Bajo particulares circunstancias, fundamentalmente por razones económicas, volvió la disputa del torneo de Primera División del fútbol argentino. Envuelto en un contexto mundial de crisis, la actividad registró una importante retracción, no sólo en lo relacionado a la suma de refuerzos, sino también a la venta de jugadores, uno de los grandes impulsos con que cuentan los clubes para sanear sus economías y planificar su futuro. El horizonte no está claro y las luces de alerta se encendieron con fuerza en las tesorerías.
A nadie escapa que el fútbol mundial está en recesión. Y los clubes argentinos, tradicionalmente vendedores, lo sienten. El mercado europeo -fundamentalmente las ligas de España, Italia, Gran Bretaña y Francia-, compró en los últimos meses, según estadísticas, hasta un 70% menos. A principios de 2008, las entidades nacionales embolsaron un poco más de 43 millones de euros, pero esta vez esa suma apenas ascendió a 12,5 millones. Sólo transacciones como las de Jesús Dátolo (de Boca al Napoli por unos 6 millones) y de Leonardo Ponzio (de River al Zaragoza en 2,5 millones) pueden considerarse relevantes.
Pero bueno es destacar que, pese a esta coyuntura, ocurrió un fenómeno: los mercados no tradicionales (Rusia, Chile, Brasil, Ucrania, Rumania, Croacia) tuvieron su incidencia, debido a que las ventas a clubes de esos países sumaron casi 7 millones de euros, un 40% del total facturado.
Otra situación particular que se produjo en la etapa previa a la competencia fue que jugadores que transitan la curva descendente de sus carreras, fueron tentados a volver a los clubes donde se proyectaron al mundo. Los casos paradigmáticos fueron los de Marcelo Gallardo, que retornó a River, y de Roberto Abbondanzieri, de vuelta a Boca. En situaciones como estas, los dirigentes optaron por invertir sobre seguro, arriesgando la menor cantidad de dinero posible.
La retracción del mercado y la escasez de recursos se hicieron sentir en todas las ligas, pero mucho más lo sintieron aquellas que, como la argentina, se caracterizan por vender. Aún más, en el mercado interno, muchos clubes echaron mano a transacciones que parecían olvidadas, como el trueque de jugadores y las cesiones en muchos casos sin cargo.
Para agravar la situación, se conoce que muchos auspiciantes ya anunciaron a las entidades su decisión de alejarse del negocio del fútbol. Y son también varias las compañías que analizan retirarse hasta que la situación mejore. Por otro lado, tampoco queda claro qué tipo de incidencia tendrá la crisis en la asistencia de público a los estadios.
Con todo este panorama, queda claro que lo recaudado por los clubes locales en concepto de venta de jugadores no alcanzó para cubrir lo que sus dirigentes pensaban ingresar. No son pocos los que creen que hasta que en junio venza la mayoría de los ejercicios contables, quienes conducen las entidades, apoyados en los intermediarios, intentarán colocar en los mercados que lo requieran la mayor cantidad de jugadores. Los urgen las deudas y la necesidad de sacar a flote las empresas.
Más allá de la dura situación planteada y de la triste dependencia exterior en la que está sumida la popular actividad, los dirigentes tendrán que agudizar el ingenio, y por qué no, elaborar un riguroso plan de ahorro y reformulación interna. En especial, se analizan con severidad aquellos contratos dolarizados firmados con los jugadores más representativos. Queda claro que la crisis económica se siente en todo el mundo y que, como no podía ser de otra manera, el fútbol dejó de ser una isla.
09 Febrero 2009 Seguir en 




