Hitchcock acosaba a las actrices en los sets

30 Marzo 2009

Buenos Aires.- Alfred Hitchcock sentía por las mujeres “una extraña mezcla de adoración y desprecio”, según el ensayista norteamericano Donald Spoto, quien tras publicar una completa biografía sobre el realizador de “Vértigo” dedica una nueva obra, “Las damas de Hitchcock”, a describir sus problemáticas relaciones con las actrices de sus filmes.
“Si Hitchcock viviera, hoy en día sería denunciado por acoso sexual”. Esta es sólo una de las tantas y contundentes afirmaciones que Spoto realiza hace en “Las damas de Hitchcock”, un repaso a la obra del director a través de actrices como Grace Kelly o Tippi Hedren, por las que profesó una mezcla de amor compulsivo y desprecio.
Según revela Spoto, la afirmación se hizo realidad con muchas de sus actrices, que durante los rodajes tuvieron que soportar la inclinación del realizador por el humor obsceno y la ironía hiriente, en el mejor de los casos, y el maltrato físico y psicológico unido al acoso sexual sin atenuantes.
Para el biógrafo, el cineasta no fue mago ni un genio, ni un dios como tantas veces se lo quiso etiquetar, aunque no le niega atributos.
“Tenía genio, genio de mal carácter, pero fue un maestro, con la cámara y, sobre todo, con provocar en mil inventos, la mueca o la cara de espanto que necesitaba de una actriz o actor. No solamente las provocaba, sino que las humillaba, más a las actrices que a los actores”, sostiene en su obra.
El eje de la acción en “Las damas de Hitchcock” -editado en la Argentina por el sello Lumen- es el comportamiento del maestro para con sus colaboradores, su frustrada pasión por varias de las protagonistas femeninas de sus películas y su lastimosa lucha contra la obesidad.
“Hitchcock se encontraba a gusto con gays, lesbianas y bisexuales -testimonia el biógrafo-. Se casó, para cuidar las apariencias, con Alma Reville, una mujer menuda y de cabellos castaño rojizos. Una mujer inteligentísima, guionista y consejera de todas sus películas. Alma era su consejera, su cocinera y su ama de llaves, pero entre ellos no había pasión”.
Spoto asegura que “el matrimonio pasó un año sin ser consumado; sin embargo, tuvo que producirse, al menos, una relación sexual porque de ella nació en 1928, en Londres, la única hija de la pareja”. Patricia Hitchcock, heredera de su fortuna y actriz en tres películas de su progenitor: “Pánico en la escena”, “Extraños en un tren” y “Psicosis”.
La obra pretende ser un homenaje a las mujeres que contribuyeron a los éxitos -y algunos fracasos- de Hitchcock. Pero, además, el autor indaga en la obsesión del cineasta por las “rubias nórdicas” y se detiene a estudiar las apariciones fugaces del realizador en sus cintas, la relación de éste con guionistas y productores y el papel que jugaba su mujer Alma, "la que llevaba la batuta en aquella relación", según las palabras de la hija de la pareja recogidas en el libro. (Télam)

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