Detrás del atributo presidencial se oculta la mano dura del guía supremo

Análisis. Por Friedhelm Schachtschneider Agencia DPA.

17 Junio 2009
BERLIN, Alemania.- El presidente de Irán toma decisiones, pero el que tiene la última palabra es el ayatollah Ali Jamenei, de 69 años, que domina en la república islámica con un poder casi ilimitado. Nombrado de por vida por un consejo de 86 religiosos, no sólo es el jefe espiritual en el Estado religioso chiíta; también está por sobre el derecho y la ley. Es el comandante; supremo; controla el Consejo de Guardianes de 12 miembros, que verifica si las legislaciones son acordes con la ley islámica y decide sobre la confiabilidad ideológica y religiosa de los candidatos presidenciales.
Durante el gobierno del presidente reformista Mohamed Jatami (1997-2005), Jamenei frenó en el Consejo de Guardianes casi todos los proyectos que apuntaban a una liberalización en el interior y a una apertura hacia afuera. Las protestas fueron reprimidas con dureza.
También en materia política exterior mantuvo una línea dura contra Washington y contra Israel. Asimismo, dio luz verde a la política atómica de Mahmud Ahmadinejad. Con este populista ultraconservador, su candidato preferido se convirtió en presidente en 2005. En cuanto al presidente reelecto, dejó en claro que quien ataca a Ahmadinejad lo ataca a él mismo. Y la crítica al líder revolucionario se paga con la muerte en Irán.

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