TEHERAN.- Varias manifestaciones multitudinarias organizó el Estado para celebrar las tres décadas de la República Islámica de Irán. Sólo en la capital, Teherán, miles de manifestantes salieron a las calles para demostrar su solidaridad con la revolución y, de paso, fustigar al “gran Satán y a los sionistas”, en alusión a Estados Unidos y a Israel.
Sin embargo, millones de iraníes prefirieron quedarse en sus casas, ya que consideran que los comentarios del presidente son más retórica que realidad. La vida de la población iraní -sobre todo para el antiguo bastión de Ahmadinejad, la clase obrera- es cada vez más dura, con una tasa oficial de inflación del 30%, probablemente mucho más alta en estimaciones extraoficiales. “Lo único dinámico son los precios, y constante sólo el hecho de que siempre tienden a subir”, dice un obrero de la construcción en Teherán, que trabaja incluso los días de fiesta y que por eso no pudo, ni quiso participar en las manifestaciones. “Pan y arroz se compran con dinero y no con eslóganes”, agrega el trabajador de 33 años, que tiene que dar de comer a su mujer y a sus tres hijos.
Vientos de cambio
Con la llegada de Ahmadinejad al poder, su política de confrontación con Occidente por el programa nuclear iraní, y sus ataques a Israel llevaron al país de nuevo a la soledad internacional. Pocos consideraban que el clero iba a seguir estando ahí 30 años después, pero también es cierto que el país sigue estando aislado a nivel internacional. Ahora, con Barack Obama en el gobierno de Estados Unidos, el Estado islámico intuye la posibilidad de salir de esa coyuntura. En junio habrá elecciones presidenciales, en las que Ahmadinejad hará frente a un antiguo rival: Mohammed Jatami. La candidatura del ex presidente les da una chance a los reformistas de lograr un cambio, como en Estados Unidos. “Quizá venga también el cambio a Irán. Y sin Ahmadinejad, todo será más fácil”, dicen.









