redolarización de los depósitos por parte de la Corte Suprema de Justicia volvió a despertar alertas en el oficialismo -como ya lo había hecho en diciembre- y puso en guardia hasta el propio Presidente.

Mucha inquietud
Pero no fue el único hecho que inquietó a los funcionarios. La medida cautelar que volvió a parar el aumento de las tarifas sacó de quicio a más de un integrante de Gabinete que aún no logra explicarse cómo el Gobierno no ha podido cumplir con la ejecución de ese decreto de necesidad y urgencia que Duhalde alumbró para mostrar en Davos, ante lo más granado de los economistas, empresarios y banqueros.
El "stop" que la Justicia le puso al aumento de tarifas -un 9% para la luz y un 7% para el gas- también dejó al Gobierno en situación incómoda ante el FMI.
La suba de tarifas es uno de los puntos acordados por el ministro Roberto Lavagna con el FMI, a pesar de las desmentidas oficiales, en la negociación con el organismo internacional. Y las modificaciones de los acuerdos por interferencias judiciales preocupan al oficialismo, a pesar del estímulo verbal que el embajador en EE. UU., Eduardo Amadeo, cosechó para su jefe de boca del propio George W. Bush.
En este marco, el día de la semana más distendido para Duhalde fue cuando Néstor Kirchner presentó a Daniel Scioli como compañero de fórmula. Duhalde siempre nombró a Scioli porque las encuestas -a las que es adicto- le mostraban al secretario de Turismo como el hombre capaz de captar el voto donde Kirchner no llega. (DyN)

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