Escasas opciones para estudiantes del interior

10 Febrero 2009
En estos días ha comenzado el aprestamiento de las universidades para el reinicio de las actividades. Al mismo tiempo, en las cercanías de los centros de estudio se nota el movimiento de jóvenes del interior y de otras provincias, en busca de alojamiento. Una nota de LA GACETA del 2/02 da cuenta de los costos que implica para los estudiantes que viven lejos instalarse y mantenerse en San Miguel de Tucumán y muestra, además de los condicionamientos habituales que implica esta situación, las complicaciones que se añaden por la suba del costo de la vida.
No se trata de una circunstancia excepcional. El porcentaje de estudiantes del interior es alto, según se ve en las ayudas que implementaron, de diversos modos, los gobiernos nacional y provincial y las universidades. Hace cuatro años había unos 10.500 estudiantes con subsidios, de los cuales 4.000 eran del interior y 2.000 de otras provincias, cifra similar al 10 % de los estudiantes de la Universidad Nacional de Tucumán, y que refleja solamente los alumnos que han requerido algún tipo de ayuda económica -y este número apenas muestra a quienes han intentado superar, medianamente, los escollos que significa estudiar con circunstancias adversas-. Incluso a estos alumnos les resulta muy difícil mantenerse, tal como reflejó un informe de 2006, que señalaba que el 50% de los beneficiarios de becas no habían podido seguir sus estudios.
Pero, además, un número significativamente mayor corresponde a quienes directamente no pudieron atravesar esa barrera inicial. Una porción ínfima de los egresados del secundario en el interior logra llegar a la universidad, debido, principalmente, a la traba económica que significa el desarraigo.
Tanto la Universidad como los gobiernos han abordado estos problemas en los últimos cinco años. Ya sea a través de becas como por medio de una intensificación en los programas de orientación vocacional y de articulación entre estudios medios y superiores. Al mismo tiempo, en sectores del sur de la provincia se han instalado instituciones como el instituto multidisciplinario de Aguilares, el de Artes Plásticas, el de Kinesiología (dependientes de la UNT) y el anexo Concepción de la Universidad Tecnológica Nacional. Sin embargo, estos esfuerzos han sido insuficientes (en varios casos, los alumnos no tienen profesores que dicten las materias de los últimos cursos) y no han logrado hacer mella en problemas casi endémicos, como la alta deserción -el 45% de los estudiantes de la UNT abandona la carrera- y la evidente disparidad de oferta de estudios y de oportunidades para jóvenes de la capital y del interior. Estos sufren una especie de discriminación generada por las condiciones en que se desarrolla el sistema. Es tan notoria esta disparidad, que ya el año pasado hubo una propuesta de que se cree una Universidad del Sur.
Tan poco efectivas como estos esfuerzos para desarrollar centros de estudios en el interior han sido las propuestas para ayudar a los jóvenes que se instalan en Tucumán. Becas insuficientes o ayudas mínimas para que paguen su alojamiento -hubo una comuna que alquiló una casa para estudiantes en la capital-, burocracia para gestionar y entregar la ayuda y respuestas tardías frente problemas que, como el aumento del costo de la vida, pueden truncar ilusiones y proyectos personales.
Se trata de un punto neurálgico de la vida en nuestra sociedad: la vocación, la oferta de estudios, las posibilidades de desarrollo personal y las conveniencias que esto tiene para la comunidad. Convendría que las autoridades profundicen en el análisis de respuestas para esta problemática.

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