02 Marzo 2003 Seguir en 
Los boqueteros dieron otro golpe en pleno centro, demostrando que los mecanismos de seguridad pueden ser fácilmente vulnerados por ellos.Ayer a la madrugada entraron a un local que vende ropa informal en una galería de Mendoza al 600. Con un cortalatas abrieron un pequeño "boquete" de 40 por 50 centímetros en el tinglado, y luego rompieron el cielo raso, justo sobre el escritorio de la oficina del dueño del negocio, Luis Azar.
Se llevaron dinero (no se pudo precisar el monto, pero sería elevado), una computadora portátil, mercadería y documentos de la firma.El viernes a la madrugada, usando el mismo tipo de herramientas, entraron al entrepiso de otra galería, de San Martín al 600, que se comunica con la anterior. Los delincuentes rompieron el cielo raso y llegaron al depósito de un negocio de venta de lencería; no se llevaron nada. Accedieron hasta allí tras forzar una puerta a la que se llega desde el baño de la galería, donde se habrían ocultado antes de que se cierren las puertas de ingreso a la galería.
No hay compromiso
"Creo que se quedaron escondidos en los techos, pero toda esta manzana está intercomunicada y hay muchos lugares para ocultarse", dijo Fernando Zavadiska, dueño de la lencería.
El comerciante señaló que las siete galerías ubicadas en esa manzana deberían unirse para establecer pautas de seguridad y control comunes.
Otros comerciantes consultados por LA GACETA coincidieron con esa posición, y señalaron que en total hay 18 vigilantes privados durante el día que cuidan los paseos, y por las noches quedan seis, pero separados e incomunicados entre sí.Una de las ideas que surgió es la de enrejar todos los posibles accesos por los techos a las galerías, y pedir que la Policía haga un control más efectivo de la zona."Hay mucha indiferencia, falta de compromiso y de solidaridad. Los consorcios deberían ponerse de acuerdo, hacer enrejados comunes y tener la vigilancia comunicada", opinó la dueña de un negocio.
En el robo de ayer a la madrugada llamó la atención que a la 1.20, dos policías de Control urbano se entrevistaran con un vigilante privado, al que le dijeron que venían siguiendo a "boqueteros". Revisaron los techos y se fueron sin dejar una custodia en la zona, afirmando que no había novedades. Y el robo, finalmente, se produjo.
Se llevaron dinero (no se pudo precisar el monto, pero sería elevado), una computadora portátil, mercadería y documentos de la firma.El viernes a la madrugada, usando el mismo tipo de herramientas, entraron al entrepiso de otra galería, de San Martín al 600, que se comunica con la anterior. Los delincuentes rompieron el cielo raso y llegaron al depósito de un negocio de venta de lencería; no se llevaron nada. Accedieron hasta allí tras forzar una puerta a la que se llega desde el baño de la galería, donde se habrían ocultado antes de que se cierren las puertas de ingreso a la galería.
No hay compromiso
"Creo que se quedaron escondidos en los techos, pero toda esta manzana está intercomunicada y hay muchos lugares para ocultarse", dijo Fernando Zavadiska, dueño de la lencería.
El comerciante señaló que las siete galerías ubicadas en esa manzana deberían unirse para establecer pautas de seguridad y control comunes.
Otros comerciantes consultados por LA GACETA coincidieron con esa posición, y señalaron que en total hay 18 vigilantes privados durante el día que cuidan los paseos, y por las noches quedan seis, pero separados e incomunicados entre sí.Una de las ideas que surgió es la de enrejar todos los posibles accesos por los techos a las galerías, y pedir que la Policía haga un control más efectivo de la zona."Hay mucha indiferencia, falta de compromiso y de solidaridad. Los consorcios deberían ponerse de acuerdo, hacer enrejados comunes y tener la vigilancia comunicada", opinó la dueña de un negocio.
En el robo de ayer a la madrugada llamó la atención que a la 1.20, dos policías de Control urbano se entrevistaran con un vigilante privado, al que le dijeron que venían siguiendo a "boqueteros". Revisaron los techos y se fueron sin dejar una custodia en la zona, afirmando que no había novedades. Y el robo, finalmente, se produjo.







