SYDNEY.- Los peores incendios de la historia de Australia causaron hasta ayer al menos 170 muertes, y se teme que la cifra aumente, ya que muchos de los centenares de heridos se encuentran en grave estado y, además, los rescatistas no llegaron todavía a poblados alejados que también fueron pasto de las llamas. Miles de bomberos y decenas de miles de voluntarios siguen combatiendo las llamas con ayuda de hidroaviones y del Ejército. Nueva Zelanda se comprometió a enviar 100 expertos en la lucha contra incendios forestales. Aún siguen activos 31 focos de incendios.
Las autoridades sospechan que muchos de los incendios fueron provocados. Según el primer ministro Kevin Rudd, se trata de un asesinato en masa. La policía adelantó que los responsables enfrentarán acusaciones de homicidio. También en Victoria, el Estado más afectado, se investigará sobre la actividad de criminales pirómanos.
Patético
Además de los muertos y los heridos, el fuego dejó miles de personas sin techo, destruyó más de 800 viviendas y devastó 3.500 kilómetros cuadrados de terreno. Muchas personas murieron al intentar proteger sus casas. También se encontraron numerosos cadáveres en el interior de autos calcinados. El pánico ante las llamas provocó una huida masiva, y muchos conductores, cegados por el humo, chocaron entre sí o contra árboles. Sonja Parkinson creyó que había llegado su hora cuando las llamas pasaron tronando sobre ella como un avión, pero ella y su hijo Sam sobrevivieron cubriéndose con una manta mojada. Ese frágil refugio los salvó de la gigantesca hoguera que mató por lo menos 40 personas en la ciudad de Kinglake. Se trata tan sólo de una de muchas anécdotas de heroísmo y salvación milagrosa que surgieron de la catástrofe.
Los efectos del calentamiento global se palpan en Australia, el país habitado más seco del mundo, propicio ya de por sí a los fuegos forestales. "Nunca he visto condiciones climáticas tan extremas como estas. No tiene precedentes", recalcó Mark Adams, especialista en incendios de la universidad de Sydney.
Las llamas se han propagado como consecuencia de un cóctel peligroso: temperaturas récord, una sequía inédita y fuertes vientos. El mercurio rozó el sábado los 47 grados cerca de Melbourne, todo un récord para febrero.
"Este desastre deja en evidencia la necesidad imperiosa de realizar investigaciones científicas para mejorar nuestra comprensión sobre el calentamiento global", dijo por su parte Gary Morgan, jefe investigador de Bushfire Cooperative de Sydney. (Reuters-dpa-afp-na)








