JERUSALEN.- Alabada por su integridad pero acusada de no tener temple de líder, Tzipi Livni cultiva una imagen de mano dura para convencer a un electorado israelí que tiende a la derecha. Nacida el 8 de julio de 1958, sus padres, Eitan y Sarah, eran importantes miembros de Irgún, una organización sionista clandestina de derechas en lucha contra los árabes y los británicos.
Descubierta por el ex primer ministro Ariel Sharon, la canciller y actual jefa del Kadima es, pese a sus detractores, una de las figuras más populares y respetadas de Israel.
Muchos ven en esta madre de dos hijos una futura Golda Meir, la célebre “dama de hierro” que dirigió el Estado hebreo desde 1969 hasta su dimisión en 1974 y que fue, como Livni, ministra de Relaciones Exteriores. Livni, que cuida su imagen de mujer íntegra en un país donde se han multiplicado los actos de corrupción política, ha dicho que quiere restaurar la confianza de los israelíes.
Objetivo supremo
Su prioridad es preservar el carácter judío del Estado de Israel frente a la galopante demografía palestina en los territorios. “Por este motivo apoyo la creación de un Estado palestino, a condición de que sea aceptado como una solución nacional por todos los palestinos, al igual que Israel es la solución nacional para todos los judíos”, repitió durante la campaña. Es una forma de rechazar el derecho al retorno de los refugiados palestinos de 1948, dispersos por Líbano, Siria y Jordania. Esta posición la llevó a apoyar la retirada israelí de Gaza, efectuada en 2005 por su mentor, que poco después sufrió una apoplejía y desde entonces se halla en coma.
Livni trabajó en el pasado para el Mossad, el servicio secreto israelí, y su carrera fue meteórica desde que entró en la Knesset (Parlamento) en 1999. Pero esta abogada tenaz, siempre de punta en blanco, suscita desconfianza en sus filas. “Temo por el futuro del Estado de Israel si Livni llega al poder. Es incapaz de tomar decisiones”, dijo de ella el premier saliente, Ehud Olmert, quien de paso la tachó en su momento de traidora y mentirosa. La animosidad nació en 2007, cuando ella apoyó la dimisión de Olmert tras la publicación de un informe sobre los errores de la guerra de 2006 en El Líbano. (AFP-NA)








