Asesinaron a un quinielero en La Ciudadela

Un solitario delincuente le disparó a quemarropa, al dueño de un negocio ubicado en Pellegrini al 500.

DOLOR INCONTROLABLE. La esposa de la víctima (de blusa rosa) exigió justicia y pidió mano dura. En el recuadro, el identikit del homicida.
DOLOR INCONTROLABLE. La esposa de la víctima (de blusa rosa) exigió justicia y pidió mano dura. En el recuadro, el identikit del homicida.
09 Febrero 2003
La inseguridad se cobró ayer una nueva víctima. Juan Mogollón Sánchez, de 60 años, fue asesinado de un certero balazo en el pecho, mientras atendía su agencia de quiniela, en avenida Pellegrini 525. Si bien la hipótesis más fuerte es la del intento de asalto, no se descarta que se haya tratado de una venganza por las denuncias que los vecinos vienen haciendo. La ola delictiva que azota a La Ciudadela registra picos nunca antes vistos en la zona.
Alrededor de las 9.45, un hombre que circulaba en bicicleta paró frente al negocio, entró y encañonó al comerciante. Los testigos afirmaron que no escucharon que el agresor le haya pedido dinero a la víctima.
Poco después del asesinato, el barrio era un hervidero, y no faltaron los reproches a los policías, que iniciaron las actuaciones al mando del comisario Jorge Capraro. Luego llegó el nuevo jefe de la fuerza, comisario general (r) Roberto Vallejo, y tuvo que ponerles el pecho a las críticas.
El momento crítico se vivió a las 10.10, cuando llegó Zulema Antonia Rodríguez, la esposa de la víctima. "No me digan que lo mataron. ¡Asesinos! ¿Qué hace la Policía con lo que tiene en las manos? ¡Justicia!", gritaba mientras los vecinos trataban de contenerla.

Desprotegidos
"Esto es tierra de nadie. Ayer (por el viernes) hubo tres asaltos en esta esquina, y nadie hace nada. Les damos los nombres de los delincuentes a la Policía y no pasa nada", se quejó José Luis Ledesma, vecino y amigo de la familia de Mogollón Sánchez.
Luego, muy shockeada, Rodríguez le contó a LA GACETA que su esposo era peruano y que vivía en Tucumán desde hacía 35 años. Era padre de dos hijos, de 25 y 27 años. La mujer, indignada, dijo que el viernes a la noche fue asaltada en la farmacia en la que trabaja, en 25 de Mayo y Corrientes, y que le apuntaron con un arma a la cabeza.
Los vecinos, conmocionados, comentaron que la víctima era una buena persona, amable y gentil con todos. Solía sentarse en el cantero ubicado frente a la agencia de quiniela a charlar con los vecinos. No habría tenido ni enemigos ni deudas.
Fuentes policiales comentaron que no se descarta que Mogollón Sánchez haya reconocido al hombre que quiso asaltarlo. Pero tampoco se descuenta que se haya tratado de una especie de venganza porque, debido a los reconocimientos que hicieron en los últimos días los vecinos, algunos delincuentes fueron detenidos por arrebatos en la zona.El homicida (ver identikit), que tiene un lunar en el mentón, tenía puesto el chaleco de una empresa de mensajería en la que trabajó, y tendría entre 28 y 35 años. La investigación quedó en manos de los comisarios Carlos Vega y Marcial Escobar. Interviene la fiscal Joaquina Vermal y el secretario Ernesto Baaclini.

PUNTODE VISTA
Sin códigos
Por Marcial Escobar
Comisario inspector

Nuestra sociedad solía tener respeto al prójimo -y más si los otros eran niños o ancianos-, además de buenos sentimientos, como solidaridad, sensibilidad, moral y honestidad. Con los años llegaron la evolución cultural, la tecnología y la continuidad de la democracia. Así aprendimos a vivir muy rápido. Esto nos llevó a ampliar nuestra cultura y a elevar el nivel de vida. Pero estos logros no fueron acompañados en un todo por decisiones que beneficiaran al tejido social en su conjunto. Así comenzó la decadencia. Y hoy son mayoría los que padecen la miseria y el hambre. La exclusión social tiene como resultante muchas adversidades, como la marginalidad y el delito. Las vidas de sus actores están llenas de vivencias nocivas, que sirven de caldo de cultivo para la delincuencia, que se desarrolla rápidamente, destruyendo todo lo que está organizado socialmente. El excluido desemboca en el campo del delito y allí habita. Hace gala de su audacia, y la transgresión rompe todo lo sano; nada tiene valor, ni siquiera la vida humana.

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