Casamiento por conveniencia

Tucumán tiene un enorme potencial para el desarrollo del turismo religioso, pero falta explotarlo. Según la Iglesia es también una buena oportunidad para evangelizar. Por Magena Valentié - Redacción LA GACETA.

12 Febrero 2009

El turismo religioso está ampliamente desarrollado en el mundo, pero en Tucumán, turismo y religión todavía conviven en una unión casi de hecho, que va dando sus frutos de manera natural, sin planificación y a la buena de Dios. Este fin de semana, unas 25.000 personas colmaron la villa de San Pedro de Colalao para participar de las fiestas de Nuestra Señora de Lourdes, que concluyó ayer. Contingentes de peregrinos de Salta, Santiago del Estero y hasta de Entre Ríos se sumaron de manera espontánea a la celebración. La Iglesia, con el arzobispo a la cabeza, puso su Pastoral de Multitudes, envió sacerdotes y animó a un millar de laicos, al servicio de la festividad, en una brillante organización. Pero es incipiente el apoyo del Estado -la fiesta no figura en la folletería- y nulo desde las agencias de turismo. A pesar que la puesta del Mensaje de Lourdes se hace desde hace 11 años y de que convoca a tantos miles de personas, no está explotada turísticamente.
Sí está promocionada como producto turístico "La Pasión", de Tafí del Valle. Pero, a diferencia de la puesta de San Pedro de Colalao, la Iglesia no interviene orgánicamente en su organización. Está más cerca del teatro que de la religión. Le falta una mayor contención espiritual a través de una dotación de sacerdotes adecuada a la demanda de la multitud, y de un laicado numeroso capaz de acoger al turista de un modo especial para mostrarle el significado profundo de las vivencias que va a buscar.
La devoción puede generar un producto turístico y la Iglesia lo acepta porque sabe que, bien manejado, puede sumar fieles, además de generar empleo y permitir el despegue de un pueblo.

Otra forma de evangelizar
"El turismo juega un papel importante en la misión evangelizadora de la Iglesia. Se ha calculado que un visitante permanece seis minutos, en promedio, en una iglesia; un tiempo breve, de paso, casi furtivo, pero que igualmente dejará un signo más o menos profundo, según también la acogida que reciba", señala el arzobispo Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral con Migrantes e Itinerantes, de Roma. En opinión de este estudioso, lo que él llama "la acogida" es clave para el turismo religioso. Quien "acoge" al peregrino debe ser alguien fuertemente motivado desde el punto de vista humano, con conocimientos religiosos, históricos y artísticos suficientes para satisfacer la sed espiritual y de conocimiento que viene a buscar el turista religioso.
Lo cierto es que en Tucumán a la Pastoral de Turismo le falta expandirse. Lo que surge como un gesto de devoción requiere un esfuerzo faraónico difícil de sostener sin infraestructura. Un producto turístico nace de un trabajo a conciencia con la comunidad, y necesita una agencia receptiva que promueva los atractivos, caminos en buen estado, hotelería y gastronomía adecuadas. San Pedro "está en el medio", opina un empresario turístico. Tiene buena comida regional pero le faltan hoteles de categoría.
Sin embargo, el turista peregrino es muy especial. No necesita lujos ni comodidades. Para comprobarlo, basta echar una mirada a la multitud que miraba la escenificación de Lourdes, empapada hasta los huesos y con los pies metidos en el barro. Tampoco le importó alojarse en casas de familia cuando se colmaron los hospedajes.
San Pedro de Colalo tiene, además, cuatro casas de retiros espirituales (de los padres lourdista, del Seminario Mayor, de las Dominicas y de las Misioneras de la Inmaculada Concepción), que lo convierten en un lugar ideal para el segmento católico.
Con todo, Tucumán figura entre los siete destinos de turismo religioso del país, junto con Salta (por la Virgen del Milagro), Catamarca (por la Virgen del Valle), Jujuy (por la peregrinación de la Virgen de Copacabana en Punta Corral), y las localidades bonaerenses de Sierra de Tandil, Luján y San Nicolás de los Arroyos. Y sin embargo, quedan muchos lugares por explotar, como la villa vieja de Trancas, con su antiquísima iglesia y el Pozo de San Francisco Solano, donde se dice que el santo hizo brotar agua hundiendo su bastón en la tierra. El manantial todavía existe, pero ni siquiera los tucumanos lo conocen. Turismo y religión puedan dar jugosos frutos, si un orden superior los une en santo matrimonio, aunque sea por conveniencia.

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