01 Marzo 2003 Seguir en 
Ayer, hacia las 13.45, en calle Maipú al 300, llegando a la intersección con Córdoba, se encontraba estacionado un taxi. Colocado allí, bloqueaba la parada del colectivo, y obligó a este a detenerse en medio de la calle para que ascendiera la crecida cantidad de pasajeros que esperaba. Un inspector municipal bajó de la garita de la esquina, se acercó al taxi y, durante unos minutos, pareció exhortar al conductor a cambiar de sitio. No tuvo éxito, por lo cual volvió a su puesto.
Lo curioso es que en ningún momento el agente hizo lo que debía hacer. Es decir, tomar su talonario y labrar un acta de infracción a un automovilista tan frontalmente remiso a acatar las ordenanzas municipales que obligan a mantener libres las paradas de colectivos.
Pensamos que la cultura de la impunidad se fomenta no sólo con la actitud del infractor, sino también con la del empleado municipal. Porque si se confeccionara un acta a cada taxi o remise que estaciona donde se le antoja, sin duda tales infracciones se reducirían a un mínimo razonable y dejarían de constituir, como hoy, la regla y no la excepción.
Lo curioso es que en ningún momento el agente hizo lo que debía hacer. Es decir, tomar su talonario y labrar un acta de infracción a un automovilista tan frontalmente remiso a acatar las ordenanzas municipales que obligan a mantener libres las paradas de colectivos.
Pensamos que la cultura de la impunidad se fomenta no sólo con la actitud del infractor, sino también con la del empleado municipal. Porque si se confeccionara un acta a cada taxi o remise que estaciona donde se le antoja, sin duda tales infracciones se reducirían a un mínimo razonable y dejarían de constituir, como hoy, la regla y no la excepción.







