KABUL.- Una serie de atentados coordinados contra oficinas del gobierno afgano en Kabul causaron la muerte de al menos 26 personas, además de ocho kamikazes talibanes, y decenas de heridos. El hecho deja en claro que la insurrección islamita no sólo se ha intensificado en los últimos años, sino que ha infiltrado células en la propia capital del país asiático.
El presidente afgano, Hamid Karzai, ordenó una investigación para capturar a los responsables de los ataques. “Los enemigos del pueblo de Afganistán siempre están listos para matar a inocentes”, dijo.
Venganza
Un vocero talibán, Zabihullah Mujahid, reivindicó los ataques en una llamada telefónica a la AFP. Aseveró que fueron 16 los kamikazes que entraron en la capital afgana para perpetrar la ola de atentados. Según Mujahid, fue una venganza por la ejecución por parte del gobierno de varios presos talibanes. “Fueron torturados sin pruebas”, sostuvo, y adelantó que habrá más ataques. Los kamizazes hicieron estallar bombas en varios edificios del gobierno, entre ellos la sede del Ministerio de Justicia, en el centro de la ciudad, donde se registró un largo tiroteo en el que murieron policías y civiles.
La ola de atentados sembró el pánico en la capital afgana, convertida en escenario de ataques cada vez más frecuentes. La insurrección gana terreno e intensidad, pese al despliegue de 70.000 soldados extranjeros, 37.000 de ellos estadounidenses, en el centro y sur del país. El presidente estadounidense, Barack Obama, tomará en breve una decisión sobre el eventual envío de otros 30.000 soldados a Afganistán.
La violencia también se dejó sentir en otras partes de Afganistán. Así, ocho efectivos afganos murieron en un atentado con bombas en la sureña provincia de Helmand, uno de los feudos de los talibanes y donde hay desplegados más de 8.000 soldados británicos. Asimismo, un oficial francés murió en Logar, al sureste de Kabul, en un enfrentamiento con insurgentes tras la explosión de una mina. (AFP-NA)








