El desafío de la transición

El juego electoral atrapa al grueso de la dirigencia justicialista. La crisis no cede y la hora del balance se aproxima.

02 Marzo 2003
El Gobierno recorre ya la inevitable etapa del balance. Aunque la fecha de los comicios provinciales no está aún firme, en el gabinete, en el partido y en el grueso de la dirigencia justicialista el nuevo tiempo electoral es la pasión que domina por estos días. Seguros de que otro gobierno de igual signo ocupará el palacio de 25 de Mayo y San Martín, el peronismo reemplazó hasta ahora la agenda de una necesaria transición política por la euforia del armado de las listas y de las candidaturas. Ese juego de ilusiones cortas oculta el espacio que debería guardarse para una autocrítica sobre la gestión de Julio Miranda.
Probablemente, la campaña electoral servirá para confrontar la herencia que deja este Gobierno; habrá quienes se acuerden de las promesas incumplidas, de los desaciertos, de los errores y de conductas cuestionables, y los leales mostrarán que, pese a la hondura de la crisis, la provincia no está en el peor de los mundos de esta increíble Argentina. La historia inmediata sentenciará la verdad.
Pero una primera lectura ya marca un diagnóstico implacable: ha quedado demostrado que no suma respaldo suficiente una política de pago de salarios como estrategia principal de gobierno.
Sin un proyecto para desarrollar, sin un rumbo coherente y firme, sin equipos de gobierno en lo suyo, gran parte de la gestión estuvo atada en dar respuesta a las urgencias de una coyuntura ingobernable.

La base de sustentación
Con sólo el 33% de las adhesiones -ese fue el porcentaje con el que se instaló Miranda- el Gobierno casi nunca pudo ampliar su base de sustentación real entre los tucumanos. Ganó las elecciones de mitad de mandato, es cierto; pero la caída de Fernando de la Rúa golpeó en la línea de flotación su credibilidad política y la crisis que sobrevino a aquel trágico diciembre de 2001 empujó a la provincia a un abismo que ya no podía cubrir. El desastre rondó la puerta de la Casa de Gobierno cuando el cuestionamiento popular no tenía piedad con ningún político. La muerte de niños desnutridos es otro capítulo imposible de eludir. Pero la política también tiene su péndulo de oportunidades que muchas veces otros protagonistas no pueden aprovechar.
"Creo que hay luces y sombras en la gestión del Gobierno, pero es cierto que siempre anduvimos detrás de los acontecimientos y es verdad que faltaron planes. Lo que pasó con el Ministerio de la Producción es un ejemplo; pero tenemos confianza en que el próximo gobierno podrá aprender de estos errores", se sinceró un importante funcionario de la administración. Habla, incluso, del futuro y dice que José Alperovich puede gestionar mejor y prevé que el grueso del peronismo se refugiará en la Legislatura para controlar esa tarea.
Con muchas cuentas pendientes, y aun con fisuras internas importantes, el justicialismo -el oficialismo, en realidad- aparece mejor acomodado a estas alturas para conseguir continuidad.

El lugar de la oposición
El detalle no es inexplicable: la oposición no acierta a encontrarse ni a definir un candidato común de peso. En realidad, no hay una sola oposición y, en esas filas, las diferencias entre sí siguen siendo grandes, mientras el mirandismo ya tracciona su fuerza en el territorio con Alperovich como bandera.
El aporte del gobierno de Eduardo Duhalde para disciplinar al peronismo detrás de Néstor Kirchner es otra de las claves en este ajedrez comarcano. No obstante, no parece ser este el escenario definitivo y tampoco se muestran en el ruedo todos los jugadores que intervendrán en la batalla final. Pero la realidad económica y social no da tregua, demanda respuestas integrales, políticas de Estado y compromisos suprapartidarios y sectoriales que aquí no van más allá de algunas breves intenciones.
Una transición razonable debería servir en estas semanas para acordar algunos puntos ineludibles y básicos de reivindicaciones, desafíos, proyectos y conquistas que un gobierno de cualquier color deba encarar resueltamente.
Ese debate, lamentablemente, no está instalado en Tucumán. Es como si los objetivos estratégicos ocuparan un segundo plano en las preocupaciones de la política.

En busca de respuestas
Empujados por una necesidad de participar, un grupo de importantes empresarios busca involucrarse de un modo más activo en la problemática de la provincia. Los principales miembros del establishment tucumano han venido demandando respuestas más enérgicas contra la inseguridad al Gobierno.
Ahora están a la búsqueda de conformar una suerte de frente empresario, de grupo de poder que haga sentir su peso y su voz en las decisiones de la política provincial. "Vemos una falta de liderazgo muy grande, no hay una figura convocante en Tucumán", comentó uno de los empresarios que asistió a una reunión convocada a través de invitaciones personales. Hubo algunos que querían apurar definiciones, pero se decidió armar una comisión para que presente alternativas y pautas más firmes. La mayoría de los que estaban ese día tiene simpatías por Ricardo López Murphy y por todo lo que significan sus definiciones, pero son conscientes de que aquí no hay señales de esa oferta electoral.En tanto, los efectos de la crisis explotan aquí por todos lados. Desde los últimos días, el Gobierno provincial enfrenta un nuevo reclamo de EDET para incrementar las tarifas eléctricas, tal como lo dispuso Duhalde por decreto para satisfacer una parte de los pedidos del FMI. La aplicación de una suba del 9% a nivel nacional está retenida por un amparo judicial y aquí depende de una decisión política para resolverse. ¿Se postergará el pedido empresario para trasladar otra carga al futuro gobernador?, ¿enfrentarán hoy un debate o negarán literalmente la solicitud? Cualquier respuesta abriga complicaciones. Se sabe que los fantasmas reaparecen a la vuelta de la esquina cuando las urgencias de siempre no encuentran el canal de contención más adecuado.

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