Una realidad que se vuelve indomable

Se descuenta que este será un año complicado para la economía. Un "consumazo" o error en la implementación de la suba de la luz. Una textil cerrará sus puertas por una semana. Por Juan José Concha Martinez - Prosecretario de Redacción.

09 Febrero 2009

Días de preocupación, horizonte de incertidumbre. El verano no trajo sólo sus tormentas de temporada por estos lares y sequía en otros pagos. Más allá de los caprichos del tiempo, el Gobierno, empresarios, comerciantes, trabajadores, usuarios y consumidores se ven envueltos ahora en un escenario cada vez más complejo y crítico. Los sucesivos errores en la construcción de una política para enfrentar el previsible sinceramiento de la economía que sobrevino al estallido de 2001-2002, la larga disputa con el agro -particularmente morosa para el oficialismo- y la tardía reacción en la instrumentación de medidas adecuadas para plantar cara a la gigantesca crisis financiera internacional están pasando una gruesa factura el Gobierno y a los gobiernos de provincia. La sociedad siente entonces que una sobrecarga de problemas le cae encima. Las explicaciones -muchas veces livianas y parciales- no surten efecto, los acontecimientos se transforman en imprevisibles, el manejo de la macroeconomía se complica, las principales variables de la economía se contraen, las reacciones cotidianas del común de la gente comienzan a cruzarse de temor y de tensiones.
No obstante, es necesario insistir con una evidencia: esta Argentina no es aquella de la soberana crisis que tumbó a Fernando De la Rúa y que hizo trizas el país y es bastante probable que ese cuadro esté lejos del actual escenario por los que no debiera haber motivos para la reaparición de algunos viejos "fantasmas" y de lecturas tremendistas. Es también cierto que un ambiente de inquietud gana terreno ante ciertas evidencias de la debilidad que expone la gestión gubernamental para acertar en el rumbo y ante la convicción de que los vientos que llegan desde afuera son más fuertes de lo que se ve. Tucumán, claro, agrega su propio mundo de enredos y de cosas mal curadas.
Así, los tiempos del crecimiento alto, de la baja del desempleo, del fuerte rendimiento de la recaudación, del auge del consumo y de las obras públicas y privadas han sufrido un abrupto y duro frenazo. La Argentina de este verano ya no es lo que era. Se acepta que 2009 será un año de tránsito difícil, de falta de liquidez, de retracción de ventas, de renovado aumento en los costos y, acaso, de inflación en alza y de crecimiento mínimo o nulo del Producto Bruto, y 2010 aparece demasiado lejos para entenderlo. Con menos fondos, el Gobierno no tuvo más remedio que dejar sincerar las tarifas de los servicios públicos básicos que se cobraban a precios "políticos", bajo el influjo de subsidios cruzados. Tanto tiempo sin reacción para leer lo que se venía (el Gobierno podría haber manejado de manera progresiva este sinceramiento de la economía) los mayores precios de la luz y del gas llegan, entonces, como otro castigo a bolsillos de familias que deben sobrevivir con escasez de crédito a la suba continua de precios y a la pérdida de la capacidad adquisitiva de salarios o a la caída de la actividad productiva de las empresas.
Un detalle para el aumento de la electricidad en Tucumán. EDET logró la firma del nuevo contrato de distribución del servicio a fines de 2007 y, pese al compromiso de una mejora en la tarifa, la Provincia le concedió el ajuste un año después, en noviembre de 2008, justo en el momento en que la Nación aflojaba el control de precio en los servicios.
El caso de la suba de la tarifa de la electricidad es una muestra del enredo en que se metieron las autoridades y del trastorno que crearon a los usuarios, especialmente a los de consumo bajo y a los de las franjas medias. La empresa no lo considera un tarifazo: hablan de un "consumazo producto de una cultura de derroche ante la falta de señal de precio"; según el Ejecutivo es un error de EDET en la "estrategia de implementación" de la suba; y la gran mayoría de los usuarios lo padece como un severo daño y comenzaron a levantarse contra la aplicación del aumento, impulsados por agrupaciones que defienden el interés comunitario. Así, la ampliación de la tarifa social que dispuso José Alperovich para contener la reacción de los sectores más castigados parece confirmar que la autorización concedida fue una decisión tardía, tomada sin mayores evaluaciones del contexto y de las perspectivas económicas. Y aún falta resolver el monto y la instrumentación de la compensación que el Gobierno se comprometió a otorgar a la distribuidora por la extensión del beneficio al padrón de usuarios.
La progresión de las recaudaciones nacional y provincial es otro asunto que también ha comenzado a trastornar el ánimo de los funcionarios oficiales. Fiel reflejo de la caída de la actividad económica y del comercio exterior en declive, no sólo es que Tucumán recibirá menos fondos, sino que la administración provincial se verá en la obligación de ajustar gastos. "Si en enero tuvimos $ 35 millones menos, que es el movimiento que responde a la actividad de diciembre, descontamos que en febrero ingresará bastante menos, porque reflejará lo que movió enero, que ya sabemos que fue un mes muy flojo", se sinceró un alto cargo del Ejecutivo. A este ritmo de baja del nivel de la economía, se estima que el Gobierno provincial deberá ahorrar unos $ 400 millones en este año para no caer en déficit. Eso sí, ante una previsible suba salarial a los estatales, la ayuda de la Nación será fundamental para resolver esa paritaria que ya está encima. "Lo más complicado va a ser parar la dinámica de gastos, pero sin duda que obras nuevas no va a haber", insistió el funcionario. Por de pronto, el Gobierno mantendrá la política keynesiana de mover el mercado con plata en el bolsillo del consumidor: anticipará al 15 la ayuda escolar y el sueldo del mes a sus empleados en un intento por conjugar la caída de ventas en el comercio y en las demás actividades.
Pero no sólo en el Estado se advierte la contracción. Estragados por la larga pelea con el Gobierno, amplios factores del campo esperan un menor rendimiento de sus fincas y producciones. De allí que la protesta aparezca otra vez a la vuelta de la esquina. Y es particularmente crítica la situación de los cañeros chicos, que a la baja del precio del azúcar, suman la virtual imposibilidad de fertilizar sus campos por los altos costos de los insumos. Con una rentabilidad bajísima en 2008, este sector enfrenta más que nunca un problema de subsistencia. La industria textil va en un camino cada vez más angosto, a tal punto que una fábrica instalada sobre la ruta 38 ya prevé suspender toda su actividad durante una semana -a fin de mes-, ante la violenta caída de la comercialización de sus productos.
Son los datos de una realidad que corcovea, pero que no debería transformarse en indomable.

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