Ficción y realidad en los cuentos alperovichistas

Tucumán se parece cada vez más a la Casa Tomada que describió Cortázar hace más de 60 años: las instituciones retroceden frente a la avanzada de las ambiciones políticas. Por Fernando Stanich -Redacción LA GACETA.

14 Febrero 2009

De a poco, el lugar convirtió lo apacible en asfixiante. Las puertas se fueron cerrando, una tras otra, obedientes a un destino de intrigas y sumisión. Como en Casa Tomada, como aquellos hermanos que se sintieron desterrados de su propia casa y decidieron tirar la llave por la alcantarilla para que nadie entre, el peronismo expulsa. Ahuyenta. No vaya a ser que a algún pobre diablo se le ocurra entrar, a esta altura y con la Casa Tomada.
El jueves se cumplieron 25 años de la muerte de Julio Cortázar. El escritor nunca escondió su antipatía por el peronismo. Es más, alguna vez confesó que optó por renunciar a sus cátedras universitarias antes que verse obligado a "sacarse el saco" para seguir en su puesto. El gobernador José Alperovich no será el ente misterioso que irrumpe en el relato. Pero, como describe el cuento, se hizo presente en un lugar ajeno y, paulatinamente, fue empujando a sus propietarios hacia distintas áreas de la casa hasta que, por fin, terminó dejándolos fuera de ella. El senador Julio Miranda y el ex vicegobernador Fernando Juri pueden dar fe de ello. Por caso, hoy Federico Masso y Héctor Romano son los nuevos inquilinos del zaguán porque a su movimiento Libres del Sur no le perdonaron ser, justamente, libre. "Ojalá que a ese cargo se lo den a un peruca", reflexionó un legislador cuando se enteró de la renuncia de Masso al Poder Ejecutivo y del desplazamiento de Romano de la Legislatura, los ex piqueteros críticos de los tarifazos en los servicios públicos.

Tejer y destejer
Así como alguna vez se interpretó que el cuento de Cortázar era una alegoría antiperonista, bien podría concluirse que aquella casa tomada no es otra cosa que el Tucumán de hoy, que debió ir retrocediendo bajo la avanzada del alperovichismo. Claro que la prosa del oficialismo no tiene nada de narrativa fantástica. Es puro pragmatismo. Tomó por asalto la Legislatura y la convirtió en un ovillo de lana con la que teje y desteje a su antojo. Quiso hacer lo propio con la Justicia, pero las agujas que iban y venían se le cayeron y ahora debe hilvanar una nueva prenda. Y, con tal de no ceder la mejor pilcha, el gobernador está dispuesto a trenzar a cualquier punto.
¿Quién podría dudar de que el alperovichismo encarna hoy al peronismo más rancio? Sus objetivos son claros: resguardar el poder. Y, para eso, nada mejor que tener una tropa de leales en la batalla. Lealtad que, en los términos del actual Gobierno, se aplica con la receta del temor y de la sumisión. Esa lealtad es la que, precisamente, pondrá en juego el oficialismo en los comicios legislativos de octubre.
Alperovich está preocupado por el escenario que se avecina y, como buen contador, no quiere imprevisiones. Desconfía. Por eso nadie de su entorno vaticina sorpresas a la hora de conformar la lista de candidatos. "No va a regalar lugares", grafica un colaborador del mandatario. Tampoco buscará dividir. Sabe que algunos peronistas se taparán la nariz para juntar votos que sólo potenciarán su figura frente a lo que vendrá. De hecho, a su esposa la secundará en la lista de senadores el nombre que menos heridos deje filas abajo. Y, para encabezar la de Diputados, el razonamiento no será distinto.
El gobernador es consciente de que en octubre debe abrumar a opositores y oficialistas por igual para que nadie se atreva a cuestionarlo en vísperas de 2011. Y en el arrastre incluye a la Justicia. Por eso tampoco arriesgará: sabe que de un fallo favorable en Tribunales o de una reforma constitucional depende su futuro político. Y eso le preocupa. Sobre todo, porque parte con una desventaja frente a algunos que están en las gateras. El intendente Domingo Amaya, por ejemplo, no necesita de una interpretación constitucional para aspirar a un tercer mandato en la capital. Incluso, hay quienes dicen que al único que respetaría es al gobernador. ¿De allí para abajo?

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Con lo puesto
Como los protagonistas del cuento que huyen de los gritos misteriosos que invaden su hogar, Alperovich dejó a la oposición en la calle y "con lo puesto". Ni siquiera los referentes con ciertas aspiraciones se atreven a sacar los ovillos de las canastas para empezar a tejer una alianza. A tal punto que el acuerdo bonaerense entre Macri, Solá y De Narváez aparece como lo más compacto para repicar en Tucumán. Fernando Juri se siente más cómodo con la centroderecha que encarnan Ernesto Padilla, Pablo Walter, Raúl Topa y José Costanzo que con los bosquejos que diseñan el radicalismo, el socialismo y los voluntarismos comarcanos de Carrió. Es que por este lado todavía hay muchas hilachas sueltas: José Cano aún debe limpiar la interna radical para recién luego lidiar con el fogoneo de la Coalición Cívica a José Ricardo Falú, si es que pretende sumar voluntades.
Tanto esfuerzo desperdigado tampoco seduce a los oficialistas, que quieren ganar, pero por lo bajo confiesan que no es conveniente inflar aún más la figura del número uno. Lo mismo ocurre con algunos de los ruralistas que pretenden incursionar en política. Insisten en "coser" un acuerdo general y todavía sueñan con ver a Juri y a Cano juntos. Pero mientras a ellos los mueve el espanto y el odio contra el kirchnerismo, los otros sólo parecen estar obcecados por ambiciones políticas.
Así como el personaje de Cortázar no se atreve a preguntarle a su hermana qué hará con los tejidos apilados como en una mercería, oficialistas y opositores no se deciden aún a devanar la madeja de poder alperovichista. Pero cuidado, no vaya a ser que por esperar al final del cuento terminen como los protagonistas, rendidos y agobiados por la encerrona. Porque las ganas de tejer podrán quedar de este lado de la puerta, pero el ovillo de lana seguirá adentro. Y con la Casa Tomada.

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