Dialogar no cuesta nada

La Argentina 2009 parece haber iniciado el año con los zapatos cambiados. Resultará difícil caminar por un sendero que conduzca hacia las soluciones. El pecado del consenso. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

13 Febrero 2009

El Gobierno provincial quiere convocar a la oposición para debatir la reforma constitucional. Los sectores agropecuarios amenazan con más medidas de fuerza porque la Casa Rosada no les brinda soluciones. Los empresarios dicen que cada vez les resulta más difícil cumplir con las obligaciones, porque la crisis los agobia. Los ciudadanos colmaron su capacidad de asombro ante los datos que difunde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Los datos oficiales dicen que, al menos, en el Gran Buenos Aires, la carne, el aceite y hasta los fideos son más baratos que a fines del año pasado. Ni qué hablar de las tarifas. Para el Indec, no existen los fuertes reajustes o, en el mejor de los casos, intenta disimular los incrementos con una medición en cuotas de la inflación.
La Argentina 2009 parece haber iniciado el año con los zapatos cambiados. Así resultará difícil caminar por un sendero que conduzca hacia las soluciones. Parece que el diálogo franco y sincero no figura en la agenda de prioridades. Sentarse alrededor de una misma mesa es hoy un pecado. Nada más, nada menos. En Tucumán sólo se piensa como introducir cambios en la Carta Magna y tratar de patear la crisis lo más lejos posible, si es posible después de octubre. Hasta ahora, la política no le ha encontrado el rumbo a un problema económico-financiero que está golpeando al bolsillo, las expectativas, la confianza y hasta el empleo de los tucumanos.
Los empresarios observan, con resignación, cómo crecen sus costos fijos. Trabajadores y amas de casa se espantan cuando reciben las facturas de sus deudas o de sus obligaciones. El Gobierno anuncia que apelará a esa vieja receta que ya no resulta creíble: bajar los gastos hasta que el temporal se disipe. En la Casa de Gobierno dicen estar dispuestos a hacer otro esfuerzo y bajar otros $ 100 millones en las erogaciones corrientes. Claro que en marzo volverán a subir. La discusión salarial es ineludible en un país que no sincera sus estadísticas y que no tiene parámetros para medir si es mucho, poco o nada la pérdida de la rentabilidad empresaria o de los ahorristas y del poder adquisitivo del común de la población.
¿Es difícil alcanzar acuerdos intersectoriales para que cada uno de los actores económicos aporte su cuota de esfuerzo ante la crisis? La respuesta es no. Pero, para que eso suceda, es imprescindible abandonar posturas intransigentes. Ante la crisis nadie puede ganar poder o dinero. Todos pierden. La negociación debería pasar por una ecuación casi sencilla: si todos pierden, hay que contribuir a que ese resultado sea el de menor perjuicio.
Del discurso es necesario pasar a los hechos. Funcionarios, políticos de la oposición, empresarios, gremialistas y referentes sociales deben expresar la sana voluntad de sentarse a dialogar sobre cómo salir de la crisis. De hecho, la sociedad ?sin distinción alguna- está esperando que los que tienen poder contribuyan a preservar el empleo, el salario, la producción, la rentabilidad y la competitividad. Es el primer paso que se debería dar ante una debacle que se siente cada vez con más fuerza en la vida cotidiana, más no en los indicadores oficiales.

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