Alperovich muestra su juego

El jefe del Ejecutivo pide el voto para sus candidatos en octubre. Tarde se acordó de discutir una mayor tajada de impuestos coparticipables. La contracara de la concentración del poder es la división opositora. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

15 Febrero 2009

Miami lo alejó momentáneamente del bullicio político, por algunos días. José Alperovich venía de exhibirse con Cristina Fernández de Kirchner en Madrid, en los albores del año electoral. Es uno de los gobernadores que se muestran cercanos a la Casa Rosada, junto con el salteño Juan Manuel Urtubey y el chaqueño Jorge Capitanich. No figurará, por cierto, en el pelotón de los más díscolos con el poder central, como Juan Schiaretti (Córdoba) y Mario Das Neves (Chubut). Tampoco osará pedir la suspensión del pago de las retenciones a la Presidenta.
 Antes de viajar otra vez al exterior, Alperovich disciplinó a su tropa. Federico Masso quedó fuera del gabinete -era secretario de Urgencias Sociales y Emergencias Climáticas- y  Héctor "Indio" Romano, de la banca que ocupaba en la Legislatura. Ambos militan en el partido Libres del Sur, que antes había roto relaciones con el kirchnerismo en el orden nacional.
El gobernador no les perdonó que atacaran el tarifazo a la electricidad que aplicó el ministro Julio de Vido, uno de sus habituales contertulios del poder. El entrismo, concepto que explicaba en la década del 70 el intento de insuflar ideas conflictivas con el credo dominante en el peronismo, no tiene cabida  en estos tiempos.
 Tampoco había tolerado la autonomía de vuelo que desarrolló Hugo Balceda, un legislador de indiscutida prosapia peronista, a partir de enero. Alperovich disciplina hacia adentro: no existe un doble discurso, sólo el de él. Hacia afuera, quedó bien con la Casa Rosada, porque no están los ofensores del ministro De Vido.
 Sin embargo, subsisten las contradicciones. En marzo de 2008, por obediencia debida a Néstor Kirchner, desistió de postular al fiscal de Estado, Francisco Sassi Colombres, para  vocal de la Corte Suprema de Justicia, pese a que contaba con el aval de la Legislatura
 El experto en Derecho administrativo no había sido cuestionado entonces por su aptitud técnica, sino por su pertenencia al elenco de funcionarios procesistas de los 70.
El rigor político con que las organizaciones afines al oficialismo habían evaluado el polémico dato, se diluyó ahora cuando las papas queman. Al fin y al cabo, el kirchnerismo admite en sus filas al ex carapintada Aldo Rico sin ruborizarse.
Sassi Colombres asesora al oficialismo en las intrincadas negociaciones con los colegios de abogados por la cobertura de los juzgados vacantes.

 Reclamo diferido
 Alperovich ya mostró parte de sus cartas. Como otros gobernadores, se inclinó por reclamar el voto para sus candidatos a legisladores nacionales en octubre. Dice que estos, cuando lleguen al Congreso en 2010, pelearán para que Tucumán mejore la cuota de impuestos que la Nación debe coparticiparle. Es un argumento federalista de ocasión, porque no atinó a instalar este planteo ni en 2008, ni en lo que va de 2009, a diferencia de Alberto Rodríguez Saá y de Hermes Binner, por ejemplo. Se contentó con disfrutar de la discrecionalidad de los Kirchner, hasta que la crisis financiera hizo estragos en las cuentas públicas federales.
 La maniobra de Alperovich tiende a fortalecer su propia posición en el frente interno y en el escenario nacional. Sin embargo, le resultará difícil impedir que Néstor Kirchner aparezca por Tucumán, en su calidad de jefe de campaña del PJ nacional, si decide incluir este distrito en su plan electoral. El patagónico plantea que el Congreso que surja de los comicios de octubre no debe ser hostil a su esposa. A Alperovich no le será sencillo eludir el abrazo del matrimonio K en medio del trajín electoral. "Es el abrazo del oso", susurran en los pasillos gubernamentales.
  El  intento de diferenciarse del poder kirchnerista es consecuencia de la crisis económica y del debilitamiento de la figura presidencial (Cristina). Es la contracara del período 2003-2007, en que la economía crecía y se consolidaba Néstor, a expensas de los caudillos comarcanos. Se abre el juego para una mayor libertad de juego, pero sin quiebres de fondo .

Desde el origen
  La unidad que impone Alperovich supone como contrapartida la división de todas aquellas instituciones que pueden interferir en su proyecto hegemónico.  El plan continuista del gobernador incluyó desde su diseño la premisa de la reelección sin topes de ninguna especie. Es un recurso que le permite cohesionar a sus seguidores, cuya incondicionalidad está garantizada por la expectativa de continuar aferrados al presupuesto público por otro ciclo de cuatro años. A más de un legislador, intendente, concejal y comisionado comunal le seduce la idea de permanecer donde está hoy, si no puede subir un escalón más arriba.
 En la convención constituyente de 2006 se insertó una cláusula que ató el destino de esa elite al de Alperovich, pero no prosperó la de la reelección indefinida lisa y llana. En los días previos a la instalación de la asamblea se ventiló la idea, que chocó  entonces con reacciones airadas de actores de la vida provincial. La oposición era más consistente.
Al venezolano Hugo Chávez le quita el sueño la pérdida de la posibilidad de sucederse a sí mismo sin trabas constitucionales. En Bolivia, Evo Morales ya no padece de ese tipo de insomnio. La fiebre reeleccionista que el analista de la agencia Reuter, Patrick Markey, focalizaba en los Andes, traspasó esa barrera y llegó hasta Tucumán. El toque populista diferenciador con lo que pasa en esas naciones es que aquí se insistirá en la pavimentación infinita.
  El gobernador, en su calidad de elector supremo, se reserva, además, la chance de incluirse entre los suplentes de la lista de senadores, por si acaso falla el proyecto de mantenerse en el sillón de Lucas Córdoba.
 A quienes se ilusionan con el poskirchnerismo, etapa que significa la salida del apellido Kirchner en la primera fila de la platea, ven que se preparan otras alternativas político-electorales para octubre y para las elecciones presidenciales de 2011. La eventual derrota del oficialismo instalado en la Casa Rosada abriría esa perspectiva. La apertura de la fase posalperovichista está más embrionaria en Tucumán. La concentración de poder que ejerce el gobernador es la otra cara de la moneda. En el reverso se dibuja una oposición dividida, por rencillas diversas, y por estímulos que genera la Casa de Gobierno. Con los abogados enredados en la trama tejida por Alperovich, la disidencia con este se muestra debilitada. Desde Miami, gobierna por celular. Sólo un acuerdo opositor amplio puede cambiar el cuadro.

 

 

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