28 Mayo 2009 Seguir en 
Islamabad.- Poco después de que se abrieron las oficinas e instalaciones de las autoridades locales, una inmensa explosión sacudió la metrópoli cultural Lahore, en el este de Pakistán. El estallido ensordecedor se oyó a un radio de cinco kilómetros. Una oscura nube de humo se alzó sobre la ciudad para indicar el lugar del horror. Ante una comisaría, en el concurrido centro, un atacante suicida detonó una carga explosiva de más de 100 kg que llevaba en un minibús.
Poco antes, más agresores iniciaron un intenso tiroteo con unos policías. Los autores causaron un baño de sangre. Al menos 25 personas perdieron la vida, entre ellos 10 miembros de las fuerzas de seguridad, informó Sajjad Bhutta, jefe de la administración local de la segunda ciudad más grande de Pakistán.
Más de 250 personas resultaron heridas. Hasta anoche, los equipos de rescate buscaban víctimas entre los escombros. Se teme que la cifra de muertos siga en aumento.
El edificio atacado, de tres plantas, en el que se encontraba la central de emergencias de la policía local, se derrumbó. Las viviendas de las inmediaciones resultaron dañados. En uno de ellos estaba ubicada la sede provincial del poderoso servicio secreto paquistaní Inter Services Intelligence (ISI).
Hasta ahora nadie reivindicó el atentado. Sin embargo, el ministro del Interior, Rehman Malik, atribuyó el atentado a "elementos que quieren desestabilizar el país". Luego apuntó que podría tratarse de un acto de venganza de los radicales islamistas talibanes, contra los que el Ejército mantiene una ofensiva a gran escala en el valle del Swat, en el noroeste del país desde comienzos de mayo. Desde entonces murieron 1.100 extremistas. (DPA)
Poco antes, más agresores iniciaron un intenso tiroteo con unos policías. Los autores causaron un baño de sangre. Al menos 25 personas perdieron la vida, entre ellos 10 miembros de las fuerzas de seguridad, informó Sajjad Bhutta, jefe de la administración local de la segunda ciudad más grande de Pakistán.
Más de 250 personas resultaron heridas. Hasta anoche, los equipos de rescate buscaban víctimas entre los escombros. Se teme que la cifra de muertos siga en aumento.
El edificio atacado, de tres plantas, en el que se encontraba la central de emergencias de la policía local, se derrumbó. Las viviendas de las inmediaciones resultaron dañados. En uno de ellos estaba ubicada la sede provincial del poderoso servicio secreto paquistaní Inter Services Intelligence (ISI).
Hasta ahora nadie reivindicó el atentado. Sin embargo, el ministro del Interior, Rehman Malik, atribuyó el atentado a "elementos que quieren desestabilizar el país". Luego apuntó que podría tratarse de un acto de venganza de los radicales islamistas talibanes, contra los que el Ejército mantiene una ofensiva a gran escala en el valle del Swat, en el noroeste del país desde comienzos de mayo. Desde entonces murieron 1.100 extremistas. (DPA)
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