"El diagnóstico del trastorno generalizado del desarrollo (TGD) o síndrome autista que se realiza con instrumentos científicamente validados no sólo brindan una visión más amplia del TGD, sino también medidas precisas para conocer en qué estado se encuentra el niño o joven que comenzará a ser educado para reinsertarlo en la sociedad. Si sabemos dónde estamos parados, sabremos hacia dónde deberán dirigirse nuestros esfuerzos". Esta reflexión pertenece al doctor en Psicología y psicólogo social Claudio Hunter-Watts, especialista en ABA (Análisis Conductual Aplicado) y en tratamiento de niños con problemas de conducta y autismo. LA GACETA conversó con el experto que vino a Tucumán a evaluar 50 niños y adolescentes autistas que recibirán tratamiento en la Escuela San Martín de Porres-Tucumán, que se abrirá en Yerba Buena (ver " El trastorno...") Los evaluó con el test de ADOS, una especie de radiografía panorámica que informa en qué situación se encuentra cada una de las personas con TGD.
"Es impresionante la repercusión que tuvieron las notas sobre autismo que publicó LA GACETA en sus ediciones del 8 de diciembre y del 7 de enero últimos. Muchos padres descubrieron que sus hijos padecían TGD después de leer los signos típicos del autismo (que afecta las áreas de la comunicación, de la conducta y la social), y los trajeron a Tucumán desde distintos puntos del NOA para que los evalúe", contó Hunter Watts.
Mucha inversión
Los padres y las familias de personas con TGD hacen una gran inversión en tiempo y dinero, en esfuerzos y esperanzas. Muchas veces confían ciegamente en tratamientos que les recomiendan por ahí algún conocido, pero pronto se desilusionan cuando sus hijos no consiguen progresar en comunicación ni en habilidades sociales.
"Existe consenso mundial en que las personas autistas tienen que ser diagnosticadas y asistidas lo más temprano posible (entre los dos y los cuatro años) porque son mayores las posibilidades de éxito: se logran corregir y mejorar de por vida los comportamientos excesivos y deficitarios que caracterizan al autista", enfatizó.
Hunter-Watts se lamentó de haber constatado en Tucumán una historia que se repite en todas partes: escuelas y colegios privados no admiten a los niños autistas -ni siquiera en jardín de infantes- aunque tengan un coeficiente intelectual superior a los normal, como ocurre a veces.
En opinión de Hunter-Watts, esto ocurre porque existe un total desconocimiento en la sociedad -incluso en la comunidad médica- sobre el autismo. "No saben el daño tremendo que se les hace a estos chicos que, injustamente, son condenados a vivir como minorados mentales cuando en realidad no lo son. Todos tienen potencialidades para desarrollar y pueden llegar a la adultez con cierta autonomía", reiteró.

Detección temprana
Tras destacar lo importante que es saber detectar a los chicos con TGD, Hunter-Watts dijo que generalmente son los docentes los primeros en alertar a los padres. Explicó que el diagnóstico a temprana edad (el autismo se manifiesta con todos sus signos entre los tres y cuatro años) es crucial, porque los especialistas podrán determinar qué tipo de apoyo educativo y de otra asistencia a domicilio necesitará el niño para triunfar en la vida. También hay que educar a los padres, hay que informarlos para que aprendan a tener control sobre las conductas del niño.
Respeto y afecto
Entre otras cosas narró que vio chicos que padecen TGD cuyos padres los sobreprotegen: los bañan, los cambian, los peinan y hasta les cepillan los dientes. No tienen autovalimiento porque jamás fueron estimulados. Los padres no sólo no los ayudaron, sino que los perjudicaron notablemente mientras ellos están sumidos en un pozo depresivo. Estos casos necesitan respeto, afecto incondicional y una educación intensiva del comportamiento.
"Hay que tratarlos con respeto porque son personas en recuperación. No son condenados, aunque hay quienes los condenan", concluyó el psicólogo social.
Hunter-Watts es coordinador general y representante legal de la Escuela San Martín de Porres, de educación especial para personas con autismo y TGD, que funciona en Buenos Aires.








